Cuando en el siglo XIX se procedía a parcelar el territorio español en las actuales provincias por razones de eficacia administrativa fueron muchos los problemas que se creaban al mismo tiempo y que aún están por resolver. La franja situada entre la Sierra de Cantabria y la margen izquierda del Ebro, por ejemplo, quedaba asignada en unos primeros momentos a su lógico espacio natural, La Rioja, si bien nueve meses más tarde tan sólo los políticos de laépoca decidían corregir su “error” integrando definitivamente la mayor parte de esas localidades a territorios“forales” vecinos, siempre mucho más ventajosos y gratificantes a la larga. Y es que ya se sabe que España es una mala madrastra (más incluso que la de Blancanieves), pues, lejos de tratar a todos sus hijos por igual, a unos los ayuda y mima en demasía mientras a otros los humilla y muele a palos.

Son precisamente esas manifiestas desigualdades de trato las que ya en 1633 denunciaba nuestro paisano don Fernando Alvia de Castro desde Lisboa, aunque sin ningún éxito, como se ve.

Los riojanos, por tanto y en relación con nuestros vecinos, somos como esos perros callejeros de porte hidalgo y andares elegantes de la postguerra: sus amos se limitaban a vestirlos y a calzarlos gratis, si bien la comida tenían que buscársela los pobres animales cada día por su cuenta. Por eso me duele tanto que siendo La Rioja una región de rica historia, con fueros muy antiguos e importantes (tal ocurre con el de Logroño), cuna de reyes navarros, solar de “vizcainos” (que es así como se llama en las fuentes documentales a los vascos en general) y tierra castellana de frontera en el pasado, hoy sea tan despreciada por propios y extraños. Por eso también añoro las Constituciones cuyo primer artículo comienza diciendo que todos los ciudadanos de la nación son iguales desde el mismo momento de nacer y que todos se rigen por los mismos derechos y deberes, que es lo que no ocurre con la Constitución Española.

En fin, son apreciaciones que no conducen a nada, pero suficientes para concluir que, con sus lógicos errores, no cabe duda de que la estructuración territorial de la antigua Diócesis de Calahorra-La Calzada era la más acertada.Nada más eficiente que el entramado administrativo eclesiástico, traducido en estratégicos cargos, como soporte de unosfeligreses tratados siempre con absoluta igualdad.

Desde este punto de vista, si hay una localidad desubicada en estos momentos de su encuadre natural ésa es Montenegro de Cameros, si bien nadie podrá desligarla nunca de ese bello territorio articulado por un río de tanto encanto como el Iregua. Es algo que se percibe, por ejemplo, en su iglesia parroquial, en la que se prodiganimportantes obras de arte que nos remiten sin querer a los mismos especialistas que se desenvuelven cómodamente porla superficie riojana. Nada extraño, por otra parte…

Retablo mayor de Montenegro

Su actual retablo mayor, en concreto, resulta muy clarificador, ya que su alzado, tan semejante en tantos detalles al de Nestares, se convierte en cualificado heredero de dos corrientes complementarias: la riojalteña, cuyo mejor exponentees el arquitecto cántabro Francisco de la Cueva, natural de Liendo y establecido en Nájera, y la riojabajeña, impulsadapor el también cántabro Juan Félix de Camporredondo, natural de Sobremazas y residente en Calahorra. Corrientes,por cierto, a las que no son ajenas   de ningún modo las decisivas aportaciones del tudelano José de San Juan y Martín (alias “Sanjuanico”) y del alfareño Juan Zapater Martínez, de ahí que la casa central de esta estructura se configure de forma “aovada”. No obstante, si hay un rasgo que verdaderamente define a este retablo mayor de Montenegro es sin duda su gran arcaismo, pues siendo una obra pergeñada en 1724 (es decir, unos diez años después de que el arquitecto burgalés Santiago de Lamo hubiera dejado definidas en el retablo mayor de Canillas de Río Tuerto las constantes de un nuevo estilo) se concibe de hecho ausanza de los modelos que se popularizan a caballo entre los siglos XVII y XVIII.

Resuelto en un solo plano, consta de un solo cuerpo dividido en tres calles por columnas salomónicas (siguiendo a grandes rasgos el mismo planteamiento que ofrece el retablo mayor de Sotés) y ático de vuelta redonda ligeramente peraltado en el centro con el fin de acomodarse mejor a la bóveda de crucería. El uso de estípites en la portadita del ático, las calidades de la masa vegetal que incorpora toda la estructura en lugares estratégicos (ya sean los espacios intercolumnios del banco —en vez de las típicas historias en relieve—, repisas con chicotes, remates de las hornacinas laterales, ménsulas, aletones del ático, etc), la forma de disponer los modillones del entablamento central y tantos detalles más no son sino el necesario complemento de una casa titular que se configura como necesario punto de referencia en el contexto de una opulenta escenografía y que adquiere su mayor esplendor una vez dorada, incluyendo el relicario a juego de la base protegido por un arco de medio punto. Y formando también parte de este lenguaje una Virgen con Niño titular, anterior al propio retablo y semejante a todo ese grupo de Vírgenes riojanas a las que ya he hecho mención en otros trabajos1, flanqueada por imágenes de San Pedro y San Pablo, un Calvario de tres figuras en elático, el consiguiente bulto de Padre Eterno Bendiciendo en lo alto y diferentes chicotes situados a plomo con las columnas y a modo de puntos de fuga.

Pues bien, era el 21 de julio de 1724 cuando este retablo se remataba en el arquitecto Juan Bautista de Baquedano, discípulo de Juan Félix de Camporredondo y vecino por esas fechas de Torrecilla de Cameros, en 12.605 reales, razón por la que tres días después este artista daba como fiador en esa población a don José Escudero Londoño, haciendo constar expresamente que se comprometía a realizar dicho retablo “según la traza que se eligió por el señor don Francisco la Rriua, juez que fue de comisión para el remate de la obra y beneficiado que es de la villa deMansilla y por los Cauildos de la dicha villa de Montenegro, sobre lo qual, arreglándose a la referida traza, se hicieron condiciones y se asignaron los plazos” 2. Inmediatamente después se adquirían diferentes nogales en Viniegra de Abajo para comenzar los trabajos y ya en 1726 se anota una partida de 144 reales que supuso el gasto por trasladar desde Torrecilla de Cameros hasta Montenegro unas cargas del retablo, aunque no todo él 3.

Pero el fallecimiento de Juan Bautista de Baquedano mientras estaba atareado en estos menesteres y cuando ya llevaba hecha la mitad de la obra retrasaría notablemente los planes iniciales. Por fin, el 24 de enero de 1732 los administradores de la iglesia de Montenegro llegaban a un acuerdo en esta última población con el arquitecto JuanLópez, vecino de Soria y estante en Villanueva de Cameros (en cuya iglesia estaba atareado en diferentes menesteres), para que prosiguiera y finalizara el retablo por 7.900 reales conforme estaba proyectado 4. Todo indica, pues, que en el precio total del retablo iría incluido el importe de las imágenes que iban a formar en lo sucesivo parte sustancial del mismo y que por simple lógica se encomendaría su ejecución a Juan Félix de Camporredondo, de quien constan sus intervenciones en Nestares y en otros enclaves de la zona camerana…

Años más tarde, y comoquiera que la fábrica disponía de muy poco dinero para acometer el dorado de todo este conjunto debido a que los sobrantes se habían empleado a partir de 1747 en realizar los nuevos tejados del templo 5 y a partir de 1757 en construir la torre de la iglesia 6, se solicitaba licencia a Burgos en junio de 1769 para dorar sólo dos de las tres partes del retablo. Tras ser concedida dicha licencia el 16 de ese mismo mes 7, lo más probable es que los trabajos se ajustaran al instante con algún dorador de la familia San Juan establecida en Torrecilla de Cameros. Es decir, justo en unos momentos en que la iglesia afrontaba un profundo proceso de renovación de los espacios interiores al que se pondría prácticamente colofón con la realización de un lujoso órgano, para lo cual los Provisores daban licencia en Burgos el 2 de diciembre de 1776 con tal de que su coste no superara los 5.000 reales 8.


 

1 RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., La Evolución del Retablo en La Rioja. Retablos Mayores. Logroño, 2009.

2 AHPL: Francisco Sáenz Díez. Leg. 7286. Fols. 13-13 vº.

3 AP Montenegro: Libro de Fábrica. Fols. 237 y 239.

4 AP Montenegro: Leg. 21.

5 El 10 de agosto de 1747 se formalizaba escritura en Brieva por la que el carpintero Juan de Uriarte, residente en dicha localidad, se obligaba a “executar dicha obra, que es el texado principal de dicha yglesia de Montenegro” por los 1.625 reales en que le había sido rematada. Para ellodaba como fiadores a don Manuel Holanda y a Manuel Fernández de la Fuente, vecinos de esa villa. Testigos del concierto eran José Duro de la Cuesta, José de Torre y Miguel Fernández, todos ellos vecinos igualmente de Brieva (AHPL: Simón Urrutia. Leg. 460. Fols. 44-44 vº).

6 Era el 16 de octubre de 1757 cuando el maestro de obras Manuel Bazán daba traza y condiciones para levantar la torre por 4.000 reales, si bien las obras quedarían adjudicadas ese mismo día mediante remate público a la baja en Francisco de Chavarri, vecino de Montenegro, en 2.580 reales. En la sesión de remate hicieron postura los siguientes especialistas:

Pedro García Arellano, que bajaba 1.000 reales de los 4.000 previstos en un principio.
Pedro Antón Alquibar, 2.900.
Andrés de Acebo, 2.800.
Francisco de Chavarri, 2.780.
Andrés Peña, 2.750.
Pedro García Arellano, 2.700.
Andrés del Acebo, 2.600.
Francisco de Chavarri, 2.580.

7 AP Montenegro: Leg. 39.

8 AP Montenegro: Leg. 43.