Ya el Inventario Artístico de Logroño y su Provincia recoge que la cajonería clasicista de un cuerpo acomodada a la sacristía de la iglesia parroquial de la Asunción de Torrecilla sobre Alesanco fue realizada en 1653 por los arquitectos Diego de Ichaso y Juan de Santisteban. No obstante, me gustaría incidir aquí en algunos pormenores complementarios que podrían tener su utilidad para los interesados en estas cosas del arte regional.

Tras el derribo de la capilla mayor de la iglesia en torno a 1598 y su reconstrucción junto con una nueva sacristía bajo la tutela directa del maestro cantero Andrés de Venea entre los años 1614 y 1623 y la posterior intervención de sus sobrinos Martín y Pedro Martínez de Recalde, que estuvieron vinculados a las obras de la iglesia hasta 1643, se hacía de todo punto necesaria la realización de una cajonería para guardar los ornamentos con el decoro apropiado y mantenerlos paralelamente lejos de las humedades.

Cumplimentados, pues, todos los trámites de rigor y celebrado el necesario remate público a matacandela, era el arquitecto Juan de Santisteban, vecino de Santo Domingo de la Calzada, el que se lo adjudicaba en agosto de 1653 en 800 reales pagaderos en diferentes plazos, razón por la que el 25 de ese mismo mes se comprometía a realizar ese cuerpo de cajones con arreglo a su propia traza y condiciones dando como fiador a su amigo y también arquitecto Diego de Ichaso [1]. Es decir, dos de los más renombrados especialistas de esa ciudad, pues no hay que olvidar que Diego de Ichaso ejerció durante un tiempo el cargo de veedor de obras de arquitectura del Obispado y estaba muy familiarizado con la estética de la columna machihembrada y los áticos conquiformes.

En este sentido las responsabilidades de Juan de Santisteban para fabricar los cajones se fundamentaban en los siguientes puntos:  

  • «Lo primero con condizión que los dichos cajones, tiradores y alaçenas y tiradores dellas an de ser todas de nogal seco y bueno y bien acondiçionado.
  • Yten es condizión que los suelos y contrasuelos y rrespaldos de attrás y de los lados ayan de ser de madera de nogal o de rrobre seco y bueno.
  • Yten es condizión que el dicho Juan de San Esteban aya de poner por su quenta todos los aldabones y llabes que fueren nezesarias para dichos cajones y alaçenas y en el archibo dos llabes y todo el demás erraje nezesario, como son eslabones, llabes y visagras, de tal suerte que los a de dar echos en toda perffecçión y asentados dichos cajones en dicha sacristía para el día de señor San Andrés primero que vendrá deste presente año».

Es decir, justo en unos momentos en que el taller de Juan de Santisteban se hacía más operativo con la incorporación de varios aprendices. Tal era el caso de Esteban de Luzón, vecino de Sigüenza, cuyo padre del mismo nombre lo ponía como aprendiz en dicho taller el 10 de agosto de ese año de 1653 por espacio de cuatro años a partir de la fecha dándole durante todo ese tiempo Juan de Santisteban la comida, el calzado y medias necesarias y al final hábil y suficiente en el ejercicio del oficio de arquitecto-ensamblador [2].

Poco a poco, pues, vamos rellenando algunos huecos en la apasionante historia del arte riojano que sirven, por lo menos, para mantenernos despiertos en estos tiempos de modorra colectiva.    

 

Iglesia parroquial.


 

[1] Los 800 reales se pagarían así: 450 de contado, 100 en el momento de entregar dicha obra y los 250 restantes para San Juan de junio de 1654, aparte de 3 ducados más de prometido (AHPL: Pedro de Bilbao. Leg. 2775. Fols. 216-218).

[2] Esteban de Luzón le entregaría por esa enseñanza 400 reales: 100 de inmediato, 100 para el 10 de agosto de 1654 y 200 para la festividad de Nuestra Sseñora de agosto de 1655 (AHPL: Pedro de Bilbao. Leg. 2775. Fols. 214-214 vº).