Ya en mis libros sobre los retablos mayores de La Rioja dejaba trazada la historia del actual retablo mayor de esta encantadora localidad de Villarroa [1], del que únicamente dejaron en la iglesia parroquial su estructura arquitectónica, ya que todas las demás imágenes que incorporaba así como el resto del mobiliario litúrgico y demás objetos y enseres que formaban parte del patrimonio del templo fueron trasladados a Calahorra en unos momentos en que Villarroya sufría una importante despoblación. En las actuales circunstancias, por tanto, no sería mala idea volver a reintegrarle todos y cada uno de esos bienes con el fin de apoyar así a los pocos vecinos que aún quedan en el pueblo en su lucha diaria por recuperar ese ambiente tan risueño que un día no muy lejano se quebró dejando las calles vacías de niños…

Era en 1632, coincidiendo con la conclusión de las obras que se habían llevado a cabo en la iglesia, cuando se planteaba la necesidad de construir un retablo mayor de suficiente prestancia como para estimular los fervores religiosos entre los fieles, para lo cual lo más probable es que se encomendara a Juan de Zárraga, vecino de Arnedo, la realización de las oportunas trazas y condiciones. El caso es que, tras adjudicarse el ensamblador Juan de Argáez los trabajos, sabemos que para comienzos de octubre de 1633 había asentado en el testero “el dicho rretablo menos quatro colunas grandes y el rremate de arriba que le faltan por acauar de hacer y asentar”. Es decir, que por problemas económicos no había tenido otro remedio que interrumpir su construcción, razón por la que después de distintas gestiones, el día 7 de ese mismo mes se reunían en Arnedo Simón Cordón, mayordomo de la iglesia de Villarroya, y el cura don Fernando de Colmenares con Juan de Argáez y todos ellos llegaban a un acuerdo por el que, dándole a Juan de Argáez ocho fanegas de trigo según el precio que tuvieran en el mercado en el mes de mayo de 1634 junto con 100 reales de contado, este último se comprometía formalmente a que para Pascua de Navidad de 1633 “dará hechas e acauadas e asentadas en el dicho rretablo e puestas en perfeçión y conforme a arte las dichas quatro colunas y el rremate de el dicho rretablo” [2].

Todo indica, pues, que el retablo se articulaba en banco, un solo cuerpo de tres calles provisto de cuatro columnas (probablemente de fuste entorchado) y el consiguiente ático y que, debido precisamente a la precariedad de medios de la iglesia, se plantearía a base de tableros pintados, una solución mucho más barata que si fuera a base de imágenes de bulto redondo ocupando las consiguientes casas. Es decir, cinco tableros en total (dos de las calles laterales, dos más de los intercolumnios de la base y un último del ático) a juego con los netos de las columnas como complemento necesario de una imagen titular reaprovechada, quizá de estilo romanista, que habría sido encargada años antes en Arnedo bien a Antonio de Zárraga o a su hijo Juan de Zárraga.

Esa pobreza de medios con que se planteaba el retablo quedaría confirmada en la solicitud que Valeriano Pérez, vecino de Calahorra y en nombre de los vecinos de Villarroya, cursaba a las autoridades eclesiásticas con el fin de obtener la licencia necesaria para dorarlo y pintarlo tras haber ajustado de palabra estos trabajos en 1.000 reales:

“En la dicha yglesia y capilla mayor della ay vn retablo que está por dorar por no tener renta para ello la dicha yglesia y los parroquianos della, mouidos de deuoción, se an animado a hacer ciertas offrendas y mandas obligándosse a dar y pagar ciertas cantidades de dinero para ayuda a dorar el dicho retablo que vienen a montar cassi todo el coste y gasto que en ello se a de tener, porque la obra debaxo del beneplácito de vuestra yllma. se a concertado en mil rrerales, que es el concierto más baxo que an allado los dichos parroquianos. Y ellos, con dichas limosnas que han offrecido para el dicho effecto, an juntado cerca de la mitad del dicho gasto. Y lo restante se a de contribuir por quenta de la dicha yglesia, la qual tiene mucha necesidad y le es muy vtil y prouechosso y de grande lustre y adorno de que el dicho retablo se dore. A la dicha yglesia le está mucho mejor hacer la dicha obra que el dexarla de hacer o dilatarla para otro tiempo”.

En resumidas cuentas, que se trataba de conseguir la autorización necesaria para que el beneficiado don Pedro Vergado, “que es la persona que por particular affecto y deuoción que tiene a la dicha obra a solicitado los ánimos de los dichos parroquianos para que ayuden a ella”, se encargara de tutelar todo el proceso de pintura y dorado desde el principio. Así, el 4 de septiembre de 1645 el Obispo don Juan Pinero y Osorio mandaba un escrito desde los palacios episcopales de Logroño instando a presentar, antes de conceder la licencia, las declaraciones de testigos que estimara convenientes con el fin de justificar la necesidad de acometer esas labores. De ahí que el 9 de diciembre Domingo Cordón, como mayordomo entonces de la iglesia, tomaba juramento en Arnedo a Domingo Bayo, de 26 años, Diego Garrido, de 36, y Domingo Marín, de 36, todos los cuales confirmaban que el retablo mayor que se había hecho “abrá pocos años”, que estaba sin dorar y que “es cosa vtil y conbeniente a la dicha yglesia el acerlo dorar porque esté con la deçençia y deboçión que es justo e por aprouechar las limosnas que están ofreçidas para este efecto que no se dorando no las querrán pagar”. A partir de ahí no había ningún impedimento para proceder a concertar el retablo siguiendo el proceso habitual que marcaban las Constituciones Sinodales.  

Era el 27 de febrero de 1646 cuando el licenciado don Gabriel Rodríguez, cura por entonces de la iglesia parroquial de Villarroya, el mayordomo Francisco Aguado y el regidor Juan Jiménez encomendaban en Arnedo a Celedón Pérez del Castillo, “maestro de el arte de la pintura y dorar”, vecino de Calahorra, la policromía del retablo en cuestión siguiendo su propia lista de condiciones y con el compromiso expreso de dar terminados los trabajos en una fecha tan simbólica como el 24 de junio de 1646, día de San Juan Bautista. De manera que, una vez reconocidos estos “por maestro que lo entienda que lo está”, recibiría Celedón Pérez del Castillo los 1.000 reales del ajuste: 600 reales de contado y los 400 restantes a razón de 100 reales por año [3].

Pues bien, esa lista de condiciones resulta un instrumento muy útil porque viene a confirmar que el retablo estaba planteado tal y como anteriormente habíamos apuntado en otro lugar. Y lo cierto es que, aunque humilde de formas, cumplió perfectamente con sus funciones catequéticas hasta 1791, año en el que el arquitecto calagurritano Julián Martínez construía el que ahora existe en la iglesia por 3.400 reales y para el que un escultor de apellido Plano tallaba por otros 660 reales más las figuras de San José, San Francisco y Santa Bárbara como acompañamiento de la imagen titular de San Juan Bautista [4]. Era lógico, ya que la iglesia había afrontado un proceso de renovación en 1714 y eran muchas las voces que año tras año se levantaban incidiendo en la necesidad de encargar otro mucho más rico formalmente…

No es el momento de valorar aquí el alcance de tal actuación, sino confirmar que gracias a ello la iglesia acabaría adquiriendo a grandes rasgos el aspecto que hoy tiene. Y es que era el 1 de mayo de 1714 cuando, después del oportuno proceso administrativo, se daban cita en Villarroya diferentes maestros de obras y alarifes con el fin de tomar parte en el remate público que se había convocado para adjudicar en el mejor postor las obras planteadas en una pormenorizada lista de condiciones [5]: José Soriano, José de Vidorreta, José Velilla, un hijo de Joséph de Vidorreta y otros más [6]… Tras diversas posturas a la baja, el remate se lo adjudicaba finalmente el maestro alarife José Soriano, vecino de Autol, en 1.500 reales en presencia del cura don Domingo Tomás, razón por la que siete días después los regidores de Villarroya Francisco Calvo de Antonio y Francisco Pérez y el mayordomo de la iglesia Domingo Martínez procedían a formalizar la escritura de obligación correspondiente con José Soriano, residente por entonces en Arnedo, para lo cual este último hipotecaba como aval diferentes bienes, entre ellos la casa que tenía en la calle del Cristo de Autol. Pero de todo ello daremos la debida cuenta en otro momento [7].

Actual retablo mayor


 

Nº 1

1645, diciembre, 9. Calahorra

CONDICIONES AUTÓGRAFAS DE CELEDÓN PÉREZ DEL CASTILLO, VECINO DE CALAHORRA, PARA DORAR Y PINTAR EL RETABLO MAYOR DE LA IGLESIA DE VILLARROYA.

AHPL: Francisco Vergado. Leg. 5075, s/f.

“Con las condiçiones que yo Çeledón Pérez Castillo, pintor beçino de la çiudad de Calahorra, e conçertado la obra y retablo de señor San Juan de el lugar de Billarroia con el señor liçençiado Pedro Bergado, benifiçiado de las parroquiales de la billa de Arnedo y persona nonbrada y a quien a cometido comisión en forma del señor Obispo para conçertar el dicho rretablo y asimesmo el Conçego del dicho lugar es lo siguiente:  

  1. Primeramente es condiçión que, abiendo aparegado, plastecido y enllençado la dicha hobra con el método y orden que se acostunbra en semegantes hobras se aia de dorar de horo fino las molduras neçesarias y altos de las colunas sin que en ello entre horo partido ni plata. Y se entienda el horo sea bruñido sin que en ella llebe horo mate cosa alguna. Y todos los de demás fondos, estrías, artesonados y entrepaños se an de colorir de colores diferentes y que megor parezcan y conbengan a la dicha obra.
  2. Y asimesmo es condiçión que los cinco tableros se aian de pintar al holio las ystorias que el señor liçençiado Bergado señalare y mandare. Y asimismo en los cuatro çócanos de las colunas se aya de pintar al ólio cuatro figuras, las que mandare el señor liçençiado. Y todo ello aia de ser mui bien trabagado conforme arte ymitando el dorado y colorido al sagrario que está dorado en el dicho rretablo. Y todo lo sobredicho quedo obligado y me obligo açerlo en debida forma por preçio y cantidad de mil rreales pagados en la forma que se obligare el maiordomo v personas que esto les conpete. Y asimismo declaro que, acabada la dicha obra, la aia de ber una persona quien nonbrare el señor liçençiado Bergado para que declare si yo e cunplido con las dichas condiçiones y bale los dichos mil rreales. Y, si baliere más, desde luego ago graçia y donaçión a la dicha yglesia atendiendo a su mucha pobreça y necesidad, digo lo cunpliré en forma debida y lo firmé de mi nonbre. Celedón Pérez Castillo”.


 

Nº 2

1714, mayo, 1. Villarroya

CONDICIONES PARA REMODELAR LA IGLESIA PARROQUIAL DE VILLARROYA.

AHPL: Miguel José Pascual. Leg. 5420. Fols. 44-47 vº.

“Villarroya y mayo, 1 de 1714 años.

Capítulos y condiziones con que se ha de hazer la obra de la yglesia del lugar de Villarroya, que se rreduze toda ella a dos capillas por arista en el cuerpo de la yglesia y otra de media arista en el coro, por ser porzión desigual, y lebantar los texados lo nezessario hasta que las dichas capillas bengan ygualar o a nibelar con el arco de la capilla mayor que está echo.  

  • Primeramente es condizión que el maestro que yziere dicha fábrica aya de sacar quatro pilastras en las dos paredes de la yglesia aziendo seis rrozas de dos ladrillos de frente y med(i)o ladrillo de rresalte y su fondo lo que nezesitare según el gruesso de la pared.
  • Asimismo es condizión que estas quatro pilastras se ayan de lebantar asta su quadrado, que es la ymposta o mobimientos de arcos y capillas, como está demostrado en el arco de la capilla mayor.
  • Asimismo es condizión que en dichos mobimientos o pilastras se ayan de rresaltear cu(a)tro capiteles de vna terzia de gruesso y su quadrado de buelo, aziéndole por adorno dos filetes y vn quarto bozel con su corona y escozia bien corridos a nibel y a esquadra.
  • Asimismo es condizión que, rresalteados dichos capiteles como ba dicho, se sigue el prosiguir con todas quatro pilastras lebantar a nibel con el tex(a)do de la capilla mayor. Y sobre dichas quatro pilastras asentará dos tirantes de los mismos que están en dicha yglesia dexando el güeco nezesario para que no llegue a las capillas a tocar en dichos tirantes. Y para su mayor seguridad tirará vn cordel a nibel desde la capilla mayor asta el campanar y conozerá el güeco que le quis(i)ere dexar.
  • Asimismo es condizión que sobre dichos tirantes se an de yr más dos mazas de altura que pidiere la tirada echando contra ellos dos tixeras bien ensembladas y en los empuxos y medios abrirá seis mortesas dexando seis espigas de buen cuerpo en las tixeras y que entren a coda en dichas mortesas. Y, si fuere nezesario, echarán seis zellos de yerro en medio para su mayor seguridad. Y sobre dichos tirantes maderiarán dicho texado bien entablado y bien clabado y entexado con buen arte.
  • Asimismo es condizión que, echo esto, se sigue el bolber dos arcos desde los arrancamientos de dichos capiteles de tres falfas para dibisión de las capillas. Y, aunque dichas capillas por arista es lo más rregular el bolberlas de medio punto, en este cañón de bóbedas no le podemos dar punto fixo porque se an de gobernar con el arco de la capilla mayor. Y debaxo desta condizión queda el maestro obligado a montearlas con las condiziones dichas. Y dichas capillas an de quedar garreadas y blanqueadas a boluntad de los señores.
  • Asimismo es condizión que el maestro que yziere dicha obra aya de tener obligazión azer en el coro vna bóbeda de media arista monteada a buelta de cordel con buen arte por ser porzión desigual como llebamos dicho.
  • Asimismo es condizión que el maestro que yziere dicha fábrica no aya de tener obligazión a poner más materiales que tablas y clabos para las zimbrias y listones para todas las capillas y tablones para los andamios y los demás materiales corran por quenta de los señores.
  • Asimismo es condizión que el maestro que yziere dicha obra aya de tener obligazión azer vna espadaña, su altura de pie derecho asta la ymposta. Sobre dicha espadaña echa aya de (l)lebar dos baras. Y sobre dichas dos baras bolber dos arcos de medio punto del güeco que nezesitaren dichas campanas. Y la rrosca de dichos arcos serán de un ladrillo y en las seis frentes se an de eliguir seis pilastras, tres por cada frente, de vn ladrillo de frente echando su basamento toscano en todas ellas. En llegando a su altura bien proporzionada secharán sus capiteles correspondientes a las basas aziendo su rremate con las moldura(s) que llebaren dichos capiteles.
  • Asimismo es condición que en todo lo demás de la fábrica no le pueda obligar a el lugar a dar más dinero que lo que tengan presente y lo demás esperará asta que tenga, con que debaxo de las condiziones dichas aya de tener obligazión el maestro a poner la agua nezesaria y subir las campanas a sus nichos”.


[1] RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., Retablos mayores de La Rioja. Agoncillo, 1993.   RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., La evolución del retablo en La Rioja. Retablos mayores. Logroño, 2009.

[2] AHPL: Francisco Vergado. Leg. 5092, s/f.

[3] Vid. doc. nº 1.

[4] Este retablo era dorado, probablemente por artistas del foco de Enciso, en 1805 por 5.665 reales y medio.

[5] Vid. doc. nº 2.

[6] Las posturas se formularon así:   Joséph Velilla y sus agregados 1.800 reales. Un hijo de José de Vidorreta 1.700. José de Vidorreta 1.600. José Soriano 1.500.

[7] En dicha escritura se incorporaba la siguiente introducción: “que, hauiéndose deliberado enttre Conzexo de dicho lugar de Villarroya el rrematar la fábrica de zimbria que ay en la yglesia de el bocazión de San Juan Baptista (… …)”.