La publicación de mi libro titulado Edificios religiosos de Arnedo el año pasado ha servido para confirmar una vez más que esta población fue uno de los focos romanistas más importantes en el vasto territorio diocesano [1]. El germen de este protagonismo habría que situarlo, sin lugar a dudas, en el encargo realizado por los Condestables de Castilla-Condes de Nieva allá por 1574 al escultor Pedro de Arbulo, vecino de Briones, para que convirtiera la capilla de su palacio en un lujoso recinto de alto valor escenográfico. Es decir, situar un retablo en un lugar relevante y en torno a él diferentes arquitecturas pobladas de imágenes y relieves, tal y como ya indicamos en dicho libro. Gracias a ello, la presencia de Pedro de Arbulo en Arnedo con un conjuntado equipo de profesionales se traduciría luego en numerosos encargos, deslumbrados los comitentes por tan fastuoso espectáculo. Sin olvidar, por ejemplo, que formando parte de ese equipo estaban sus cualificados oficiales Antonio de Zárraga, Diego Jiménez, Hernando de Murillas, Martín de Fururia y el arquitecto Martín de Nalda entre varios más…

Si a ello añadimos que Antonio de Zárraga pertenecía a una saga de prestigiosos canteros muy relacionados con los Condestables de Castilla-Condes de Nieva (especialmente Ortuño de Zárraga) y los consiguientes amoríos con una joven local comprenderemos por qué Antonio de Zárraga, alentado por el propio Pedro de Arbulo, decidiría echar raíces en Arnedo ante las buenas perspectivas profesionales que se le brindaban por toda esa zona al igual que Martín de Fururia y, dentro de lo que cabe, Martín de Nalda, que nunca olvidaría sus querencias hacia Navarrete y su zona de influencia.

En esta ocasión, sin embargo, quisiera referirme únicamente aquí al retablo que en la actualidad se guarda en la llamada Casa Sopranis y que en origen ocupaba el testero de la Capilla que los Condestables de Castilla-Condes de Nieva tenían en su palacio junto a la Plaza.

Formado por un solo cuerpo de tres calles y provisto en los flancos de sendas columnas corintias de fustes acanalados, su diseño luce con toda claridad la impronta creativa de Pedro de Arbulo. De ahí la forma de resolver la portada central con remate de frontón triangular y las consiguientes Virtudes reclinadas a los lados (en lo que supone un claro guiño a las tumbas mediceas) o la forma de plantear las calles laterales organizándolas en dos niveles: hornacinas de medio punto en la base para cobijar imágenes de bulto redondo y tondos aovados con historias en relieve sobre ellas. Basta, por ejemplo, con acudir a la iglesia parroquial de Santa María de Briones para contrastar soluciones.

El retablo en cuestión (que quedó en blanco, es decir, sin policromar) está dedicado a la Pasión del Señor y tanto por esa circunstancia como por la historia titular en relieve de la Piedad o Quinta Angustia se convierte al mismo tiempo sin querer en un claro recordatorio del colateral existente en la iglesia parroquial de Santa María de Ezcaray que Pedro de Arbulo conocía muy bien por haber intervenido en su fábrica aprovechando la historia central realizada por Guiot de Beaugrant. Y es que la forma de organizar el grupo de personajes, el estudio de la perspectiva con los dos ladrones en sus cruces cubriendo espacios, el dramatismo de los rostros, la naturaleza de las vestimentas y cualquier otro detalle denuncia fehacientemente la autoría de Pedro de Arbulo. Todo un lujo y un gran orgullo para Arnedo…


[1] RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., Edificios religiosos de Arnedo. Logroño, 2020.