El Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria  confirma que ninguna de las antiguas ermitas que había en términos jurisdiccionales de Armiñón se ha conservado, ya que tan sólo hace referencia a la de San José, que estaba junto al cementerio y que tras la desamortización pasó a manos de particulares, y a la de Jesús, en este último caso para dejar únicamente constancia de que existió en tiempos pasados [1]… No obstante, como dicen los viejos proverbios que recordar es volver a vivir, quisiera traer aquí unos cuantos datos para recuperar en nuestra memoria una página desconocida de la historia de dicha localidad.

Todo apunta a que era en 1726 cuando se terminaba de construir la ermita de Jesús a costa del doctor don Bernardo de Urbina, canónigo en la santa iglesia catedral de Sevilla, razón por la que el 16 de diciembre de ese año su sobrino don Diego de Arias Berberana, una de las personas más influyentes del momento en Briones, encargaba en su nombre al arquitecto José de Ortega la fábrica de un retablo para el testero de dicho edificio por 1.950 reales a condición de que las imágenes que iba a incorporar fueran talladas por el escultor Francisco Varona y concertadas aparte: es decir, la Sagrada Familia (representada por Jesús, María y José) y San Vicente Ferrer. Para ello y como anticipo le hacía entrega en esos momentos de 600 reales en doblones de a dos y de a cuatro, comprometiéndose por su parte el artista a dar terminados los trabajos para el 31 de mayo de 1727, como bien se precisa en la siguiente lista de condiciones:

“Lo primero que dicho Joséph de Ortega ha de hazer vn retablo de Jesús, María y Joséph en la hermita que se ha fabricado en la villa de Armiñón según la traza que se halla firmada de dicho señor don Diego Manuel Arias Berberana, don Joséph de Murguía y de dicho Joséph de Ortega debaxo de el pitipie de dicha traza y enzima de dicho pitipie de mí el presente escriuano con las condiziones siguientes:

    1. La primera que se ha de executar dicho retablo de arquitectura menos la escultura de Jesús, María, Joséph y San Vizente Ferrer, que ha de hazer Francisco Varona, maestro escultor, según dicha traza y que ha de ser todo de nogal seco y bueno. Y que ha de ser reconozido dicho retablo por maestros peritos en dicho arte de arquitectura al tiempo de la entrega de él. Y por dicho retablo que se ha de poner y asentar por dicho Joséph de Ortega dicho señor don Diego Manuel Arias Berberana, por sí y en nombre de dicho señor doctor don Bernardo de Vrbina, se obliga a le dar y pagar por dicho retablo y asentarlo según ante (sic) y a vista de los referidos maestros mil nouezientos y cinquenta reales vellón en esta manera: seiszientos reales vellón que le entrega de presente a dicho Joséph de Ortega en doblones de a dos y de a quatro en presenzia de el presente escriuano y testigos de dicha escriptura que los pasó a su parte y poder y de ellos le otorga reziuo y carta de pago en forma con los requisitos necessarios, y otros seiszientos reales vellón le ha de dar dicho señor don Diego de Arias a dicho Joséph de Ortega para Pascua de Resureczión primera de el año que viene de mil setezientos y veinte y siete años, y los setezientos y cinquenta reales vellón restantes al cumplimiento de dichos mil nouecientos y cinquenta reales vellón de el axuste y concierto de la arquitectura de el referido retablo y asentarlo en dicha hermita le ha de dar a dicho Joséph de Ortega y pagar el día vltimo de el mes de mayo primero que vendrá de dicho año de mil setezientos y veinte y siete, para cuio día dicho Joséph de Ortega ha de tener puesto dicho retablo y asentado en dicha hermita. Y si para dicho día vltimo de maio no lo tubiere puesto y asentado en dicha hermita ha de perder y se le han de baxar de el referido concierto y ajuste de dicho retablo docientos reales vellón.
    2. Y con condizión que dicho Joséph de Ortega no ha de hazer mexoras algunas en dicho retablo ni exceder de la traza de él porque aunque las haga no se le an de pagar por razón de ellas maravedises algunos.
    3. Y con condizión que dichos dozientos reales que ha de perder si no tubiere dicho maestro puesto y asentado dicho retablo para dicho día vltimo de mayo de el año que viene de mil setezientos y veinte y siete no ha de incurrir en la pena de ellos acaeziendo enfermedad graue que no puedan travaxar en dicho retablo el sussodicho y sus dos hijos que trabajan en dicho exerzizio. Y en este caso de enfermedad los sussodichos se le prorroga el término para poner y asentar dicho retablo en dicho hermita hasta el día de San Antonio trece de junio de dicho año de mil setezientos y veinte y siete y no más. Y en la conformidad que ba referida hazen y otorgan esta escriptura de axuste, obligazión y concierto (… …)” [2].

Eran momentos muy críticos en el proceso de evolución que estaban experimentando por entonces los retablos, especialmente tras la aparición del arquitecto burgalés Santiago de Lamo en Santo Domingo de la Calzada y su entorno allá por 1715, gracias al cual acabarían imponiéndose definitivamente las columnas bulbosas o abalaustradas sobre voladas ménsulas en sustitución de las de formas salomónicas, que habían quedado ya obsoletas. Una fórmula con la que estaba muy identificado José de Ortega, quien, tras una estancia temporal y muy fructífera profesionalmente en Murillo de Río Leza, había optado por fijar con carácter definitivo su residencia en Briones [3]. Sin olvidar que esa misma y persistente presencia por la zona de Haro sería determinante para que con el tiempo su hija María, nacida en Laguardia en 1739, contrajera matrimonio con Manuel de Ágreda Ilarduy, hermano de padre del polifacético y controvertido carmelita fray José de San Juan de la Cruz (en el siglo José de Ágreda Ruiz de Alda). Lógico, pues, que don Diego de Arias Berberana dejara en manos de José de Ortega tan comprometido encargo y que, quizá, a instancias de este último decidiera encomendar el aparato catequético del retablo al escultor estellés Francisco Varona, cuya solvencia profesional queda perfectamente de manifiesto al encomendarle en 1727 la realización de una obra tan cargada de simbolismo como la cabeza en yeso de San Gregorio Ostiense con el fin de que sirviera de molde al platero José Ventura, vecino asimismo de Estella, para trasladarla a plata y pasearla luego por los campos de una amplia geografía…

 En este contexto cabe plantearse el siguiente argumento: si por casualidad llegara a documentarse algún día la construcción de la ermita de Jesús y se descubriera que fue trazada o construida por el célebre maestro de obras Juan Bautista Arbaizar o Agustín Ruiz de Azcárraga tendríamos razones suficientes como para relacionar al escultor Francisco Varona con la iglesia parroquial de Ábalos y más concretamente con la capilla de don Francisco Antonio Ramírez de la Piscina (1665-1724). Pero eso es ya otra historia…

Foto: https://www.flickr.com/people/shaury/


 

[1] TABAR ANITUA, F. (Coordinador). Catálogo Monumental Diócesis de Vitoria. T. X (Los valles occidentales entre el Zadorra, el Ayuda y el Inglares. La Villa de la Puebla de Arlanzón). Vitoria, 2011, p. 276.

[2] AHPL: Domingo Orive de Arciniega. Leg. 3937, s/f.

[3] La llegada del maestro arquitecto José de Ortega a Briones para asumir diferentes encargos, tanto en las iglesias del lugar como en otros de la periferia, sería determinante para que el noble don José Manuel de Gadea y Tamayo accediera a dejarle en 1729 una casa en la Calle de los Villodas (situada entre otras que eran propiedad de don Diego Villodas Tenorio de un lado y Diego de Aguirre de otro), que pertenecía al mayorazgo que él administraba. Tras estar dos años residiendo en dicha casa en lo que se suponía que iba a ser un residencia temporal, las perspectivas de trabajo que se le ofrecían eran tan optimistas que José de Ortega optaría por prolongar su estancia en Briones unos cuantos años más. Así, el 30 de julio de 1731 don José Manuel de Gadea y Tamayo llegaba a un acuerdo con él para arrendarle dicha casa y corral contiguo por otros siete años más, para lo cual José de Ortega se comprometía a pagarle 24 ducados de los dos años anteriores y 150 reales anuales a partir de entonces contando desde el 24 de junio de 1729. La casa, de hecho, estaba “mui maltratada y quasi inhauitable”, por lo que, en caso de tener que hacer el inquilino alguna reparación, se tendría que descontar de ese importe. Al mismo tiempo, si por razones de su oficio José de Ortega se viera en ese intervalo en la necesidad de tener que ausentarse de Briones definitivamente bastaría con notificarlo. Testigos de ello eran don José de Andrés García, presbítero capellán en Gimileo, Diego Vallejo, procurador vecino de Gimileo, y Félix Calvo Jimeno, natural de Briones (AHPL: Pedro de Estremiana. Leg. 4064. Fols. 106-107 vº).