En el Inventario Artístico de Logroño y su Provincia se da cuenta de que en la primera capilla del lado del Evangelio de la iglesia parroquial de Foncea, situada al norte de la cabecera, hay una inscripción alusiva a su fundador don Juan de Angulo difícil de leer y el consiguiente escudo con sus armas como símbolo de propiedad de dicho recinto. Es decir, que se abre en un punto tan relevante del templo que es suficiente por sí solo para comprender la relevancia social del personaje. Nada sabemos aún sobre los maestros canteros que dieron trazas y condiciones para construirla o que asumieron finalmente su fábrica, pero todo tiende a indicar que el principal protagonista sería el maestro de obras Juan de Raón, a quien hemos documentado en Foncea emitiendo dictamen pericial sobre la fuente que se trataba de recomponer junto a la iglesia el año 1675. Así parece también deducirse de las propias calidades de la fábrica y la semejanza que su diseño mantiene con la que fuera Capilla de don Pedro Navarro Gareca en la basílica de Nuestra Señora de la Vega, por lo que no sería nada extraño adjudicar a este especialista tanto su construcción como asimismo las trazas y condiciones. Y es que sabemos que el 6 de julio de ese año, y en virtud de la licencia concedida por el Provisor en Briviesca el 14 de junio de 1674, se reunían el Cabildo, cura, beneficiados y mayordomos de la iglesia a son de campana tañida para vender con las formalidades de rigor el sitio para edificar la capilla a don Juan de Angulo “desde el altar de San Sebastián assta el pilar del púlpito de dicha yglesia (… …) rronpiendo un arco del paredón de la iglesia, asegurando su ruina, con capazidad dicho sitio de diez y ssiete o diez y ocho pies de güeco, poco más o menos, para edificarla rreserbando los asientos de la villa escepto la entrada de zinco pies para la entrada de dicha capilla poco más o menos”…  

El precio establecido por la venta de ese sitio era de 200 ducados que se entregaban en esos momentos a la iglesia para imponerlos a censo al 5% de réditos al mismo tiempo que el licenciado don Juan de Angulo (cura y beneficiado más antiguo de la iglesia de Foncea) dotaba a la capilla con un capital de 150 ducados más impuestos al 4% con el fin de emplear 6 ducados anuales en repararla y adornarla como forma de tenerla siempre con el debido decoro. Al mismo tiempo fundaba un aniversario con obligación de celebrar una misa cantada con música de órgano, intervención de dos ministros y presencia obligada del capellán que dotaba con dos fanegas y media de trigo anuales a perpetuidad. Una inteligente forma de garantizar la pervivencia de la capilla, en cuyo interior se planteaba la presencia de tres sepulturas nada más: “una principal en medio, a donde se an de enterrar patrones y capellanes, y en las dos colaterales los ixos y muxeres de dicho patrón y los sazerdotes que fueren parientes del tronco de dicho cura Angulo. Y se adbierte que en dichas sepulturas no pueda aber tunba lebantada más de en el discurso de el año del fallecimiento según y como se acostunbra”.

Como nota destacada conviene citar que esta estructura de claras raíces clasicistas tenía que mantenerse siempre abierta, sin reja ni cerradura, para poder decir misa en ella sin ningún tipo de trabas (de ese modo todo el mundo podría entrar cuando quisiera) y al mismo tiempo administrar con la mayor agilidad los sacramentos de penitencia y eucaristía por haber resuelto que “aya en el rretablo una custodia o caxa para el beático (… …) y la llabe de dicha custodia a de andar junta con las llabes del sagrario principal en poder de los señores curas”. Paralelamente, el fundador donaba a la iglesia otros 20 ducados para imponerlos a censo y con el ducado de rédito sufragar la cera que se pudiera gastar durante la celebración de la misa en la mañana de Resurrección [1].

El propio don Juan de Angulo se encargaría luego de poner por escrito todo lo relacionado con esta fundación de cara a que todo el vecindario estuviera siempre informado de los altruistas objetivos que se perseguían [2]. La posterior realización de un retablo y otros detalles más dejarían este espacio convertido en un verdadero lugar de recogimiento espiritual.

No obstante, el paso del tiempo acabaría quebrantando al poco tiempo los sólidos pilares de tan encomiable proyecto, pues tan sólo 100 años después el estado que ofrecía la capilla era realmente lamentable. Por eso en octubre de 1765 se exigía a su entonces patrón, Juan José de Angulo, que la restaurara y que se planteara asimismo tanto el futuro del retablo que en ella había como el de la propia capilla, ya que en caso contrario sería preciso tomar medidas muy drásticas. Tras autorizar en Briviesca las diligencias necesarias, el 29 de octubre de ese año varios testigos confirmaban que 130 ducados serían suficientes para adecentarla y poder celebrar misa en ella con la dignidad requerida. De ahí que el 3 de noviembre se acordara comunicar a Juan José de Angulo la obligación que tenía de aportar esos 130 ducados además de los 150 donados por el fundador [3].

En la actualidad el retablo articulado por columnas salomónicas que formaba parte integrante del proyecto de construcción de la capilla sigue manteniéndose en el mismo lugar para el que fue concebido y su programa iconográfico invariable: una imagen del Salvador en la casa titular y en el ático otra de la Asunción, ambas coetáneas de su marco ambiental.

La Capilla de don Juan de Angulo en una fotografía de fecha 21 de agosto de 1984.

 


[1] AHPL: Antonio de Castillo. Leg. 3819. Fols. 73-74 vº.

[2] AHPL: Cristóbal Ruiz Cobos. Leg. 3719. Fols. 140-141.

[3] AHPL: Martín López Abalos. Leg. 4181. Fols. 158-164 vº.

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