A veces, investigando entre viejos papeles sobre temas de La Rioja, surge sin querer alguna noticia que, aunque nada tiene que ver con tu zona de estudio, bien vale la pena rescatar para recomponer aunque sólo sea una pequeña parcela de nuestra historia colectiva. La de todos. Porque en materia de investigación no puede haber ni barreras ni límites administrativos. Por eso me sorprendió gratamente localizar un documento en que se traza de forma sucinta todo el proceso de construcción de la ermita de Nuestra Señora del Castillo en El Royo y Roñadas de Soria, centro de devociones de toda la comarca.

Situada en un estratégico promontorio desde el que se domina un bellísimo paisaje, el propio nombre nos revela que justo en ese lugar se levantaba una torre fuerte junto a la cual se construiría con el paso del tiempo una pequeña ermita. El caso es que en el verano de 1712 toda la estructura de este edificio religioso estaba tan deteriorada que su mayordomo, en este caso Manuel García Herrera, no tendría otro remedio que plantear su reconstrucción con el apoyo de todos los cofrades. Así que, tras hacer un balance de los dineros disponibles, se llegaba a la conclusión de que la propia ermita disponía de un caudal de 300 ducados que podrían emplearse para tan importantes fines, a los que había que añadir otros 6.000 reales que se habían ofrecido a aportar los vecinos y otras rentas más de la propia ermita que sumaban más de 400 reales anuales. Razón por la que, tras establecer contacto con diferentes especialistas de cara a definir el alcance de las actuaciones y elaborar las oportunas trazas y condiciones, se solicitaba licencia para acometer las obras. Licencia que las autoridades eclesiásticas concedían en el Burgo de Osma con fecha 5 de julio de 1712 con el fin de que pudieran convocar el necesario remate y adjudicar los trabajos en el maestro cantero que hiciera la postura más baja.

Once días después el Concejo de El Royo, por entonces aldea de Soria, tomaba el acuerdo de conducir por su cuenta los materiales precisos y ponerlos a pie de obra, según acuerdo con el maestro cantero de origen cántabro Baltasar de Pontones, que era el que se había adjudicado el remate por 12.500 reales en todo lo tocante a cantería y mampostería, no así la carpintería, que corría a cuenta del Concejo así como el transporte de dichos materiales.

Por las condiciones fechadas el 25 de julio de ese año y otros detalles más todo tiende a indicar que sería el propio Baltasar de Pontones el autor del proyecto de reconstrucción de la ermita en el que se planteaba las siguientes actuaciones:  

  • Demoler completamente la ermita existente por entonces menos la torre, si bien la pared del mediodía no se tendría que derribar en su totalidad de cara a reaprovecharla como antepecho del cementerio que se iba a hacer.
  • Los cimientos y paredes tenían que ser de 4 pies y medio de grueso. Es decir, lo suficientemente fuertes como para aguantar los empujes de bóvedas y arcos torales. Por su parte, las cuatro esquinas tenían que hacerse de sillería y los estribos y pilastras según estaba especificado en la traza.
  • Las puertas y ventanas se planteaban de piedra labrada al igual que las dos esquinas de la sacristía.
  • En la pared del lado este, es decir, en el testero de la ermita se tenía que fabricar un arco de piedra para asentar el retablo de Nuestra Señora.
  • Echar una cornisa en la parte interior de piedra labrada sobre las pilastras con sus capiteles.
  • Hacer taludes y demoler el cuerpo de troneras de la torre para volverlo a realizar hasta llegar a los 30 pies.
  • Vaciar los arcos torales, fabricar las tres bóvedas de piedra labrada y dejar dos arcos más para cobijar unos retablos colaterales.

No obstante, cuando todo parecía estar completamente definido y el propio Baltasar de Pontones había incluso iniciado sus actuaciones pensando que no tendría ningún competidor, el 3 de noviembre aparecía en escena el también cantero y albañil Francisco de la Hermosa, natural de Hermosa en la Junta de Cudeyo, el cual se obligaba a hacer la obra por 13.250 reales. O sea, una cantidad sensiblemente superior a la que figuraba en el ajuste con Baltasar de Pontones, lo que no sería impedimento para que dos días más tarde Francisco de la Hermosa firmara escritura en Villoslada de Cameros por la que se obligaba a construir la nueva ermita siguiendo la misma traza y condiciones elaboradas por Baltasar de Pontones [1]. Un aumento en el precio que habría que explicar en función de toda una serie de mejoras en el proyecto apalabradas previamente con los comitentes…

Sirvan, pues, estas líneas para reivindicar la historia de la ermita y cuidarla con el mismo celo que pusieron nuestros antepasados.

[1] AHPL: Juan Bautista Puerta. Leg. 7115. Fols. 54-63 vº.