La palabra corambre tiene la misma etimología que cuero y como bien refiere el Diccionario de la RAE se refiere al conjunto de cueros o pellejos, curtidos o sin curtir, de algunos animales, y con particularidad de toro, vaca, buey o macho cabrío. Es decir, que está asociada a las Carnicerías públicas que cada cierto tiempo sacaban a subasta los Ayuntamientos para garantizar el abasto de las carnes a la población al mismo tiempo que se incrementaban con ello los fondos de las arcas municipales. Hablar de carnicerías públicas, por tanto, es referirnos a unos prados o dehesas boyales propias del Concejo a las que un pastor contratado por el regidor de turno conducía diariamente el ganado del común por el camino sestil para su engorde. Pero también, tras matar a esos animales, a la venta de los consiguientes cueros o pellejos por parte de los administradores de las Carnicerías a diferentes especialistas locales que se dedicaban a curarlos valiéndose de raíces y cortezas de encina hasta dejarlos listos para venderlos, a su vez, a experimentados zapateros o boteros que se entregaban a fabricar todo tipo de objetos.

De todo ello ha quedado constancia en numerosos documentos a lo largo del tiempo. Sirva a título de ejemplo uno de ellos fechado el 26 de julio de 1655 por el que Antonio de Colmenares y José Gómez, vecinos de Arnedo y obligados a la provisión y abasto de las carnicerías desde San Juan de junio pasado hasta esa misma fecha de 1656, vendían a los zapateros Diego García y Gaspar de las Navas “toda la colambre que proceda de la carne que rrematare para la probisión de las dichas carnecerías en todo el año de su prouisión con más toda la que se muera del ganado de la dicha probisión”.  Cada pellejo de carnero se valoraba en trece cuartos a condición de que tres pellejos de oveja fueran como dos de carnero, teniendo también en cuenta que los pellejos procedentes del ganado que muriere, bien de carneros o de ovejas, tendrían que contarse como si fueran de oveja, por manera que tres pellejos serían del mismo precio que dos de carnero pagando paralelamente los de bueyes y vacas a razón de 20 maravedís por cada cuarta de carne de las que pesara el buey o vaca de los que procediere el pellejo [1]. Una especie de galimatías que, aunque difícil de entender, tenía muy fácil comprensión para los involucrados en este tipo de transacciones, siempre en busca de calidades.

Así, muchas son las consideraciones que podríamos hacer sobre la utilización de ese cuero para hacer arreos para el ganado, pellejos para transportar vino o aceite y tantas otras cosas más. Pero en estos momentos lo que más me interesa es destacar que una parte importante se dedicaba a la realización de zapatos por experimentados artífices en el contexto de esa tradición zapatera y alpargatera tan propia de toda la zona. Tan es así que si nos remontamos a unos cuantos años atrás, concretamente al 1 de abril de 1582, podemos comprender perfectamente por qué el zapatero local Esteban Flores se comprometía a hacer para los Condes de Nieva, señores de Arnedo, “todo el calçado nesçesario para los yllustrísimos Conde y Condesa de Nieva (…) y para las señoras sus yjas y para los criados y gente de su casa por tiempo de vn año” a partir de la fecha de acuerdo con los siguientes precios:

  • “Los borçeguíes de cordobán largos asta arriba para su señoría en diez y siete reales.
  • Los borçeguíes cortos para con greguescos en honçe reales.
  • Las botas de rodillera de dos suelas en diez y seis reales.
  • Las botillas cortas en treçe reales.
  • Las botillas para mis señoras de dos suelas en çinco reales. Y si llebaren oro o plata çinco reales y medio.
  • Los pantuflos con corcho a quatro reales y medio.
  • Los çapatos de dos suelas con corcho a çinco reales.
  • Çapatos sin corcho de dos suelas a quatro reales y medio.
  • Çapatos de vna suela para los pajes a tres reales.
  • Pantuflillas para mis señoras a quatro reales y medio”.

Obligación inexcusable era cumplir estas normas: “todo ello de muy buen cordobán y suela a contento. Y las suelas para el calçado de su señoría an de ser de arregel. Y para cuenta dello dixo aver reçeuido luego çient reales (… …) y que yrá dando el calçado nesçesario desde luego asta que se paguen los dichos çient reales y lo que diere después como lo baya dando se le baya pagando. Y el dicho calçado lo dará siempre que se le pidiere y si no lo diere que a su costa se busque ofiçial que lo aga y si más costare que lo pague el dicho Esteban Flores y dio por su fiador a María Martínez, viuda, su suegra, veçina desta villa questaba presente (… …)” [2].

Suficiente como para que yo también, sin ser tan importante como los Condes de Nieva de la época, haya decidido ya desde hace muchos años comprar exclusivamente zapatos de Arnedo como garantía de calidad. Es una forma de ser consecuentes con nuestra Historia…

Grabado de Jost Amman en el que se muestra un taller de zapatería en 1568.


[1] El importe total se pagaría así: 150 ducados para Pascua de Navidad del año en curso, 1.000 reales para Pascua de Resurrección de 1656 y lo demás restante para San Juan de junio de 1656 (AHPL: Bernardo González de Oñate. Leg. 5246. Fols. 124-124 vº).

[2] AHPL: Juan Jiménez. Leg. 4976. Fols. 108 vº- 109 vº.