Ningún dato se conoce hasta ahora sobre el proceso constructivo de la iglesia de Clavijo o de la mayor parte de las obras que guarda, algunas de ellas, en concreto, de especial encanto por sus más que notorias calidades, entre ellas una imagen de Santa Catalina realizada por maestre Anse que, aunque ha perdido una buena parte de su policromía, hoy se acomoda al ático de un retablo colateral del lado del Evangelio. Y es que, al no haberse conservado algunas fuentes documentales directas de gran utilidad, sólo los estudios comparativos o las referencias tangenciales permiten por lo menos llegar a conclusiones moderadamente razonables en determinados casos, sin olvidar que la complejidad reside también en que, al ser Clavijo un lugar tan estratégico, próximo a Logroño pero al mismo tiempo umbral hacia ambos Cameros, son muchos los factores que hay que tener en cuenta a la hora de emitir opinión.

De todos modos, basta con fijarse en algunos detalles del exterior (especialmente la línea de enjarje que recorre en sentido vertical el segundo tramo) para concluir que, a grandes rasgos, la iglesia fue construida en dos etapas complementarias, convirtiéndose su fábrica de algún modo en síntesis de las más diversas corrientes regionales. Organizada a base de una sola nave de tres tramos con capillas altas entre los contrafuertes y cabecera ochavada de tres paños, fue proyectada para que los cascos de las capillas centrales llevaran crucería estrellada, mientras que las laterales se resolvían con crucería simple. El acceso al interior de este edificio religioso permite conocer que, si bien la capilla mayor mantiene un mismo lenguaje constructivo (es decir, la cabecera y todo el ámbito de lo que hace las veces de crucero) en estrecha sintonía con las soluciones que se prodigan en el segundo tramo, lo cierto es que en esteúltimo caso las capillas laterales se cubren ya con bóveda de medio cañón imitando casetones que tratan de reproducir lo que ocurre en la iglesia de Murillo de Río Leza. Y todo ello sin anular para nada los arranques de la crucería simple, que todavía se conservan quizá por necesidad de obviar gastos en su momento, lo que se convierte en claro indicativo de lo que fue un cambio de planes en el proceso constructivo. De manera que es aquí, a partir de este segundo tramo, donde se perciben ya nuevos afanes por evolucionar hacia otro tipo de soluciones, independientemente de la voluntad expresa por respetar la tipología original de ménsulas y pilares, de marcado carácter renacentista.

Son, en definitiva, detalles a tener en cuenta que han quedado definitivamente refrendados a través de losprotocolos notariales de Murillo de Río Leza, pues es gracias a unas sencillas referencias aisladas en medio de una larga maraña de datos cuando ya podremos asociar en lo sucesivo unos nombres concretos a la bella silueta de sillería del templo.

Las obras de la iglesia en cuestión se remataron en un primer momento en el cantero Martín López de Totorica, probablemente en una fecha no muy alejada de 1555, si bien tras su fallecimiento era Juan Martínez de Goicoechea, como curador de sus hijos, quien se responsabilizaba de traspasar la prosecución de los trabajos a Pedro de Zaldúa por escritura firmada ante Juan Martínez, escribano de Clavijo. Ahora bien, las muchas ocupaciones que tenía Pedro de Zaldúa por entonces junto a otros factores personales más serían la causa de que el 22 de abril de 1609 este últimooptara por ceder la obra a su compañero de oficio Domingo de Legarra en Murillo de Río Leza, en cuya iglesia estaban trabajando los dos en esos momentos, a condición de que se obligara a seguir con todo detalle la traza y condiciones aprobadas por Martín López de Totorica y de que se tasara lo realizado hasta esa fecha por Pedro de Zaldúa y sus ayudantes1.

Tras una serie de primeros titubeos y puesta en claro de algunos detalles, el 21 de abril de 1613 el cantero Domingo de Legarra llegaba a un acuerdo en Clavijo con los Regidores Juan de Jalón y Juan García y el Procurador General Felipe Martínez para la prosecución final de los trabajos haciendo previamente estas aclaratorias consideraciones: “el dicho maese Domingo de Legarra, como cesonario de maese Pedro de Caldúa, cantero beçino del lugar de Asteasu, çesonario ansimismo de la hija y eredera de Martín López de Totorica, cantero ya difunto, suçedió y está obligado a açer y dar acauada en toda perfeçión la capilla, torre y coro questá enpeçado y se ba açiendo en la yglesia de Santa María desta villa en el tiempo y con las condiciones questaba obligado el dicho Martín López y con las penas contenidas en las escripturas (…)”.

Es decir, que todos los esfuerzos se centraban en concluir el último tramo de la iglesia de acuerdo con estas cláusulas:                                                                                               

  • “(…) echas las paredes y texados y echadas las aguas fuera desde aquí a el día y Pasqua de Nauidad primero que berná deste año, dándole para ello el Concexo, Justiçia y Reximiento desta dicha villa la teja, ladrillo y yelso y las fustas de madera necesario, todo puesto al pie de la obra, con que se declara que las fustas se entienda las quel Concexo tubiere de suyo; y si fueren menester comprar algunas las a de pagar el dicho maese Domingo del dinero que se le diere; y ansimismo se declara que las fustas grandes a de ayudar a traer con sus carretas el dicho maese Domingo y lo demás lo a de traer el dicho Concexo a su costa del dicho Concexo o al pie de la dicha obra como ba dicho”. 
  • Y toda la demás obra a de hacer y dar echa y acauada de todo punto el dicho maese Domingo dentro de tres años primeros siguientes que corren desde oy en adelante”.

También se establecía en esta escritura la cautela de que, en caso de no acabar para el día de Navidad “paredes, tejados y echar aguas fuera”, Domingo de Legarra se obligaba a pagar 300 reales de multa, aparte de asumir también otros gastos derivados de su retraso. Por su parte, los representantes del Concejo contraían el compromiso de pagar a Domingo de Legarra, a sus criados y oficiales 200 ducados para el sustento de todos ellos, además de lo correspondiente a las primicias2.

Natural de Ernialde en Guipúzcoa, el cantero Domingo de Legarra estuvo casado en primeras nupcias con María de Arteche, hija de Juan de Arteche, si bien al enviudar acabaría contrayendo matrimonio con María Ruiz de San Andrés, a la que conoció en Murillo de Río Leza mientras estaba atareado en concluir las cubiertas de la monumental iglesia deesta localidad. De estas dos uniones nacieron sus hijos Domingo, Francisco, María, Francisca y Ana. En una casa de la Puerta Nueva muy próxima a este templo habitaba el matrimonio, lindante con la vivienda del cura don Juan Sáinz Navarro, la regadera del molino que bajaba por la Calle Grande y la vía pública, cuando el día 2 de diciembre de 1628 fallecía Domingo de Legarra. Su testamento, así como la relación de bienes que el escribano de turno realiza en diferentes fases a partir del mismo momento de su muerte, resulta de particular interés para conocer importantes aspectos de su vida profesional. Aparte de manifestar su deseo de ser enterrado en la iglesia de Murillo de Río Leza, “en el estado primero a el lado de la Epístola”, y de delegar en María Ruiz de San Andrés todo el ritual de su entierro, hacía constar que debía 50 ducados a los hijos de María de Amallo, natural de Amasa en Guipúzcoa, los cuales había cobrado de los responsables de la iglesia de Robres del Castillo, lo que hace suponer que le ayudarían como oficiales en aspectos muy puntuales de este edificio de raíces románicas. También hacía constar por otra de las cláusulas testamentarias la deuda de 40 ducados que tenía con su hermano Pedro de Legarra de todo el tiempo que había trabajado con él en el oficio de cantero.

Pero son los documentos que guardaba con tanto celo en su escritorio los que sirven para darnos una mayor proyección de sus habilidades como cantero. Entre ellos la escritura del remate de la torre que había construido en la iglesia de Luezas, una cédula de 200 reales para Miguel Pardo, vecino de Lerín, como consecuencia de sus intervenciones en la iglesia parroquial de esta población navarra, un libro de cartas de pago referentes a sus trabajos en la iglesia de Murillo de Río Leza y otra carta de pago más librada a un vecino de La Villa de Ocón por similares razones.

A estos papeles había que añadir los que se encontraron también al proseguir el inventario de bienes con fecha 16 de diciembre y que podrían sintetizarse en la siguiente relación:    

  • Una libranza de 400 ducados de los primicieros de la iglesia de Lerín fechada el 8 de febrero de
  • Un poder otorgado por Pedro de Zaldúa y Martín de Bengoechea de 2 de marzo de 1617 sobre las primicias de la iglesia de Murillo de Río Leza, cuya tercera parte le correspondía.
  • Una carta de pago del alguacil de Condestable de 10 ducados que debía Domingo de Legarra a Juan de Oteizu, vecino de Estella, fechada el 3 de agosto de 1618 en Lerín.
  • El contrato matrimonial formalizado en su primera esposa María de
  • La tasación que Domingo de Legarra había hecho de la obra realizada en la iglesia de Elciego por Juan de Emasábel.
  • Distintos papeles alusivos a la obra de la iglesia de Lerín.
  • Un recibo de 925 reales de los lagos que había hecho para el murillejo Juan López de Cenzano y otro documento más sobre idéntico asunto.
  • Una carta de pago otorgada el 23 de marzo de 1628 por un vecino de Treguajantes en Murillo y que habría que relacionar forzosamente con sus trabajos en la iglesia de aquel lugar.
  • Una carta de pago otorgada el 16 de enero de 1627 en Logroño a propósito de 100 ducados librados a Martín de Zaldúa, natural deCizúrquil en Guipúzcoa, con poder de Juan y de María de Zaldúa.
  • La escritura de la obra de la iglesia de
  • Una carta de pago de 300 reales fechada el 1 de abril de 1620 y librada a Domingo de Legarra por don Juan de Zaldúa, hijo y heredero de Pedro de Zaldúa.
  • Otra carta de 50 ducados de un vecino de
  • Una cédula a su favor otorgada el 16 de diciembre de 1615 por el cantero Miguel de Escarza en Logroño “para quando venga al repartimiento del puente de Alberite”.
  • Otra carta de pago de un cura de
  • Otra carta más sobre la obra de la iglesia de Lerín de 2 de septiembre de 1610 (es decir, todo lo referente a cubrir la nave y las capillas colaterales).
  • Una serie de documentos en los que quedaban aclaradas sus relaciones profesionales con Juan de Arza y Juanes de Urquizu.

Como colofón a todo ello habría que citar asimismo una carta de don Juan de Zaldúa y de los herederos de Pedro de Zaldúa y Martín de Bengoechea al igual que una averiguación de cuentas con el asentador Juanes de Urquizu3.

Vemos, por tanto, cómo unos simples datos aislados ayudan a recomponer una parte importante de la historia de un pueblo que hasta ahora permanecía desconocida, en este caso Clavijo, y a perfilar aspectos más complejos del panorama artístico regional…


1 AHPL: Sebastián Malo. Leg. 8390. Fols. 151-152.            

2 AHPL: Juan Martínez. Leg. 8272, s/f.  

3 AHPL: Juan Martínez. Leg. 8324. Fols. 171-192 vº.