Valgañón, como otras localidades de su entorno vinculadas al curso alto del Oja o Glera, perteneció de siempre al Arzobispado de Burgos a pesar de que la ciudad de Santo Domingo de la Calzada, situada a muy corta distancia en ese mismo encuadre natural, era desde antiguo una de las dos prestigiosas sedes episcopales de la Diócesis riojana. Esto no sería impedimento para que, como ocurre con las franjas fronterizas a lo largo del tiempo, los artistas establecidos en esta última población compitieran con los burgaleses por abrir mercados en tan estratégica zona de confluencia.

La aspereza del terreno, sin embargo, sería la causa de que allá por el siglo XVIII especialmente muchos emprendieran el camino de la emigración, bien a tierras americanas o a otras regiones españolas (la Villa y Corte, Zafra, Cádiz-El Puerto de Santa María etc), donde algunos acabarían desempeñando cargos administrativos de verdadera relevancia o abriendo afamados comercios que les proporcionaron una pingüe fortuna. Mientras tanto, los que aquí se quedaron trataban de afrontar la vida con la cría de ganado, el trabajo en los pequeños huertos familiares y poco más: lo suficiente como para subsistir en medio de grandes penalidades. Éste, sin embargo, no sería el caso de la acomodada y culta familia Ángel, que vivía a caballo entre Ezcaray y Haro y era dueña de una gran cabaña ganadera trashumante, gracias a la cual sus miembros consiguieron hacerse inmensamente ricos. Tan ricos como para acometer la construcción de uno de los palacios dieciochescos formalmente más ambiciosos de la región (el situado en la Plaza de la Cruz de Haro) superando así el que el cura don Salvio Ángel había mandado construir pocos años antes a los pies de la iglesia parroquial de Ezcaray.

Pero lo que me gustaría resaltar ahora es la generosidad de todos esos emigrados que habían triunfado, ya que enviaban continuamente grandes sumas de dinero a sus pueblos de origen para acometer todo tipo de fundaciones y obras pero también piezas de arte de los más renombrados especialistas de España para deleite de sus paisanos, aunque todo ello bajo motivaciones no exentas de cierta vanidad. En Valgañón, por ejemplo, tanto la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Tres Fuentes como la ermita de San Andrés, convertida luego en ayuda de parroquia y más tarde en parroquia, están llenas de recuerdos de sus hijos emigrados. Un Valgañón que en el siglo XVIII, y gracias asimismo a las mandas de estos últimos, modificará por completo todo el perímetro de la Plaza Mayor y se dejará seducir al mismo tiempo por la modernidad de importantes proyectos, todo lo cual contribuirá a crear una sólida conciencia colectiva que, como en Zorraquín, acabará desembocando en 1782 en la adquisición de la villa al Duque de Medinaceli (don Manuel Sisternes y Felici) para hacerla realenga…

El 20 de diciembre de 1714, por ejemplo, don Pedro Gonzalo del Río, vecino que fue al mismo tiempo de Valgañón y de Madrid, y su esposa doña María Josefa Velázquez se daban mutuamente poder para testar ante el escribano Francisco Raposo con el fin de que, en caso de fallecer uno de los cónyuges, el otro pudiera garantizar la puesta en práctica de las consiguientes cláusulas y una futura memoria aneja como parte sustancial de dicho testamento. Por esa memoria, fechada el 24 de noviembre de 1718 en Madrid, don Pedro Gonzalo del Río mandaba 2.000 ducados para la edificación de un hospital «que se auía de azer en esta dicha villa y que lo que sobrara después de echa su fábrica se ympusiese a rrenta para la manutenzión y asistenzia de los pobres que concurriesen a él», 4.000 ducados para emplearlos en la nueva fábrica de la ermita-iglesia de San Andrés y 17.000 reales para imponerlos a renta con el fin de mantener un maestro de niños en la villa. Proyectos de singular calado que se planteaban buscando el bienestar de todo el vecindario, de ahí que el 26 de febrero de 1719 doña María Josefa Velázquez se encargara como testamentaria de concretar todas estas disposiciones ante el escribano Francisco Blanco de Castro, dado que por esas fechas había enviudado.

Ahora bien, al contraer luego matrimonio doña María Josefa Velázquez con don Ambrosio María Andriani en Madrid, el 24 de enero de 1722 se reunían en Valgañón las autoridades eclesiásticas y civiles y daban poder don Manuel de Gonzalo del Río, vecino de Valgañón y de Madrid, para cobrar en nombre de los dos estamentos los 4.000 ducados destinados a la fábrica de la iglesia de San Andrés, los 17.000 reales para imponer a renta para la escuela y maestro de niños y 1.000 ducados para garantizar el funcionamiento de dicho hospital “porque aunque la manda fue de dos mill ducados los ottros mill restantes están consumidos y gastados en la fábrica de vna casa que se a echo para dicho ospital y alajas precisas para él”.

Esta última referencia resulta de hecho muy elocuente al informarnos de que la casa destinada a hospital se había construido para entonces. Meses después, concretamente el 1 de julio de ese mismo año de 1722, el licenciado don Juan Antonio de Urrutia, provisor y vicario general en Briviesca por el arcediano don Manuel de Salamanca, concretaba algunos otros detalles más con relación a las obras que se iban a llevar a cabo para dar mayor amplitud a la entonces ermita de San Andrés. Así, hacía constar que don Pedro Gonzalo del Río había mandado por vía testamentaria 4.000 ducados “para con ellos añadir y ensanchar la obra que fuere nezesario hazer en la hermitta de San Andrés sitta en dicha uilla de Balgañón que sirue en ella de ayuda de parrochia por estar la prinzipal distantte del pueblo, cuya cantidad mandó se sacase de su caudal para azer dicha obra”. Como el dinero estaba por esas fechas depositado en las arcas de la cofradía de los Santos Justo y Pastor de Madrid a la espera de emplearlo en dichas obras, procedía a dar licencia refrendada por el notario Simón de Castro para “pasar a remattar dicha obra según la traza y condiziones echas para ella en el día que se señalare poniendo zédulas en las parttes y lugares más combenientes haziendo dicho rematte en el maestro o maestros que mexor postura hiziere dando fianzas dentro de este Arzobispado”. El objetivo era muy claro, pues consistía en derribar por completo la entonces ermita de San Andrés y el Ayuntamiento viejo para aprovechar sus materiales recuperando al mismo tiempo en prueba de respeto el mayor número de sepulturas que había en la primera para situarlas en la nueva iglesia.

Es una pena que la traza que se hizo al efecto y que aquí se menciona haya sido arrancada de la escritura original, si bien la lista de condiciones que ha llegado hasta nosotros permite tener una visión de conjunto de lo que se pretendía con esta intervención: reconvertir la pequeña ermita de San Andrés en un edificio de tipología clasicista de mayores dimensiones. Es decir, fijar con detalle las calidades constructivas del edificio en cuanto a cimientos, mortero, grosor de los muros, presencia de estribos para reforzar su perímetro, medidas totales, portada principal de medio punto de recuerdos escurialenses, otra portada adintelada a los pies del templo, sacristía lo suficientemente baja como para no quitar luces a los ventanales con su aguamanil y sendos huecos para archivo, espadaña para campanas de dos cuerpos con tres elegantes troneras, remates de bolas y un cuarto con tejavana en la parte posterior para cobijar el reloj (para lo cual era absolutamente imprescindible reforzar el muro que le iba a servir de asiento), número de capillas o tramos del buque, hueco sobre el coro para captar las últimas luces del día, planteamiento de los tejados, apoyos, plazos de los pagos… Referencias complementarias indican que la antigua ermita de San Andrés lucía una espadaña cuyas campanas había que reaprovechar en la de la nueva iglesia.

Diferentes referencias aclaran que la realización de la traza y condiciones se encomendó al maestro cantero Lucas de Camporredondo, vecino de Belorado, el cual entraría inmediatamente en contacto con su colega Sebastián de Foncea, también vecino de Belorado, para trazar una estrategia de cara a adjudicarse entre los dos los trabajos. Esto explica que el 10 de agosto de 1722 ellos mismos se ofrecieran a llevarlos a cabo por 40.000 reales sabedores de que para ello había disponibles la elevada cantidad de 4.000 ducados.

El caso es que ese mismo día, estando reunidos en las salas consistoriales de Valgañón las autoridades civiles y religiosas en compañía de diversos maestros alarifes que se habían dado cita para la ocasión, José de Foncea, vecino de Burgos, rebajaba en 100 reales la oferta anterior y, por tanto, se procedía a rematar las obras en él como mejor postor, si bien Lucas de Camporredondo haría notorio su malestar al instante por entender que la baja se había producido de forma irregular. La situación en cualquier caso favorecía con claridad a los comisarios de las obras al haber conseguido crear el ambiente propicio para que se fueran produciendo a continuación diferentes bajas en cadena por otros maestros canteros y alarifes. Es así como tan sólo dos días después comparecían en Valgañón Francisco de Ibarrula y Lucas de Ibarrula, vecinos de Llanteno en tierra de Ayala y consecuentemente territorio del Arzobispado de Burgos, y procedían a rebajar de los 39.900 reales ofertados por José de Foncea la sexta parte “con la quarta partte de dicho reuaje de prometido”.

Pero a pesar del visto bueno dado el 14 de agosto de 1722 en Briviesca por el licenciado don Juan Antonio de Urrutia, provisor y vicario general, para que fueran ellos los encargados de materializar el proyecto, lo cierto es que finalmente el verdadero triunfador en esa cadena de ofertas y contraofertas que se sucedieron en el tiempo hasta convocar un remate final en Briviesca para el 1 de marzo de 1723 sería Sebastián de Foncea y el Campo, el mismo que se comprometía a asumir los trabajos por 33.595 reales a cambio de dar fianzas. Aunque al no poder desplazarse hasta Valgañón para darlas personalmente, el 1 de abril de 1723 don Felipe Antonio del Campo, uno de sus fiadores, otorgaba poder ante el escribano calceatense Manuel de Pisón a don Martín de Tejada, vecino de Ezcaray, con el fin de que lo representara. En este sentido no conviene olvidar que Sebastián de Foncea era hijo de José de Foncea y se limitaba a cumplir el papel asignado por este último para abortar cualquier posibilidad de perder tan importante contrata.

Los comisarios nombrados para la ocasión por el licenciado don Juan Antonio de Urrutia, provisor y vicario general de Briviesca y su arcedianato, en virtud de licencia de fecha 1 de julio de 1722 por testimonio de Simón de Castro Ichumutegui, notario mayor de la audiencia eclesiástica de dicho arcedianato, eran don Ventura de Belorado y Atienza, don Manuel Gonzalo y Zaldo y don Matías de Belorado y Atienza, beneficiados en Valgañón, el alcalde ordinario don Agustín de Castro, el regidor Baltasar Gonzalo Barbero y el procurador síndico general José de la Iglesia. Los mismos que el 2 de abril de 1723 hacían un balance de la situación y se comprometían formalmente a pagar a Sebastián de Foncea y el Campo los 33.595 reales del concierto en los plazos previstos una vez que tomaran posesión de los 4.000 ducados que por orden del Real y Supremo Consejo de Castilla estaban depositados en las arcas de la cofradía madrileña de los Santos Justo y Pastor. Por su parte Sebastián de Foncea y el Campo en nombre propio y de sus fiadores don Martín de Tejada, vecino de Ezcaray, don Felipe Antonio Martínez, vecino de Santo Domingo de la Calzada, el maestro alarife José de Foncea, vecino de Burgos, y el maestro cantero Lucas de Camporredondo, vecino de Belorado, se responsabilizaba de dar la ermita-iglesia terminada en el plazo de dos años a partir del mismo momento en que recibiera el primer plazo que estaba previsto.

La referencia es lo suficientemente clarificadora como para deducir que tanto José de Foncea como Lucas de Camporredondo habrían llegado ya a un acuerdo económico con Sebastián de Foncea y el Campo para participar en los trabajos de construcción del nuevo templo. Tan sólo era cuestión, pues, de solventar algunos pequeños pormenores administrativos. Esto explica que el 26 de junio de 1723 se diera poder en Valgañón a don Manuel y don José Gonzalo del Río, vecinos de Madrid, para rescatar definitivamente los 4.000 ducados y poder de ese modo dar comienzo a los trabajos a la mayor prontitud.

Tan es así que casi dos años después la cantería del edificio estaba prácticamente ultimada. De ahí que el 12 de mayo de 1725 los maestros de obras Sebastián de Foncea y Lucas de Camporredondo, “a cuyo cargo está fabricar la yglesia de San Andrés (el fabricar y concluir dicha yglesia en vn ttodo) desta dicha villa que al presente se está ejecutando”, encargaban al maestro albañil Domingo de Acha, vecino de Respaldiza en el valle de Ayala, la realización de todas las obras concernientes a su especialidad:

“Primeramente se an de azer diez arcos, diez capillas, dos quartos de vóuedas, enladrillado, suelos de yeso, entiéndese el coro enladrillado, enjutados de arcos, maestrear todas las paredes de jarreo y blanqueo por la partte de adenttro como tamuién puertas, ventanas, escarzanes y esconzados y todo lo que conduziere a aluañilería, las quales digo, todo lo qual a de ser de obligazión del dicho Domingo de Acha a ejecutarlo y dejarlo con ttoda arte, seguridad y perfeczión a vista de maestros. Y si suzediere el que no lo esté lo a de voluer a hazer nueuamente por su quenta y riesgo. Y a de poner todos los matteriales nezesarios excepto el ladrillo que fuere nezesario para los dichos arcos, capillas y enladrillados, cal y arena para enjuttar y en nibelar los arcos por sobre alto para que sobre ellos se asienten las soleras y nudillos de madera sobre que se a de asentar la carpinttería, que estos materiales a de ser de quenta de dichos Seuastián de Fonzea y Lucas de Camporredondo el dárselos al pie de la obra. Y dicha obra la a de ttener concluida y acauada el dicho Domingo de Acha para el día de Nuestra Señora de septiembre deste presente año, quince días más o menos, por la qual le an de dar y pagar los dichos Seuastián de Fonzea y Lucas de Camporredondo quatro mil ducientos y sesenta y cinco rreales de vellón, los quales le an de entregar conforme vaya trauajando en dicha obra llanamente y sin pleito alguno” .

En ese intervalo, sin embargo, se aprovechaba para introducir importantes mejoras por un precio total de 3.640 reales y pocos meses después la iglesia estaba enteramente concluida. Tan es así que el 17 de noviembre de ese mismo año de 1725 se procedía a entregar las obras a vista de maestros. A su vez, el 13 de diciembre Sebastián de Foncea y el Campo y Lucas de Camporredondo daban carta de pago como finiquito de los 33.595 reales del remate y de los 3.640 reales de las mejoras:

“Y respecto de que vna de las dichas condiziones de la escriptura zitada fue que no se pudiesen pedir mejoras ni tasazión de toda la obra por el dicho Seuastián de Fonzea y que si se hiciesen algunas mejoras se vbiesen de ajustar con dichos señores Cauildo y Justicia (… …) se conuinieron y ajustaron con dichos señores de Cauildo y Justicia el que auían de hazer y ejecutar todas las esquinas de dicha yglesia y sacristía apilastradas con sus vasas según y como las tenía la casa de don Pedro Gonzalo que está enfrentte de dicha yglesia en prezio de seiscientos rreales de vellón, como más por estenso consta de papel firmado de dichos señores de Cauildo, Justicia y Reximiento de esta villa y de los referidos Seuastián de Fonzea y Lucas de Camporredondo, su fecha en esta villa en veintte y dos de junio del año pasado de mill settezientos y veinte y quatro. Y asimismo se conuinieron y ajustaron los dichos Seuastián de Fonzea, Lucas de Camporredondo y Joséph de Fonzea, vecino que fue de dicha ziudad de Burgos, y maestro de obras con dichos señores, Cauildo y Justiçia a hazer los pilares de piedra de dicha yglesia de San Andrés con sus capitles y pilastras como al presente están y rodear toda la yglesia de ymposta y otras cosas que constan por papel firmado de los susodichos y de dichos señores, Cauildo y Justicia, su fecha en esta dicha villa en veintte y siette de septiembre del año próximo pasado de mill settezientos y veinte y quattro, a que asimismo se remiten, en precio de dos mill y quatroçientos rreales de vellón, que estas cinco partidas vltimas ymportan tres mill rreales de vellón, que con seiscientos y quarenta rreales de algunas mejoras y materiales que de orden de los referidos señores, Cauildo y Justicia se an gastado en dicha yglesia azen tres mill seiscientos y quarenta rreales de vellón” .

De acuerdo con fórmulas clasicistas y con algunas variaciones realizadas sobre la marcha, la iglesia cierra el lado norte de la Plaza Mayor y está construida con mampostería aunque incorpora sillares en sus líneas fundamentales. Estructurada en tres naves de dos tramos en lo que podía ser un desdibujado guiño a las iglesias en planta de salón, la central, de testero plano, tiene un mayor desarrollo al presentar una capilla más a los pies destinada a coro. Mientras esta nave central se cubre con aristas, tanto las laterales como el coro presentan lunetos, todo muy consecuente con la tipología de los apoyos y ese ambiente barroco que se apodera de todos los rincones. Y así como la portada de los pies es adintelada, la principal de medio punto moldurado se sitúa al mediodía y sobre ella se yergue una espadaña de sillería que acoge una figura del patrón San Andrés en la tronera superior. Y como nota destacada un pórtico corrido sobre pies derechos de madera con el fin de poder celebrar reuniones a su abrigo.

Para esas fechas todo lo que se consideraba que tenía un cierto valor afectivo procedente de la derruida ermita de San Andrés había sido trasladado al nuevo edificio, aunque lo cierto es que fueron muy pocos los objetos reaprovechados. Entre ellos un retablo que hoy se sitúa a los pies del templo, en el ángulo que sirve de encuentro del muro del lado del Evangelio y el del coro, que incorpora la siguiente leyenda: Don Pedro Gonzalo del Río, bezino y natural de esta villa, mandó azer este altar y retablo a sv costa por sv debozión / a honra y gloria de Dios y de sv Santísima Madre i de el glorioso San Andrés. Se pvso en el año de 1701. Algo lógico, ya que, como vemos, el retablo había sido costeado años antes por el mismo mecenas que había hecho posible las obras del nuevo templo. Y lo que es más, de no haber fallecido tan pronto lo más probable es que don Pedro Gonzalo del Río hubiera asumido también una buena parte del amueblamiento general. Por eso serían sus sobrinos los encargados de continuar en la línea de ese mecenazgo, razón por la que contrataban poco tiempo después la realización de un retablo mayor de acuerdo con la estética impuesta por el benedictino fray Pedro Martínez y el arquitecto Santiago del Amo como alternativa a la columna salomónica. Todo apunta, pues, a que sería Santiago del Amo, un burgalés afincado en Santo Domingo de la Calzada, el responsable de realizar el retablo en compañía de otro burgalés más: el escultor Andrés de Bolide, también residente en Santo Domingo de la Calzada. De ello da sucinta cuenta la siguiente leyenda:

Esta yglesia redificó en reverencia de Dios Nuestro Señor y de el glorioso San Andrés a costa del mvi magnífico D. Pedro Gonzalo del Río, vecino de las villas / de Balgañón, Madrid y Bobadilla. Dexó fiesta anval y dotó la lámpara del Santíssimo. Año de 1725.
Y este retablo hicieron a sv costa y devoción svs sobrinos D. Manvel Gonzalo del Río, vecino de dichas villas, primogénito (del … Aspas que fvndó) svs hermanas D. Antonio, diputado del Gobierno y Avntamiento de la M. N. Ciudad de Bictoria, D. Francisco, D. Joséph, D. Andrés, D. Bentvra y D. Jvan. Año de 1729.

Ahora bien, tras la conclusión del retablo mayor los testeros de las naves laterales quedaban excesivamente desnudos, de ahí que fueran otros miembros familiares los que se brindaban a sufragar sendos colaterales a juego con el fin de crear el ambiente de opulencia necesario para que los divinos oficios pudieran celebrarse con el decoro debido. El colateral del testero de la nave del Evangelio, por ejemplo, incorpora esta leyenda: Este altar se yzo a deboción del licenciado Don Manuel Gonzalo y Zaldo, cura y beneficiado desta villa. Año de 1728. En cuanto al que se acomoda al testero de la nave de la Epístola la leyenda es la siguiente: Este altar se hizo a costa de D. Juan Gonzalo Zaldo, prepósito de la congregación de San Phelipe Neri Dezcarai. Año de 1730. Otro retablo más, situado junto a este último, luce esta otra: Este altar se hizo a devoción de Don Manuel Gonzalo y Zaldo, cura y beneficiado de esta villa. Año de 1736.

No es el momento de referirnos aquí a otras empresas propiciadas por la familia Gonzalo, bien en la iglesia de Nuestra Señora de Tres Fuentes o en el propio casco urbano. La presencia de dos retratos en lienzo pintados por Luis González Velázquez a manera de exvotos, hoy en la iglesia de San Andrés, son una clara prueba del cariño que esta familia profesaba por la Virgen de Tres Fuentes. Tiempo habrá de comentarlo. Por ahora tan sólo decir que gracias a todos sus miembros la villa de Valgañón cuenta hoy con un patrimonio cultural de gran valor. Deber nuestro es, por tanto, cuidarlo y legarlo a nuestros descendientes en el mejor estado posible.

Era en 1793 cuando don Manuel Antonio Gonzalo del Río, vecino de Madrid y de Valgañón, hacía gestiones para adquirir dos sepulturas por la elevada cantidad de 2.000 reales en la ermita-iglesia de San Andrés donde estaban enterrados sus padres y una hermana: una prueba más de su generosidad, pues lo que en realidad pretendía era ayudar con ese dinero a mantener dicho patrimonio en perfectas condiciones. De ahí que las autoridades eclesiásticas del Arzobispado de Burgos respondieran de este modo:

“En atención a lo que resulta de este expediente y a que don Manuel Antonio Gonzalo del Rrío, vecino de Madrid y de la villa de Balgañón, ha sido especial vienhechor y sus ascendientes de la yglesia ayuda de parroquia titulada de San Andrés sita en dicha villa adornándola después de su reedificación y extensión y enrriqueciéndola con alaxas para su vso, maior decencia y magnificencia del culto divino como se confiesa por el Ayuntamiento de la misma villa patrono de la citada ayuda de parroquia, vsando su merced de su autoridad y facultades concedía y concedió licencia y facultad al expresado Ayuntamiento como tal patrono y al Cavildo eclesiástico de dicha yglesia de San Andrés para que mediante al anuencia de la maior parte del Ayuntamiento puedan vender y enagenar al mencionado don Manuel Antonio Gonzalo del Rrío las dos primeras sepulturas de la citada yglesia de San Andrés y en las que están enterrados don Francisco Gonzalo del Rrío y doña María de Uralde, sus padres, y doña Antonia Gonzalo del Rrío, su hermana, por la cantidad de dos mill reales que dicho don Manuel Antonio ha ofrecido entregar por dichas dos sepulturas, cuio capital se considera superabundante respecto a la costumbre que ay en dicha villa de pagarse treinta reales de vellón a la fábrica por el rompimiento de cada vna quando ocurre de cinco en cinco años y seguírsela notoria y conocida vtilidad, en cuios términos se manda a los referidos patronos de dicha yglesia y su Cavildo eclesiástico otorguen la venta correspondiente sin exceusa ni resistencia (… …). Y así vien se les manda que con la posible brevedad dispongan la imposición de dichos dos mill reales para que la fábrica reciva desde luego la vtilidad de sus réditos y que ocurriendo el caso de que las sepulturas de dicha ayuda de parroquia estén ocupadas y sin poderse abrir por no ser pasado el tiempo prescripto no se permita su rompimiento llevando los cadáveres a la matriz titulada de Nuestra Señora de Tres Fuentes (… …)”.

Finalmente, el 16 de junio de 1793 se vendían esas dos sepulturas por la citada cantidad.

Vista desde el sur de la actual iglesia de San Andrés. El pórtico articulado por pies derechos sobre piedras peales es una realización posterior y rompe el alzado de la portada principal.

Interior de la iglesia de San Andrés en una vieja fotografia.



Nº 1

1722, agosto, 10 Valgañón

CONDICIONES ELABORADAS POR EL MAESTRO CANTERO LUCAS DE CAMPORREDONDO, VECINO DE BELORADO, PARA REALIZAR LA NUEVA ERMITA-IGLESIA AYUDA DE PARROQUIA DE SAN ANDRÉS EN LA PLAZA MAYOR DE VALGAÑÓN.

AHPL: Agustín Antonio de Melo. Leg. 9164. Fols. 18-32 vº.

“Condiziones con las quales i la voluntad de Dios Nuestro Señor se a de azer una yglesia en la villa de Balgañón en el sitio de la hermita que llaman de San Andrés, casa de Aiuntamiento vieja i lo restante en la Plaza que son las siguientes:

  1. Primeramente es condizión que el maestro que executare dicha obra rromperá zimientos con zinco pies i medio y los profundará con quatro o zinco pies por la parte más baja, que es por la parte de la sacristía, que oi tiene dicha hermita. Y así rodeará toda la zircunferenzia de dicha obra, así a lo largo como a lo ancho, según i como demuestra la traza echa para este fin. I, profundados y enibelados, los bolberá a mazizar con buena piedra crezida con todos los mobimientos que demuestra dicha traza. Y para la seguridad de la referida obra ará morteros para toda ella echando dos partes de cal i tres de arena bien batido a bista de persona determinada por los interesados de dicha obra. Y, mazizados bien i enibelados como ba dicho a la superfiçie de la tierra, eligirá con quatro pies i medio dexando medio pie de zapata en cada lado. I con los dichos quatro pies i medio subirá asta quatro pies de altura medidos por la parte de la plaza. Y a dicha altura echará un taluz de medio pie de dexa. I éste rodeará a nivel toda la zircunferenzia por la parte de afuera con todos los mobimientos de paredes i estribos que llebare dicha obra. Y con lo restante de grueso que quedare subirá asta la altura de treinta i zinco pies, que a de ser por la parte más alta medidos por la parte de la plaza, que se entienden del zócalo arriba. Y también los estribos guardando la salida que demuestra la traza i gruessos de testeros después de la dimunizión i altura del taluz de la salida les cortará medio pie de salida a ocho pies más arriba de dicho taluz. Y con lo demás restante subirá asta veinte i zinco pies y rematándolo con sus çhapados de piedra labrada a picón, como también todas las esquinas de dichos escribos, porque lo demás a de ser de manpostería ordinaria menos las dichas esquinas, que después de los ramales de dichas esquinas a de ser de la dicha manpostería así en salidas como en testeros de dichos estribos. También echará sus çhaparincones a zinco pies de detanzia de uno a otro en todos los rincones de los referidos estribos para su seguridad.
  2. Condizión. Que para dicha yglesia se ará una puerta prinzipal de siete pies de ancho i de alto lo que le corresponde a franquedada sus sienzados a la parte de adentro. Su forma por la parte de afuera a de ser arco a medio punto i escarzán a la de adentro con una pilastra en cada lado que suba de adorno. Su salida de ellas será quatro dedos con sus vasas y capiteles, alquitrabe, friso i cornija. Su remate será tres bolas o pirámides, todo labrado a escoda i trinchante baziadas dichas pilastras. Y a de poner dicho maestro la puerta prinzipal de madera nueba y fuerte con su zerraja i llabe a medida dicho arco con las labores correspondientes a dicha obra.
  3. Terzera condizión. Que debajo de el coro ará otra puerta de seis pies de ancho i de alto lo que le corresponde con su arco a regla escarzán por dentro con sus tranqueros esconzados de piedra labrada a picón refajados por la parte de afuera a escoda. I para dicha puerta se baldrá el maestro de la madera que oi tiene dicha hermita.
  4. Quarta condizión. Que también a de azer una sacristía a el lado de la epístola de ancho y largo como demuestra la traza. Y la altura de dicha sacristía a de ser con lo que pudiere subir sin quitar la luz de las vidrieras de la capilla maior con los gruesos que demuestra dicha traza i la ventana en ella señalada, que su altura será quatro pies y lo correspondiente de ancho. Y lo mismo ará en todas las ventanas que demuestra la planta en todas las capillas, que an de ser de piedra labrada a picón por dentro y por fuera a escoda i en todas ellas cargaderos de piedra. Y asimismo dicho maestro a de poner rexa de yerro con sus atrabesaños como la que oi tiene dicha sacristía bieja. Y lo mismo ará en las demás bentanas que fueren bajas. Y en dicha sacristía aia de azer una agua manos de piedra con su sumidero a la parte de afuera y dos nichos o buecos que serbirán de archibos azia la pared que mira a la capilla maior. Y para dicha sacristía a de azer una puerta de piedra como la que se a echo debajo del coro. I para ella serbirá la de madera que oi existe en la sacristía de dicha hermita.
  5. Quinta condizión. Que la puerta prinzipal que está señalada en la traza azia la plaza se a de poner en donde más combenga, que será en la segunda capilla colateral que está señalada para este fin.
  6. Sesta condizión. Que en el cuerpo de la yglesia se an de azer todos los arcos que demuestra la planta menos el que deuide la capilla del coro, que éste se añade a plomo del arco toral que ba por alto siguiendo la nabe, que todos los dichos an de ser diez labrados a picón con adbertenzia que las dos paredes que diuiden olos colaterales no an de ser como demuestra la traza porque se an de azer dos arcos, uno en cada lado de la altura que combengan i todos a medio punto de dos pies de ancho, con adbertenzia que a donde combiniese se arán dos pilares quadrados con sus mobimientos de basa i capiteles a la altura que combenga. I lo mismo executará en todas las pilastras por la parte de adentro, que para todo romperá zimientos con la misma profundidad que para toda la obra.
  7. Séptima condizión. Que aunque la capilla mayor según demuestra la traza tiene veinte i nuebe o treinta pies de largo no a de tener sino es veinte, de suerte que la sacristía yguale por el lado de la calle con la pared de la dicha capilla maior. Y aunque según dicha traza está en quadro se pondrá ochabado o como más conbiniere para su firmeza y asiento que oi tiene dicha hermita de San Andrés. Y se pondrán dos estribos en la parte que más combengan para su seguridad i en estos guardará los gruesos de las paredes i pilastras como los de arriba.
  8. Condizión octaba. Que las paredes i arco de la puerta prinzipal sobre que se a de fundar la espadaña se a de aumentar en lo grueso más que las demás paredes de la zircunferenzia de la yglesia para maior seguridad de dicha espadaña, la que se a de plantar dicha espadaña a la altura de las paredes que caieren aquella parte según i como demuestra la traza con el dicho grueso, ancho i alto, troneras i mobimientos, remates, pilastras, faldones, chapados todos de piedra labrada a picón sus arcos i echando a terzia piedras enteras así en los estremos de dicha espadaña como en las pilastras i troneras para su seguridad. También lebantará antes de elegir las troneras la pared que demuestra al pie de dicha traza para que salga el eco de las campanas fuera de los tejados. Y se adbierte que la pared que sube sobre la puerta prinzipal a buscar la espadaña a de ser de mampostería compuesta para que aga consonanzia con dicha puerta i espadaña baliéndose para este fin de la piedra labrada que tiene la capilla maior de dicha hermita. Y detrás de dicha espadaña se a de azer un texibano y sitio para el relox como el que oi tiene y tocar las campanas.
  9. Nobena condizión. Que lebantadas y enibeladas las paredes prinzipales de dicha yglesia i nabe prinzipal a la altura de los treinta i cinco pies i incorporado de pared sobre todos los arcos torales. Las paredes de los colaterales subirán asta la altura que combenga para que las aguas de los texados altos de la yglesia bengan con el corriente que les corresponde i subirán de pared las aguzaduras de dichos agrios asta reçibir los dichos texados.
  10. Condizión. Que todas las paredes de dicha obra an de ser de manpostería ordinaria menos los estremos que ban dichos de estribos, pilastras y arcos torales y espadaña, que an de ser de piedra labrada a picón y las esquinas, puertas y ventanas, que an de ser labradas a escoda por la parte de afuera. Y con los dichos paredones echará el maestro todas las pasaderas nezesarias a zinco pies de distanzia de una a otra con sus tizones para la seguridad de dicha obra rebocando dichas paredes por la parte de afuera. I para dicho reboco echará mitad de cal i mitad de arena.
  11. Condizión undézima. Que en la pared de la fachada desde la puerta prinzipal asta el estribo del coro como está demostrado aia de azer la pared que corra asta la pared que biene del otro lado con una puerta por dentro de la yglesia para que por ella se suba al coro i a tocar dichas campanas (quedando de quenta de dicho maestro dichas escaleras i puerta de madera). I las paredes para este quarto y sitio subirá lo mismo que el de las colaterales con una bara de grueso dentro del qual sitio a los nuebe o diez pies se a de azer un suelo de bóbedas con las que están en dicha hermita con una ventana rasgada como la de la sacristía con su reja en la parte de abajo. Y en el suelo de arriba después de subir las escaleras a de serbir de salita para conjurar aziendo dos ventanas de a bara de alto i ancho correspondiente y una puertabentana sin labor alguna rasgada. Y se executará todo lo referido con toda arte i seguridad. Y asimismo a de azer el otro lado del coro que cae a la parte del Euangelio otro quadro de capilla semejante al de arriba con las mismas paredes, gruesos, altura i ancho de suerte que aga esquina i consonanzia con la pared prinzipal de la yglesia. I por dentro de dicha yglesia se a de dar otra puerta i ventana semejante a ésta de arriba.
  12. Yten es condizión que aunque la traza tiene de largo ziento i más pies para la fábrica de dicha yglesia y reconoziendo no ai sitio no a de tener más de nobenta i cinco pies con gruesos de paredes. Y sólo a de quedar de bueco por dentro de la nabe prinzipal ochenta i zinco pies sin gruesos de pared divididos en esta forma: veinte pies para la capilla maior como ba dicho y veinte i zinco para la terzera y los quinze restantes para el coro. Y a lo ancho dicha nabe a de tener treinta pies i los colaterales a diez pies con lo que ocupan las pilastras, que quedará a lo ancho ocho pies i a lo largo lo mismo que le correspondiere la nabe prinzipal. I esto se entiende sin los gruesos de pared.
  13. Condizión. Que el maestro en quien se rematare dicha obra aia de azer zinco capillas de albañilería: quatro en la nabe prinzipal i una para el coro con más otras quatro para los colaterales y otra en la sacristía, que todas se an de azer según i como demuestra la traza de iesso i ladrillo a dos farzas jarreadas y blanqueadas con todo arte, seguridad i hermosura. Y también a de jarrear i blanquear las paredes de dicha yglesia por dentro i blanquear las pilastras i arcos dichos como también echará dos gradas de piedra en el presbiterio con su papo de paloma escodadas i pedestral con su grada como la que está en Nuestra Señora y su mesa de altar así para dicha capilla maior como las misas i pedestrales de los dos colaterales.
  14. Yten es condizión que a de azer un óbalo grande de quatro pies en quadro de piedra labrada a picón enzima del coro para su luz. Y en el dicho coro a de poner balaustrado nuevo por antepecho. I el suelo a de quedar todo enladrillado. Y asimismo se adbierte que el maestro que quedare con dicha obra aia de traspasar los poios de piedras, sepolturas i enlosado que oi tiene San Andrés al presbiterio, colaterales i yglesia nueba lo que alcanzare.
  15. Condizión dézima quinta. Que de quenta del maestro a de quedar el azer los tejados de dicha yglesia como combengan a quatro aguas con sus vigas que atrabiesen toda la nabe i gruesos de pared lo nezesario sus tijeras a lo ancho que les corresponde, soleras, aguilones, tirantes, quadrantes que sirban dichos barcones, sopandas, cumbre. I los texados de los colaterales los ará según arte i de modo que bengan las aguas del tejado maior sobre los texados de dichos colaterales. Y el tejado de la sacristía ará como combenga echando toda la madera que fuere nezesaria en ellos cabrios y teguillo, teja, clabazón i andamios para toda la obra.
  16. Yten es condizión que el maestro que executare dicha obra se a de aprobechar de todos los materiales que tiene oi dicha hermita de San Andrés y casa de Aiuntamiento biejo, así de piedra labra(da) como de mampostería, teja, madera, teguillo, puertas, erraje, clabazón i llabes para la obra nueba lo que fuere nezesario i probechoso menos los medianiles con la casa de abajo i lo que está zedido a Lucas de Camporredondo, quedando de quenta del maestro el componer lo que perjudicare a la casa de abajo y pasar las campanas de la espadaña vieja a la nueba.
  17. Yten es condizión que el maestro que executasse dicha obra se le aia de dar montes francos para cortar toda la madera nezesaria, leña para caleros i quemar yelso, canteras, pastos i caminos libres, lizenzia para entrar vino para sus oficiales sin pagar sisa durante dicha obra. Y que la cantidad en que se rematare dicha obra se aia de dar en seis plazos: el uno echa la escritura de fianza para prebenir materiales de piedra, cal i madera, el segundo para abrir zimientos y lebantar dicha obra asta el taluz, el terzero para acabar dicha cantería, el quarto para azer los arcos i echar la carpintería, el quinto para azer la albañería y concluir con un todo la obra, el sexto acabada y entregada que sea dicha obra a vista de maestros peritos nombrados por una i otra parte.
  18. Yten es condizión que el maestro que iziese dicha obra aia de empezar a trabajar en ella luego que entreguen los señores del Consejo Rreal los quatro mil ducados de vellón que mandó para dicha obra don Pedro Gonzalo del Río, que Dios aia, que están depositados en las arcas de la parroquia de San Justo y Pastor de la villa de Madrid y están en poder de los señores Cauildo i Justicia de esta villa de Balgañón sin que dicho maestro en quien se rematare pueda obligar a dichos señores antes de dicho tiempo a la entrega de los plazos que están asignados. I en esta suposizión la aia de azer y executar en dos años: en el primero aia de fabricar la capilla maior i la segunda nabe con su cruzero i la sacristía zerrándolas de tejado sin derribar cosa alguna de la hermita de San Andrés que oi existe menos la capilla maior si fuere preziso; y en el segundo año concluir la dicha obra en un todo.
  19. Condizión que el dicho maestro no pueda pedir mejoras ni tasazión por cosa alguna que aga por su voluntad menos que lo execute con expreso consentimiento de dichos señores de Cauildo i Justicia, que entonces se le pagará lo que se ubiese ajustado sin pedir tasazión después de toda la obra. Y se adbierte que la traza y condiziones a de pagar de su coste la mitad el maestro que quedare con dicha obra i la otra mitad de los efectos de dicha yglesia luego que se recobre el dicho dinero.
  20. Yten es condizión que el maestro en quien se rematare dicha obra con las condiziones arriba expresadas tenga obligazión a azer escritura con fianzas abonadas dentro de los lugares pertenzientes al señor arzediano de Bribiesca a satisfacción de dicho Cauildo i Justicia.
  21. Yten es condizión que aunque en la condizión doze están diuidas las capillas, nabe prinzipal se adbertido que la nabe prinzipal no aia de tener sino es veinte y seis pies de ancho. I los quatro pies que se le quitan se an de añadir por yguales partes a las colaterales para que tengan más ancho. Y aunque en dicha condizión doze está diuido i lo largo las capillas, las dos primeras a veinte i cinco pies, no a de ser así sino es que la immediata al presbiterio aia de tener veinte i seis pies i la segunda veinte y quatro y la del coro i el altar maior como está dicho en dicha condizión.
  22. Que las pilastras demostradas en la traza aian de tener a las quatro partes de pilastras quatro pies en quadro y quatro dedos de salida en la demonstrazión de gruesos de pilastras para que éstas guarden los dos pies de voquilla i gruesos de dobelas de arcos. Y estos se lebantarán asta la altura de capiteles i arrancamientos de arcos dándoles en su planta su zócalo i salida de vasa para su seguridad. Y en la misma correspondenzia en las paredes de las colaterales ará las pilastras correspondientes a los arcos que an de diuidir dichas colaterales. Y éstas no an de tener más de dos pies de ancho correspondientes con quatro dedos de salida con sus vasas i capiteles correspondientes rasas todas. También se adbierte que aunque se dize a de tener treinta i cinco pies las paredes medidas por la parte de la plaza no a de ser sino es las paredes de la nabe principal que las paredes de las colaterales por la parte de afuera lebantarán todo lo que se pudiere guardando los agrios del texado de la nabe prinzipal.
  23. Yten es condizión que sobre la capilla del coro para enladrillarla como está dicho aia de echar el maestro suelo de madera y aquizami para sobre él echar dicho suelo, de modo que dichas maderas no descansen sobre el casco de la capilla. Y los balaustres dichos aian de ser de madera torneados asentados sobre una solera de madera y su antipecho de madera entera entrando en una i otra pared para su seguridad. I dicho antipecho se ará un vozel a la parte de la yglesia. Y se adbierte que la puerta prinzipal de la yglesia aia de tener ocho pies para que la madera sea de dos medias. También se adbierte que las vidrieras que oi tiene la hermita las a de aprobechar la yglesia. Y también se an de echar las gradas de piedra que fuessen nezes(ar)ias en una i otra puerta prinzipal de la yglesia si fueren nezesarias por el desnibel del suelo.
  24. Yten es condizión que aunque en la condizión diez está acondiçionado que arcos i pilastras abían de ser de piedra en un todo oi se dize por conclusión que en todas las pilastras i eligimiento de vasas leantará de cantería como está dicho asta seis pies. I todo lo demás de allí arriba para concluir i coronar las pilastras referidas i los arcos todos se entiende a de ser de ladrillo asentado con yesso, su grueso como está dicho en voquillas de dobelas su altura de trasdós en los arcos un pie cumplido.
  25. Yten es condizión que aunque en la traza están demonstrados dos estribos a la parte del coro i óbalo no se an de executar por no ser nezesarios.

Y con las condiciones referidas y dichas yo Lucas de Camporredondo, vecino de la villa de Velorado, me obligo a ejecuttar dicha obra y la pongo en quarenta mill rreales vellón. Y porque lo cunpliré lo firmo en esta villa de Valgañón, a diez días del mes de agosto y año de mill settezientos y veinte y dos. Sebastián de Fonzea. Lucas de Camporredondo”.