A pesar de las reducidas dimensiones de su casco urbano y, por tanto, de sus escasos habitantes, lo cierto es que la localidad burgalesa de Miraveche cuenta (entre otras muchas cosas que la hacen tan atractiva, por ejemplo, su encantador paisaje), con una iglesia parroquial de fábrica en planta de salón. Es decir, con uno de esos atractivos y caros prototipos inspirados en modelos norteeuropeos que se difundieron por doquier a lo largo del siglo XVI por experimentados canteros vinculados a la ciudad de Burgos. Pero en este caso no quisiera referirme aquí a su proceso de construcción, la elegancia de sus soluciones o las obras que dan vida a sus espacios interiores, sino al último eslabón de toda una larga cadena de actuaciones que acabaría configurando la iglesia tal y como la conocemos hoy: la realización de una sacristía estructurada en dos espacios y el consiguiente aguamanil como forma de garantizar la celebración de los oficios divinos bajo criterios de comodidad y decoro…

Ésa era la razón por la que en enero de 1644 los responsables de la iglesia encomendaban al maestro cantero Juan de la Maza, vecino de Secadura en la merindad de Trasmiera, la elaboración de las consiguientes trazas y condiciones con el fin de tener una idea aproximada de los costes que iban a tener las obras y proceder a rematarlas acto seguido en el mejor postor. Tras introducir algunas correcciones en la lista de condiciones tratando de mejorar así el proyecto y fijar como fecha más idónea para celebrar el remate el 14 de febrero, se reunían en Briviesca diferentes especialistas como forma de intercambiar impresiones y sopesar los posibles pactos y alianzas entre ellos antes de ser citados formalmente para el día siguiente a la una. Es así como el día 15 el maestro cantero Francisco de Mena, vecino de Briviesca, rebajaba en 50 ducados los 1.000 en que el propio Juan de la Maza se había comprometido a llevar a cabo todos los trabajos. A continuación Pedro de Zuneda rebajaba esa cantidad un poco más hasta dejarla en 850 ducados, momento que aprovechaba el licenciado Ortega para ofrecer 24 reales de a ocho como gratificación a quien se comprometiera a adjudicarse la realización de la sacristía por 500 ducados: una oferta que tenía como finalidad generar el suficiente desconcierto entre los allí presentes como para obtener la iglesia grandes ventajas económicas. Bien es cierto que, ante la indiferencia de todos, el licenciado Ortega subiría luego esa cantidad hasta los 600. No obstante, ninguno de los maestros canteros se dejaría seducir por una cifra tan baja. Mientras Pedro de Zuneda hacía postura en 750 ducados a condición de que se le diera la piedra y cal que tenían prevenidas la iglesia y el Concejo, Juan de la Maza conseguía finalmente adjudicarse el remate al ofertar 700 ducados bajo esos mismos criterios [1].

Como consecuencia de todo ello, el 10 de abril de ese mismo año de 1644 Juan de la Maza daba en Foncea como fiadores a Juan de Angulo, Felipe de Ameyugo, Francisco López de Urbina y Bernabé Hernández Truchuelo, todos ellos vecinos de Foncea, lo que indirectamente indica que Juan de la Maza era muy conocido en esta localidad por tener a su cargo diferentes obras en la iglesia parroquial de esta localidad [2]…  

 


 

Nº 1

1644, febrero, 14. Miraveche (Burgos)

CONDICIONES REALIZADAS POR EL MAESTRO CANTERO JUAN DE LA MAZA, VECINO DE SECADURA (TRASMIERA), PARA CONSTRUIR UNA SACRISTÍA EN LA IGLESIA PARROQUIAL DE SANTA EULALIA DE MIRAVECHE (BURGOS).

AHPL: Juan de Angulo. Leg. 3534. Fols. 323-325 vº.    

  1. “Lo primero es condiçión que se ha de haçer una sachristía de cantería que tenga veinte y quatro pies de hueco y ancho a la otra mano diez y ocho y más la salica de el estriuo biejo en la forma que lo muestra la planta y alto veinte pies desde el superfiçie de la tierra al sobrelecho de la cornija. Y si le tocare más asta llegar asta la bentana que da luz a el altar mayor.
  2. Es condiçión que se ha de plantar la dicha obra en tierra firme abriendo los cimientos al fondo que está plantada la dicha obra echa y aya de tener el cimiento quatro pies de grueso asta el superfiçie de la tierra. Y allí se ha de dejar medio pie de capata al lado de afuera. Y desde allí asta el talus que corresponde con el que está echo en la yglesia tres pies y medio de grueso. Y de éste el talús arriba tres pies de grueso ha de llebar tres estribos al lado de afuera de pie y medio de salida como lo muestra la traça en la planta y el grueso que señala. Y han de subir al nibel de la cornija para que la cornija corra con sus resaltos por ençima de los estriuos.
  3. Es condiçión que esta obra ha de ser de sillerería muy bien labrada a picón o escodada por el lado de afuera y ha de ser piedra serrana conrrespondiente a las que tiene el edificio biejo que no sea eladiza. Y las iladas han de ser muy bien galzadas. Y las piedras de cada ylada han de ser todas a un alto. Y el dicho paredón ha de lleuar dos bentanas para dar luz a la sachristía rrasgadas por dentro y fuera al alto y hueco que muestra la traza. Y la dicha sachristía por el lado de adentro ha de ser de manpostería echándole sus ticones de sillarería y manpostería como conbenga para el edificio estar seguro. Y para esta obra ha de lleuar muy buena mezcla de cal y arena echándole a dos partes de arena una de cal.
  4. Es condiçión que se ha de haçer una capilla de cruze y diuidida en dos partes por la desocupación de el estriuo uiejo cerrando un arco desde el estriuo a la correspondenzia de la pilastra como lo muestra la traza. Y la capilla mayor de las dos ha de tener çinco llaues y quatro cruçetas y la más pequeña cinco claues. Y han de ser cerradas a medio bulto. Y la piedra de las dichas capillas han de ser de piedra franca de el término de el dicholugar. Y asimesmo la piedra de la obra a de ser de las canteras de el dicho lugar. Y el sacar la piedra y el acarratearlo y el poner el demás material de cal y arena ha de ser por quenta de el maestro en quien se rrematare la dicha obra el ponerla al pie de la obra. Y el dicho maestro ha de dar bien echa, fenezida y acauada la dicha obra a uista de dos maestros peritos peritos en el arte. Y de lo que se concertare la dicha obra se le aya de dar al maestro en quien se rrematare para gastar con sus ofiçiales en el interin que se trabajare en la dicha obra. Y para pagarles su salario y lo demás que hiçiere de alcanze el maestro a la yglesia o su mayordomo se le aya de pagar en feneçiendo y acauando la obra, digo la dicha sacristía, de cantería dándola por buena los maestros que fueren nombrados.
  5. Es condiçión que los capuchos de las capillas se han de cerrar de toba o ladrilo. Y, siendo de ladrillo, se haya dicha una cama de cascote por ençima con su yeso lo propio se entenderá siendo de toba a voluntad de el dicho señor Cauildo. Y ansimismo se ha de haçer vn aguamanil que tenga dos pies de hueco y uno de fondo de p(i)edra de la sierra siendo tal que no sea de eladiza sino de calidad de la de la pared. Tanbién se ha de haçer dos alaçenas de dos pies y medio de hueco en alto y ancho dos pies y medio de el grueso de la pared.
  6. Es condición que el texado ha de haçer el maestro por su quenta en quien se rrematare por su quenta y sólo ha de quedar por quenta de la yglesia el dar la madera necesaria puesta al pie de la obra por desbastar, ansí para el texado como para la çinbria las capillas y andamios. Y la traza de el texado ha de ser como más conbenga a elecçión de el Cauildo.
  7. Es condiçión que por quanto el agua que corre de el texado de la yglesia cayendo de golpe sobre el texado de la yglesia, digo de la sachristía, podrá haçer muy gran daño que el maestro en quien se rrematare esta obra ha de hacer traer y poner unos caños de yerro que corran las aguas de el texado de la yglesia sacándolo todo desde el estriuo primero de la yglesia asta el tercero quel largo que tiene la sachristía sin que la agua de dicho texado la yglesia caya en la dicha sachristía o en su texado sino que corra por dichos cañoes asta salir fuera de dicho texado de dicha sachristía. Y estos caños han de tener medio pie de hueco, digo una quarta. Y, ansimismo, para que los caños tengan seguridad y puedan permanezer han de asentarse en unos claueros metidos en la pared. Y entre clauija y clauija un esparragón de yerro que corra el caño desde la pared a rreceuirle. Y estos han de ser todos los que fueren neçesarios para seguridad de los caños.
  8. Es condiçión que al maestro se le han de dar canteras francas de las que hubiere en el dicho lugar y que los bueyes que trajere para el carreto de lo necesario para la obra ayan de andar y apacentarse donde se apacentaren los bueyes de el lugar. Y el pastor de el lugar a de tener obligaçión a se los guardar por el preçio que los de los vecinos.
  9. Y es condición que el maestro ha de dar fianza y seguridad a satisfaçión de el Cauildo de el dicho lugar y obligarse ha acauar y fenecer la obra de esde el día que se rrematare en dos años. Y, aunque arriua se diçe se le ha de dar lo que tubiere necesidad para el gasto neçesario, esto se ha de entender solamente dándosele para el gasto de los ofiçiales que tubiere a tres rreales y medio de cada día a cada uno porque todo lo demás que baliere la obra y fuere rrematada con las condiçiones de arriua se le ha de acauar de pagar luego que acauare la obra y estubiere uista y dada por buena. Pero, si la yglesia tubiere pan en ser, lo ha de tomar al precio o preçios que lo tasare el açipreste quando tomare la quenta y ansí se ha de entender si se le diere algún pan en el tiempo que hiçiere la obra.
  10. Es condiçión que por quanto para los capuchos de las capillas y el texado se ha de traer de fuera el material se le aya de dar al maestro lo que fuere neçesario ajustando con el Cauildo lo que fuere necesario.
  11. Es condiçión que si el maestro hiçiere alguna cosa de más en la obra de lo que muestra la traça y condiçiones por su gusto y albedrío, aora sea en poca o mucha cantidad, no se le ha de dar cosa alguna más de el preçio en que fuere rrematada. Y, si acaso el Cauildo le ordenare aga alguna cosa más de la obra, sólo lo que ansí hiçiere de demás se ha de pagar y no por esso se a de volber la obra a tasaçión.

Las condiçiones arriua dichas y traca de la obra y de Joan de la Maza, maestro de cantería, y más las entregó a mí el bachiller Ortega para que las comunicase con mis conbenefiçiados oy veinte y quatro de deçiembre de seisçientos y quarenta y quatro. Y lo firmamos juntos. Y con estas condiçiones hiço posturas el dicho Joan de la Maza en mill ducados que se le han de pagar en la forma que diçen las condiçiones. Joan de la Maza.   Añádese a estas condiçiones que las yladas de sillería que se hiciere en la sachristía ayan de entrar a terçera ylada en lo uiejo para que conrresponda uno con otro.  

  • Más es condiçión que en el rremate de el texado le aya de hacer una rroza de quatro de donde anda y en ella encajar unos ladrillos a tizón y luego maçicar con yeso para que rrecoja las aguas de el paredón uiejo y sobre estos ladrillos un chapado de ladrillo muy bien guarneçido de yeso para que las tejas de el texado entren debaxo de él. Y después guarneçidas las tejas otra vez debajo de el mismo chapado contra la pared y sus voquillas por debajo con cal. Y la sachristía por el lado de adentro toda luçida de yeso y pinçelada conrrespondiente toda con las demás capillas de la yglesia. Y se entiende que todas las formas de la parte de adentro contra la capilla mayor las que rrestaren a la sachristía todas sus formas de piedra de grano enbestidas en la pared como las formas que se hiçieren en lo que se plantaren de nuebo para que se haga todo una conrrespondenzia.
  • Yten es condiçión que si la obra antigua de que está fundada la dicha yglesia y se ha de fundar la dicha sachristía yçiere algún sentimiento sea el rreparo por quenta de el maestro en quien la obra se rrematare. Joan de la Maza. Ante mí, Joan de Salazar Errán, notario.
  • Y ansimismo digo yo el dicho Juan de la Maza que por quanto dicha hobra fue rematada en mí en la villa de Birbiesca a quinze días de el mes de febrero de este presente año de seisçientos y quarenta y quatro años ante el señor Probisor y por testimonio de Juan de Salazar Errán, notario apostólico, como consta de los autos y remates de dicha obra, a que me rremito, en seteçientos ducados y la cal y la piedra que tiene en la yglesia y Conzejo de dicho lugar de Mirabeche (… …)”.

[1] Vid. doc. nº 1.

[2] Dos días después las fianzas eran aprobadas por el alcalde de Foncea.