En La Rioja, como en otras regiones de España, las iglesias o ermitas de una cierta entidad solían contar con un órgano para acompañar con su música los servicios religiosos en fechas o celebraciones especiales y, de ese modo, dar a éstas el mayor empaque posible. La complejidad de su mecanismo, factores ambientales o una deficiente manipulación obligaban a contratar cada cierto tiempo a un especialista para que lo revisara, restaurara, renovara, afinara o, simplemente, lo sustituyera por otro más moderno. En el caso de Agoncillo sabemos que el órgano que había en su iglesia se quemaba el 12 de marzo de 1936, lo que no impide que hagamos un análisis histórico del mismo aunque sólo sea para añorar tan lamentable pérdida.

Concedida licencia en los palacios episcopales de Logroño con fecha 30 de agosto de 1752 tanto para componer el órgano que por entonces se localizaba en una tribuna del coro como para hacer el barandado a manera de antepecho [1], el 14 de octubre de ese mismo año el maestro organero Juan Antonio González, vecino de Mendavia, se comprometía a “a componer  y refinar el órgano” con arreglo a sus propias condiciones que se resumían en los siguientes puntos:

  • “Primeramente se han deshacer los fuelles por vn lado y se han de añadir en cada ttablero vn jeme a lo ancho. Y las piezas que se han de añadir se an de envarrottar siguiendo el orden que los fuelles tienen. Y quedan condenados los abanicos de los ttres fuelles con el aumentto del jeme.
  • Ytten se han de hacer los conducttos que se necesitten asta poner el vientto en el secretto. Y se han de hacer las ttres camas con sus ttres cauallettes para colocar los fuelles en la forma dicha: el primer fuelle se ha de leuanttar el fuelle a mano con la palanca y los otros dos con los ramales a las punttas de las dos palancas.
  • Ytten se han de hacer nuebos todos los caños que falttan en el llano y soldar y añadir todos los que tengan faltta por estar muchos rompidos. Y se ha de poner los dos caños de apariencia. Y ttambién se ha de poner vsual el rexistro del flautado que está sin juego rrotto.
  • Se han de apear ttodos los caños del órgano y se han de bolber a montar y afinar todo el órgano. Se han de poner las canales, lenguas que necesitte la lengüetería y los afinadores que se necesitten. Se ha de poner en sitio de la dulzaina de mano derecha el rexistro de aguas con sus lenguas, canales y afinadores con sus asillas de estaño y sus varillas de yerro que los mantenga a la partte de arriua. Y se añade que, si acaso fuere necesario el echar el tablón de bajonillo y clarín nuevo, se me ha de dar mil settecienttos reales. Y, si no se echare nuevo, se me ha de pagar mil y seiscientos reales.
  • Ytten se me ha de dar en el discurso del tiempo que durare la composición del órgano para comer y para pagar los matteriales necesarios que han de ser de mi quenta. Y lo que restare se me ha de dar enttregada que sea la obra. Que a el maestro que viniere a enttregar la obra se le ha de pagar de común. Y si la enttrega no se diere por buena, por vien fabricada, le ha de pagar a el maestro su ttrauajo.
  • Ytten es condición que la dulzaina que se quitare se ha de quedar para la yglesia.
  • Ytten es condición que se ha de arrimar el órgano a la fachada a el lado del Euangelio”.

O sea, una actuación de gran envergadura que contaba con el apoyo de todos los vecinos, lo que explica que el 14 de octubre Juan Antonio González firmara escritura para llevar a cabo tan importantes actuaciones dando por fiadores a los hermanos Santiago y Francisco Rodríguez. Ahora bien, tras terminar los trabajos dos años después, fueron tantas las deficiencias observadas en la labor que había realizado que los peritos nombrados por cada una de las partes (Francisco Antonio de San Juan y Manuel Ladrón de Guevara) para reconocer el órgano no tenían más remedio que admitir que la obra estaba “inperfecta quasi en vn todo”. De ahí que, basándose en la declaración jurada de estos especialistas de 17 de marzo de 1754, el procurador Juan Bautista Villar le hiciera saber a Juan Antonio González la necesidad que tenía de dejar el órgano en perfectas condiciones, si bien como no ofrecía las garantías necesarias para confiar en él y habida cuenta de que aún se le debían 1.000 reales de los 1.600 en que se habían ajustado los trabajos solicitaba licencia a las autoridades eclesiásticas para contactar con un maestro organero más solvente “que refine y perfeccione dicha obra” empleando en ello los 1.000 reales que se adeudaban.

Incluso así, el 4 de mayo se volvía a instar a Juan Antonio González en la obligación que tenía de corregir gratis esos defectos. Pero, disconforme este último con las apreciaciones de Francisco Antonio de San Juan y Manuel Ladrón de Guevara, mandaba reconocer el órgano a Francisco de Uriarte, de 60 años de edad y vecino de Viana, con el fin de que le diera la razón, lo que no conseguiría en absoluto, ya que el 28 de septiembre Francisco de Uriarte constataba que el órgano seguía adoleciendo de los mismos defectos que ya habían señalado Francisco de San Juan y Manuel Ladrón de Guevara “y añade que es preciso apear y rexistrar el secreto para quittar vnos reparos que tiene que impiden la afinación del flautado y no dar viento a los dos caños del flauttado que a enconttrado mudos, como también vn bajo de la octaua que es necesario hacerse nuevo y dar a seis vajos de clarines más viento y lo mismo a el vajoncillo, y que, para quedar perfectto el órgano, tamvién es preciso hacer veinteysena y zímbala nuebos, vien que algunos caños se pueden aprovechar porque las aumenttaciones de estos dos rexistros están desiguales”...

En este contexto y después de incomprensibles dilaciones por parte del organero Juan Antonio González, por auto fechado en Santo Domingo de la Calzada el 8 de octubre de 1754 se le ordenaba componer el órgano en el plazo de 15 días sin ningún tipo de excusas, amenazándole con encargar esos reparos a otro maestro a su costa. De todo ello daba cuenta el procurador Juan Bautista Villar, quien, tras aportar una detallada historia de los hechos, dejaba constancia de que los administradores de la iglesia de Agoncillo tuvieron que recurrir a un fraile franciscano del convento de Logroño “para que lo rexistrase, refinase y compusiese” y que, después de trabajar en él un cierto tiempo, comprobó que era imposible “dejarlo perfectto porque necesittaua obra maior y de nueuo secretto, por ser el que tiene muy viejo y cansado”.Mientras tanto, el 26 de octubre de 1754 se procedía en Agoncillo al embargo de los bienes de los hermanos Santiago Francisco Rodríguez como fiadores del organero Juan Antonio González. Tras sucesivas dilaciones, el 6 de febrero de 1756 y desde Santo Domingo de la Calzada se mandaba a Juan Antonio González la necesidad de solucionar esas deficiencias en el plazo de un mes.

Finalmente y a raíz de la visita realizada a Agoncillo por el Obispo se consideraría conveniente dar facultad a los administradores de la iglesia para adoptar la solución que estimaran más adecuada, por lo que, para evitar tensiones, se haría reconocer el órgano por tres maestros y luego, a instancias del Provisor, por Juan José Llorente, maestro de capilla y organista de La Redonda de Logroño, todos los cuales llegaban a la conclusión el 27 de febrero de 1758 de que el órgano era insuficiente “espresando que no es por faltta de el cumplimientto de las condiciones capituladas con el dicho Juan Antonio González, sino por necesittar de nueuo secretto y obras maiores que no heran capazes de poderse hacer con los mil y seiscienttos reales de su ajuste, por quantto para dejarlo corrientte y vsable tendrá de costte quattro mil rreales y que lo trauajado por el susodicho importa tantto como lo ajustado”. O sea, que más que una reparación, lo que se necesitaba era prácticamente la fábrica de un órgano nuevo.

En tal situación el 8 de marzo de 1758 las autoridades eclesiásticas daban licencia en los palacios episcopales de Santo Domingo de la Calzada para componer el órgano siguiendo las pautas que de forma tan clara y contundente había dado el maestro de capilla y organista de La Redonda de Logroño:

“Ymforme que hizo el maestro de capilla de la colegial de Logroño a pedimiento del señor Probisor día 11 de febrero de 1758.

En virtud del informe que se me pide por v. md. en el despacho que antezede sobre el órgano de la parroquial de Agonzillo digo cómo oi día de la fecha e pasado a dicha parrochial y e registrado mui despacio y con atención el órgano de la dicha parroquial en el que e hallado muchos y grandes defectos, repasos en el secreto, desafinado todo él, de modo que absolutamente no se puede tañer en él por lo mucho que desmayan las vozes. Y todo consiste en lo prinzipal de un órgano que es el secreto y por escusar dzir los muchos defectos por menor digo que todo él está perdido. Y aunque en dicho órgano se hagan remiendos no contemplo quede nunca perfecto si no se haze nuevo por organero de inteligencia. Y éste puede tomar este órgano en cambio y a quenta aprobechando de él lo que pueda, como es la corneta (que es el registro que mejor me a parezido) y el metal de los caños, como tanbién la caja que está buena quitándole el registro de la dulzayna y hechándole otro en su lugar. Dándole este órgano me pareze que puede poner otro del mismo cauimiento y registros por quatrozientos o quinientos ducados, aunque en esto del coste puedo equibocarme por no ser de mi facultad. Éste es mi dictamen y lo firmo. Agonzillo y febrero, 11 del 758”.

Pero, nuevamente, en constantes desacuerdos y después de intercambiar impresiones con varios especialistas, era el 23 de noviembre de 1759 cuando el maestro organero Francisco Antonio de San Juan, vecino de Logroño, se obligaba a perfeccionarlo por la moderada cantidad de 6.300 reales según el mandato del Provisor de fecha 11 de febrero y los balances económicos presentados por el cura el día 27 de ese mismo mes sujetándose a las siguientes condiciones:

  • “Lo primero es condición que el dicho Francisco San Juan ha de hacer en dicho órgano un secreto de quarenta y cinco canales como se estila ahora a fin de añadirle las tres teclas de octaba llena con los caños que le corresponde.
  • Yten que a de colocar en dicho secreto los mismos rexistros que oy tiene el órgano, se entiende que oy an de ser nuebos, exceptuando el de la corneta. Es a saber: flautado de a trece, octaba, docena, quincena, dicenovena. Es a saber: lleno, tres por punto, conpuestas de lleno, tres por punto, que es lo que corresponde a cañutería.
  • Yten que en la lengüetería se ha de hacer un bazoncillo, un clarín, una trompeta magna, otra de vatalla. Y se a de poner un eco de clarín con su arca. Se ha de hacer los tablones correspondientes para colocar dichos rexistros. Y también ha de hacer otro secreto para dichos ecos y también tres fuelles de marca con sus conductos necesarios.
  • Yten es condición que el dicho Francisco San Juan a de hacer dándole la madera para la caja dicho órgano exceptuando la talla como también la madera necesaria para asentar los fuelles.
  • Yten es condición que el Cabildo a de conducir a su costa de esta ciudad a la villa de Agoncillo todo lo que trabajare de nuevo el precitado San Juan y traerle a esta ciudad todo lo que de el viejo se quitare.
  • Yten es condición que el Cabildo a de hacer el gasto a dicho Francisco San Juan y sus oficiales el tiempo que durare el asentar el órgano.
  • Yten es condición que si las barras con sus cigüeñas para los rexistros no fueren nuebas de yerro las que oy tiene el órgano las a de poner nuebas dicho Francisco San Juan y las que tiene se ha de quedar con ellas pagándole el Cabildo las mejoras.
  • Yten es condición que dicho órgano lo a de colocar con la mejor simetría y poner en el paraje que señalare el Cabildo.
  • Yten es condición que dicha obra la ha de dar concluida para el día de San Miguel de septiembre de el año primero que vendrá de mil setezientos y sesenta sobre dos meses más o menos.
  • Yten es condición que para la entrega y reconocimiento de dicho órgano a de llebar el Cabildo el organista que tubiere de maior satisfación y an de pasar una y otra parte por lo que éste declarare” [2].

Concluidos los trabajos dentro de los plazos previstos, en 1761 Juan José Llorente era llamado a Agoncillo para reconocer el nuevo órgano, si bien la entrega se retrasaría unos años más hasta estar todos seguros de que la intervención de Francisco Antonio de San Juan había sido la correcta. De manera que, pasado un largo tiempo, el 8 de marzo de 1767 Juan José Llorente se trasladaba por segunda vez hasta Agoncillo para repetir la misma operación y el día 10 de abril firmaba el informe definitivo en Logroño en el que aseguraba que “dicho órgano está bueno y arreglado a las condiciones que se hizieron por escritura y que sus voces responden con prontitud y dicha obra está segura según se a experimentado desde el primer reconocimiento hasta el segundo”.

Ésta era su declaración:

“Digo yo don Juan Joséph Llorente, maestro de capilla y organista de la ynsigne colegial de esta ciudad de Logroño, que hauiendo sido llamado por los señores del Cauildo de la yglesia parroquial de la villa de Agoncillo para el reconocimiento y entrega del órgano que se a puesto nuevo trabajado por Francisco Antonio de San Juan, maestro organero, hize el reconocimiento con todo cuidado el año de mil setecientos y sesenta y vno en cuio tiempo no se hizo la entrega por ser conveniente pasase algún tiempo para la seguridad de dicho órgano, por cuio motivo determinaron dichos señores volbiese otra vez a reconocerlo, lo que executé el día ocho de marzo de mil setecientos sesenta y siete con el mismo cuidado que la primera vez y encontré que dicho órgano está bueno y arreglado a las condiciones que se hizieron por escritura y que sus voces responden con prontitud y dicha obra está segura según se a experimentado desde el primer reconocimiento hasta el segundo. Assí lo siento según Dios me da a entender y lo firmo en Logroño, a diez de abril de mil setecientos sesenta y siete. Don Juan Joséph Llorente”.

A finales del verano de 1795, sin embargo, el estado que ofrecía el órgano era un tanto preocupante. Tan es así que el procurador Vicente de Ibarra confirmaba que estaba “con los fuelles rompidos y los rrexistros con falta de limpiarlos y afinarlos”, por lo que solicitaba licencia para resolver esos problemas por un coste aproximado de 600 reales. Siguiendo, pues, las indicaciones de las autoridades eclesiásticas, el 18 de octubre informaba sobre la necesidad que había de actuar tanto en los fuelles como en los registros, ya que, a su juicio y como bien indicaba en un escrito fechado el 18 de octubre, al haberse llevado a cabo distintas obras en la iglesia, entre ellas “la demolición de una torre que amenazaba ruina”, el polvo había ensuciado en exceso toda la iglesia y era el causante de que el órgano presentara algunos registros sin uso, advirtiendo paralelamente “que la misma suciedad irá poco a poco corcomiendo e inutilizando los demás” y que los fuelles aparecían también agujereados y perdían mucho aire. Aún así, confirmaba que el coste total de esa actuación no superaría los 550 o 560 reales y que la torre de nueva planta de la iglesia que se había planteado como absolutamente necesaria no era motivo alguno de preocupación económica, pues ya se había satisfecho para entonces el primer plazo de 32.000 reales y las previsiones de cara a un futuro inmediato seguían siendo muy optimistas.

Con la licencia concedida el 19 de octubre en los palacios episcopales de Logroño para reparar esas pequeñas deficiencias, se llegaba a un acuerdo con el organista que servía el órgano por el que se le abonarían 80 ducados al año que luego ascenderían a 100…

Sirvan, pues, estas líneas para recuperar en la memoria colectiva una verdadera obra de arte.  

Grabado de Jost Amman en 1568.


 

[1] Era el 8 de septiembre de 1752 cuando el cerrajero logroñés Pedro Ibáñez se obligaba a hacer dicho barandado.

[2] AHPL: Bernardo Garrido. Leg. 1084. Fols. 257-276 vº.