En mi trabajo sobre las torres y conjuratorios de La Rioja ya daba cuenta de que, si bien la tipología de este ejemplar mantiene con una cierta fidelidad las constantes propias de toda esa serie de prototipos sencillos que tanto se prodigaron por el territorio diocesano durante los siglos XVI y XVII, su alzado sufriría una intensa remodelación el año 1872, cuando, gracias a la generosidad del excelentísimo señor don Santos Arenzana, natural de Villanueva y residente en Madrid, todos sus muros fueron revocados con el fin de darles mayor fortaleza a la vez que se coronaba por un chapitel de armadura por influencia directa de los edificios de la Villa y Corte [1]… Nada sabemos, por ejemplo, de cómo era anteriormente ese chapitel, pero sí tenemos constancia por el contrario de que era en 1831 cuando construía esta torre el maestro de obras Andrés de Muñozguren, natural de la anteiglesia de San Andrés de Echevarría en Vizcaya, por 20.000 reales: una cantidad que recibiría en diferentes plazos, como solía ser habitual.

Pues bien, precisamente para cobrar el último de esos plazos (4.830 reales y medio) es por lo que el 5 de abril de 1836 Andrés de Muñozguren daba poder a don Ignacio Arnoriaga, vecino de Villanueva, para recibir en su nombre esa cantidad, ya que, debido a las muchas ocupaciones que por entonces tenía, le resultaba imposible desplazarse hasta Villoslada. Para ello acompañaba dicho poder con la siguiente nota aclaratoria:

«Que como maestro de obras construyó de nueva planta la torre arrimada a la yglesia parroquial de la villa de Villoslada en el año pasado de 1831, pero, además de los trabajos de su obligación, hizo otras estrahordinarias en dicha torre y sus agregados, de los que pasó una declaración o manifiesto a los comisionados nombrados por el Ayuntamiento de dicha villa de Villoslada, que lo fueron don Roque Pedro y don Francisco López Montenegro, hermanos, don Gregorio Martínez de Pinillos y Rafael Pinillos, todos de la misma vecindad para su aprobación en 21 de mayo de mil ochozientos treinta y uno, cuio manifiesto ascendió a la cantidad de quatro mil ochozientos treinta reales con diez y siete maravedís, además de otros barios trabajos, aunque pequeños, que no hice mérito en mi manifestazión de los señores comisionados por los motibos que espresé en dicho mi manifiesto que doi aquí por espresos (… …) y demás que merezcan los trabajos estrahordinarios de que hace mención el manifiesto que tengo presentado, como así bien al reconocimiento de los recibos de las cantidades que se me han entregado para la cantidad de los veinte mil reales en que fue contratada la obra de la construzión de la torre (… …)» [2].

Gracias a estos datos tenemos un nombre más que añadir a la larga nómina de artistas que trabajaron por la zona y comprobar hasta qué punto la estela de los grandes maestros de cantería de origen vascongado (los Ruiz de Azcárraga, Juan Bautista Arbaizar, Ignacio de Elejalde, etc) seguía viva a pesar de lo avanzado de la fecha…

Fotografía destacada: https://sierracameros.es



[1] RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., Torres y conjuratorios de La Rioja. Oyón, 1988.

[2] Testigos de ello eran don Matías Salustiano Pérez, José López y Cenón Pérez, vecinos de dicha villa (Noticia facilitada por Miguel Ángel Pascual).