El monasterio de Santa María de Toloño, conocido también como monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles, estaba situado en la Sierra de Toloño, muy cerca de la población alavesa de Labastida y consta que fue construído en el siglo IX por la Orden Jerónima, es decir, la misma que fundaría también el monasterio de Nuestra Señora de la Estrella en San Asensio o, si se quiere, el monasterio de San Miguel del Monte o de la Morcuera en tierras de Miranda de Ebro, dueño este último de una fértil Granja en Cuzcurritilla en tierras riojanas y una barriada de casas en Haro.

De este lujoso complejo de Toloño, reducido en la actualidad a ruinas tras los grandes quebrantos que sufrió con motivo de la primera Guerra Carlista, formaban parte unas cómodas y generosas instalaciones residenciales agrupadas al calor de una iglesia perfectamente pertrechada de retablos y demás objetos y prendas litúrgicas. No en vano la milagrosa imagen de la Virgen concitaba numerosos fervores entre las poblaciones circundantes.

Pues bien, entrado el siglo XVIII y con el fin de potenciar aún más el culto a la Virgen, se planteaba la construcción de un lujoso camarín o transparente tras el testero de la iglesia que tenía por objeto rentabilizar la luz que fluía a través de un ventanal para recrear así una atmósfera de fuerte contenido celestial. La instalación posterior en este espacio de un retablo, el modo de establecer la comunicación a través de un hueco abierto entre el camarín y el testero del templo y la propia arquitectura de esa elegante estructura causarían un especial impacto entre los romeros y visitantes ocasionales, como así lo atestiguan algunas referencias documentales. Por eso quisiera dedicarme aquí a trazar la historia del citado camarín, en el que abundan las razones para suponer que sería el maestro de obras Juan Bautista Arbaizar el encargado de dar trazas y condiciones para su realización.

Era el 13 de agosto de 1736 cuando el maestro cantero Juan de Solaya Múgica, vecino de Haro, dejaba constancia de que, habiéndose traído a pregón público en Labastida “la obra y fáurica que se yntenta hazer en vn camarín y trasparente en el santuario de Nuestra Señora de Toloño sita en la diuisa de dicha villa y otras de su comarca, que se compone de treinta pies en quadro con la altura y disposizión que contiene la traza y condiziones que para la referida obra tienen dispuesta, siendo vna de ellas que el maestro tenga la facultad de sacar la piedra sufiziente para ella de las villas de Peñacerrada y Baroja, donde se allare ser de buena calidad, a la disposizión del maestro y los comisarios, sin que por sacarla y conduzirla ni por los pastos de las yugadas que tubiere se le aia de llebar maravedís algunos al que la fabricare, sino que a de ser libre de toda costa y pensión; y la cal que se gastare en la menzionada obra la ha de poner a su costa dicho santuario teniendo la obligazión el maestro a conduzirla de las caleras más próxima(s)(… …)”…

Es decir, que se limitaba a hacer un certero relato de los hechos, para acabar añadiendo que, después de varias posturas, era él quien se había adjudicado el remate para llevar a cabo tan importante obra por un total de 41.000 reales pagaderos en diferentes plazos, razón por la que procedía a dar como fiadores Matías de la Cámara y Jerónimo de Sagastia obligándose al mismo tiempo a realizar el transparente a lo largo de tres años por esa cantidad “con más el balor de las mejoras que en ella resultaren y reconozieren a el tiempo de su entrega por el maestro o maestros en que se conformaren las partes ynteresadas”.  

Por tanto, tras la necesaria información de abono de las fianzas ante Matías de Zaara, alcalde de Haro, el 14 de agosto de 1736 quedaba el camino definitivamente expedito para afrontar por parte de Juan de Solaya Múgica tan importante reto [1]…  


[1] AHPL: Francisco Martínez Hontiberos. Leg. 4048. Fols. 82-87 vº.