Era el 8 de septiembre de 1861 cuando el Papa Pío IX dejaba trazadas las líneas maestras para crear la Diócesis de Vitoria desgajándola definitivamente del extenso territorio diocesano de Calahorra-La Calzada, como consecuencia de lo cual la iglesia colegial de Santa María de esa población pasaba a ser consagrada como catedral en 1863. Un hecho importante que sirve para explicar, entre otras muchas cosas, por qué hasta entonces unos mismos artistas se desenvolvían sin trabas y con absoluta libertad a uno y otro lado del Ebro: canteros, arquitectos de retablos, escultores, pintores-doradores, rejeros, bordadores, plateros… Viene esto a justificar por qué a veces, en mi pasión por explorar en algunas biografías, no tengo otro remedio que referirme a localidades que en estos precisos instantes nada tienen que ver con La Rioja, lo que en ocasiones me ha causado alguna pequeña reprimenda telefónica por considerarme un intruso. De otra parte, aún recuerdo, por ejemplo, los momentos tan tensos que viví en dos pueblos navarros que pertenecieron de siempre a la Diócesis de Calahorra-La Calzada cuando acudí hasta allí con intención de hacer unas cuantas fotografías de sus retablos mayores a pesar de haber solicitado previamente el oportuno permiso.

En este caso quisiera referirme una vez más a la encantadora iglesia de Baños de Ebro y más en concreto a la reforma que sufrió en el segundo cuarto del siglo XVIII [1].

A este respecto conviene recordar que el Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria refiere que este templo en planta de cruz latina fue edificado en dos periodos complementarios: una primera fase que arranca en 1570 y en la que interviene el maestro cantero Juan de Asteasu y una segunda comprendida entre 1737 y 1741 en la que el protagonismo quedaba en manos de maestros de obras tan solventes como Agustín Ruiz de Azcárraga, José Iloro, Ignacio de Elejalde y Domingo de Orosuno [2].

Pues bien, sabemos que en 1671 la capilla mayor de este templo presentaba serias disfunciones que era preciso corregir. De ahí que el 26 de noviembre de ese año Francisco de Burguera y Juan Ibáñez, vecino de Pipaón, jurisdicción de Peñacerrada, declararan haber ajustado con el maestro carpintero de armar Diego de Lagándara el transporte hasta el barco de Baños de Ebro de la madera necesaria para apuntalar dicha capilla, montar andamios, cimbrias y todo lo demás anejo para asegurarla definitivamente según traza y condiciones que se habían formado para la ocasión [3].

Es decir, que se trataba de una actuación de corto recorrido con la que se procuraba ganar tiempo hasta que la iglesia contara con fondos suficientes como para acometer la construcción de una nueva capilla mayor mucho más ambiciosa y consecuente con los gustos de la época. Y el momento propicio llegaba, por fin, en el otoño de 1739 en medio de grandes expectativas por parte de todo el vecindario, para lo cual los administradores del templo habían contactado con los maestros de obras más experimentados de la época. Basta con recurrir a la declaración de Agustín Ruiz de Azcárraga hijo, ocupado por entonces en distintos menesteres en la ciudad de Haro, en la que hace un preciso y certero retrato de la situación, circunstancia que por su valor histórico me lleva a reproducirla en su integridad. No sólo por las propias calidades del relato, sino porque se hace alusión a un conjunto de profesionales de gran valía y muy compenetrados entre sí, en especial a Juan Bautista Arbaizar, a quien hay que considerar como uno de los grandes monstruos de la cantería riojana, siempre tan identificado con los modelos y soluciones difundidas anteriormente por la familia luxemburguesa de los Raón…

Así se pronunciaba Agustín Ruiz de Azcárraga hijo el 16 de octubre de 1739, fecha en la que daba poder a don Juan de Covarrubias, procurador de la Real Chancillería de Valladolid, para comparecer ante el presidente y oidores de dicha Institución:  

“Que para executarse la obra de la capilla maior y cruzero con su media naranja de la yglesia parroquial de la villa de Baños de Ebro se formó traza y condiciones y se sacó a el pregón en virtud de lizenzia del ordinario eclesiástico de este Obispado de Calaorra y la Calzada, la que se remató en mí y en Agustín Rruiz de Azcárraga, mi padre ya difunto, como en más vtiles postores. Y, aunque dicha lizencia fue con la condición de que no se pidiesen mejoras, hauiendo medido el sitio y plan de dicha fábrica pareció a dicho mi padre el que para que quedase perfecta según reglas de arquitectura faltaba a dicho plan y sitio tres pies de güeco, los que fueron precisos añadir a la traza y condiciones que para su erección se ejecutaron con que se consiguió la maior hermosura de la obra, en que convinieron los compatronos de dicha yglesia, y en este concepto se dio principio y prosiguió a dicha obra asta que fallezió dicho mi padre. Y, a causa de que no me corría salud en la dicha villa de Baños, pasé ha dar la conclusión de la referida obra a Joséph de Yloro y Domingo de Orronzuno, maestros de arquitectura y cantería con consentimiento de dichos patronos y comisarios de ella, a cuio fin se otorgó escritura en forma por todos los referidos y los dichos maestros afianzaron su obligación.

Y, haviéndola concluido, se intentó por los comisarios y maestros con mi asistencia se nombró maestro o maestros para el entrego y reconocimiento de dicha obra. Y por los referidos compatronos de la yglesia se nonbró a Juan Bautista de Albeizar para el referido efecto como maestro que hauía ejecutado la traza y condiciones para dicha fábrica, en el qual consintieron los dichos Joséph de Yloro y Domingo de Orronzuno. Y con mi asistencia los tres nombramos de nuestra parte al citado perito que havían nominado dichos comisarios, quien, en virtud del referido nombramiento, midió y reconoció la dicha obra y fábrica teniendo presente la traza y condiciones que ejecutó para ella. Y, haviéndolo echo, declaró dicho Arbaizar que la mejora ejecutada en la estensión de dicha fábrica fue precisa para su maior hermosura y permanencia motibando el que los maestros a el tiempo de tomar las medidas con facilidad se pueden equibocar en la estensión del sitio como se ejecutó en el de la referida obra. Y, como práctico y maestro de inteligencia, lo previo el dicho Agustín de Azcárraga mi padre, cuias mejoras y otras que declararon eran de aumento a lo que refiere dicha traza y condiciones y se me debían satisfazer.

Y que, aunque en la altura de dicha traza le faltaba como vn pie, no por esto causaba imperfección a la fábrica, cuio valor bajó el dicho maestro de la cantidad que importaban dichas mejoras sin envargo de que el importe de dicho pie no debe correr de mi cargo el otorgante, sí de los dichos maestros que se obligaron a la conclusión de la expresada obra según la traza y condiciones que tubieron presentes, por cuia razón les di catorze mill reales como lo expresa la escriptura que ba citada. Y, vajada la cantidad que valía dicho pie, quedó el valor de las mejoras en líquido en dos mill y novecientos reales, los que pedí a dichos comisarios, los que se negaron a satisfacérmelos. Y para lograrlo me presenté ante el Provisor y Vicario general de dicho Obispado a fin de conseguir la paga de ellos, por quien se libraron diferentes despachos para abriguación de lo que va referido y saber los caudales que tenía la fábrica de dicha yglesia para su manutención. Y que el cura de ella y alcalde ordinario de dicha villa informase en vista de los libros de dicha fábrica y declaración de dicho maestro, quienes declararon a continuación de dichos despachos ser cierta la cantidad que ba referida se me estaba deviendo. En cuia vista el expresado juez eclesiástico por su auto mandó se despachase libramiento a mi favor para que el cura y maiordomo de dicha yglesia me la pagasen dentro de seis días de los efectos de ella pena de excomunión maior, a cuio decreto y libramiento se opusieron los ia citados cura y maiordomo y alegaron en dicho tribunal del ordinario eclesiástico largamente en cuio tiempo de fianza de seguro de los dichos dos mill y nobecientos reales por lo correspondiente a los que les pudieran pertenecer a mis hermanos y herederos de dicho mi padre.

Y, conclusa la causa, por vna y otra parte se dio por dicho Provisor auto mandando se expidiese libramiento para que dentro de tres días me satisfaciesen dicho cura y maiordomo la expresada cantidad, pena de excomunión mayor late sententie, y que no se gastasen de los efectos de dicha yglesia en este pleito maravedís algunos, de cuia resolución se apeló por los referidos cura y maiordomo y por ser executiba no se admitió en el efecto suspensibo sí sólo en el dibolutibo, lo que motiuó  los susodichos conparezer ante dichos señores Presidente y Oidores a pretender rreal provisión de fuerza, como la lograron, y con que se alla requerido dicho juez ordinario eclesiástico y dádole el devido cumplimiento, como resulta de los autos echos en esta razón, y en consequencia de ellos pida el dicho poderista ante dichos señores se declare que en no haver admitido la dicha apelación dicho Provisor y juez eclesiástico en ambos efectos no haze fuerza y las demás declaraciones y determinaciones que más convengan a mi favor, sobre lo qual haga los pedimentos e informes más vtiles y oportunos y las demás diligencias judiciales i extrajudiciales que yo haría presentes siendo, logrando para la execución de todo ello los reales despachos que sean necesarios, que el poder que para todo lo susodicho y demás anexo y concerniente se requiere ese mismo le doy y otorgo a dicho poderista (… …)” [4].

Es decir, que gracias a este relato sabemos que fue Juan Bautista Arbaizar quien dio las trazas y condiciones necesarias para edificar la nueva capilla mayor de la iglesia (testero y crucero), que asimismo fue Agustín Ruiz de Azcárraga quien con su hijo del mismo nombre se adjudicaba los trabajos de la capilla mayor en público remate y que en el transcurso de las obras fallecía Agustín Ruiz de Azcárraga padre después de haber introducido ciertas mejoras en el proyecto que eran de todo punto necesarias, razón por la que Agustín Ruiz de Azcárraga hijo, alegando problemas de salud y abrumado por tener que asumir tantas responsabilidades en solitario, optaba por traspasar los trabajos que tenía pendientes a José de Iloro y Domingo de Orronzuno. Y es ahí, precisamente ahí, donde radicaba el problema: en quién tenía que asumir el coste de las mejoras que se habían introducido en el plan con las que estaba completamente de acuerdo el propio Juan Bautista Arbaizar, que las consideraba muy necesarias. Pero, sin lugar a dudas, lo más importante de este documento radica en los horizontes que abre: la cordial relación entre esos grandes profesionales, el respeto mutuo que se tenían Juan Bautista Arbaizar y Agustín Ruiz de Azcárraga, la presencia activa de Ignacio de Elejalde, yerno del primero, y, como trasfondo de esta escenografía, la entonces villa de Cenicero, hogar definitivo de adopción de los Ruiz de Azcárraga y referente incuestionable de la cantería riojana a partir de mediados del siglo XVIII…

Y, como colofón de estas actuaciones, la presencia del famoso pintor José de Beges en Baños de Ebro para encargarse de la decoración mural de tan encantadores espacios…  



[1] RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., Torres y conjuratorios de La Rioja. Oyón (Álava), 1988.

RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., El retablo mayor de Baños de Ebro. La Rioja del Lunes, 30 de enero de 1989.

RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., La torre de la iglesia parroquial de Baños de Ebro (Álava), 1 de diciembre de 2012. josemanuelramirezmartínez.es

RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., El retablo mayor de la iglesia parroquial de Baños de Ebro (Álava), 1 de agosto de 2013. josemanuelramirezmartínez.es

[2] ENCISO VIANA, E. y CANTERA ORIVE, J., Catálogo monumental Diócesis de Vitoria. Vitoria, 1967, pp. 31-34.

[3] Por cada pieza conducida hasta dicho barco recibirían a razón de 13 reales por las 90 primeras y por las demás según se concertaren. A cuenta de ello ambos confesaban tener recibidos hasta la fecha 1.300 reales (AHPL: Miguel Bazán. Leg. 9500. Fols. 47-47 vº).

[4] Testigos de ello eran don Francisco Antonio y don Tomás Manuel de Santerbás y Vergara y Matías de la Cámara (AHPL: Francisco Martínez Hontiberos. Leg. 4046. Fols. 204-206).