De las muchas posesiones que el monasterio de San Millán de la Cogolla tenía tradicionalmente, en el siglo XVIII el abad tan sólo era señor de Cihuri, San Miguel de Pedroso, de Pazuengos con sus aldeas Óllora y Villanueva y de las granjas de San Martín de Soto y la Esclavitu [1]. Pues bien, la Serna de San Martín de Soto (cuyo nombre de Serna se convierte en todo un guiño hacia esos originales lazos de vasallaje) estaba enclavada dentro del territorio del Valle de San Millán, en un estratégico espacio que reunía las condiciones ambientales necesarias para que a comienzos de ese siglo la comunidad de monjes se planteara la necesidad de convertir el lugar en zona de recreo veraniego. Es así como, tras numerosas gestiones, en 1711 se encomendaba al lego fray Pedro Martínez, residente en el monasterio de San Pedro de Cardeña (Burgos), la realización de trazas y condiciones para levantar allí una casa lo suficientemente ambiciosa como para que la estancia en ella fuera muy cómoda. Es así como, valiéndose de operarios y siguiendo las indicaciones de fray Pedro Martínez, se abrían cimientos al mismo tiempo que entraban en contacto con el maestro cantero Cristóbal de Bascarán, avecindado en Briones, con el fin de encomendarle la construcción del edificio con fecha  21 de julio de ese año, según escritura materializada por fray Lorenzo de Muro, abad del monasterio y “maestro general de la religión de San Benito”,los mayordomos fray Benito Paredes y fray Benito Osés y el granero fray José de Rabanera Salazar ante Diego de Barrueta, escribano del Valle [2]. Y es que la elección de dicho cantero para hacerse cargo de las obras no era algo accidental, ya que previamente había desarrollado en el priorato de Cihuri diversos cometidos.

Ésa era la razón por la que algunos días más tarde, concretamente el 10 de agosto, se desplazaba hasta Briones fray José de Lázaro, como prior del oratorio de Cihuri, para dar el visto bueno a las fianzas presentadas por Cristóbal de Bascarán como garantía de que los trabajos en la fábrica de la casa se iban a desarrollar con la seriedad que el momento exigía. Ningún problema, pues, para que le salieran como fiadores gentes tan importantes en la sociedad brionera como don José Marrón Hurtado de Mendoza, alcalde ordinario por el estado noble, don José Manuel de Gadea y Tamayo, don José Orive de Arciniega, don Francisco Fernández Gallo, don Pedro Bujanda, don Juan de Romerino y don Francisco Antonio de Ibarra.

Y aunque Cristóbal de Bascarán no sabía firmar (una prueba evidente de sus limitaciones), nadie de los allí asistentes se atrevía a poner en duda sus dotes profesionales, de las que para entonces ya había dado pruebas más que sobradas. Y, para que nadie se llamara a error, se volvía a incidir una vez más en lo que se pretendía: levantar una casa nueva “en término del Valle de San Millán en eredad propia de dicho monasterio que llaman la Serna de San Martín de Soto, que dicha casa a de ser y seruir para la recreazión de los monjes de dicho monasterio, en el sitio y paraxe que para la fabricar dicho Christóual de Bascarán se le an abierto los zimientos por dicho monasterio según y en la forma que demuestran las trazas echas por el padre frai Pedro Martínez, relixioso lego de dicho Orden en el rreal monasterio de San Pedro de Cardeña, sin faltar a ellas en cosa alguna ni exzeder sin el permiso y lizenzia de dicho rrevrendísimo padre abad, prior, monxes y conuento y condiziones que tienen conferidas y echas para la execuzión de dicha obra y escritura en virtud de ellas” [3].

La noticia, independientemente de su mayor o menor importancia, es en sí mismo sumamente interesante porque nos pone en relación directa con un fraile-artista de gran sensibilidad que interviene en La Rioja en proyectos de profundo calado y que sirve de algún modo para completar su apasionante biografía. En este sentido conviene recordar, por ejemplo, que era en 1710 cuando fray Pedro Martínez aparecía por Haro “para ocuparse durante cuatro días en dar traza y reconocer el sitio de la sacristía, rretablo y sagrario de la yglesia” de Santo Tomás: un proyecto que finalmente acabaría materializándose en un elegante relicario en templete en la base del actual retablo mayor de dicho templo que él mismo se encargó de realizar y que, por circunstancias del destino, se convertía sin querer en el preludio de otras importantes intervenciones más, en concreto la fábrica de un innovador chapitel de fábrica como coronamiento de la torre en sustitución del original que había de armadura tras los grandes desperfectos que sufrió con ocasión de la caída de un rayo el 18 de junio de 1717 [4]… Gracias a ello nacía un elegante prototipo que tantas repercusiones tendría en el ámbito del extenso territorio diocesano de Calahorra y La Calzada.  

[1] IBÁÑEZ RODRÍGUEZ, S., El dominio del monasterio de San Millán de la Cogolla. Brocar nº 25 (2001), pp. 27-74).

[2] Los protocolos notariales, como escrituras públicas que son, deberían pasar a engrosar los fondos del Archivo Histórico Provincial, ya que en estos momentos las dificultades para consultarlos son bastante evidentes. En ellos, con toda seguridad, se guardará sin lugar a dudas la traza y lista de condiciones realizadas por fray Pedro Martínez.

[3] Testigos de ello eran Francisco Lezana, Lucas Orive de Arciniega y Pedro Miguel (AHPL: Domingo de Arciniega. Leg. 3931. Fols. 45-46).

[4] RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., Torres y Conjuratorios de La Rioja. Oyón, 1988.