Oteiza, también conocida como Oteiza de la Solana, es una bella localidad navarra perteneciente a la merindad de Estella que tuvo hasta 1736 dos iglesias parroquiales (una dedicada al Salvador y otra a San Miguel), si bien la primera de ellas, ante el estado ruinoso que ofrecía, acabaría integrándose entonces en esta última. Esto explica que ya en esos mismos momentos se planteara la necesidad de construir un retablo mayor como forma de dar el necesario y renovado énfasis formal al interior del único templo que quedaba en pie, tal y como todos pedían. Luego, acabado este importante reto, los esfuerzos se centrarían en fabricar dos retablos colaterales a juego con el fin de incrementar todavía más la belleza de la capilla mayor.

No obstante, nada conocíamos hasta ahora sobre los artistas que llevaron a cabo tan trascendentales cometidos, si bien una escritura fechada el 17 de septiembre de 1756 en Calahorra nos da cuenta de que era en esa fecha cuando el arquitecto y escultor local Diego de Camporredondo se obligaba a realizar los dos colaterales a juego a lo largo de dos años siguiendo su propia traza y condiciones por 450 pesos de a 15 reales cada uno. Estos, de acuerdo con un lenguaje rococó pródigo en retranqueos, curvas, contracurvas y elementos muy movidos, se planteaban utilizando madera de pino a base de un solo cuerpo articulado por cuatro columnas en distintos planos y ático provisto de machones dando un especial énfasis a los motivos ornamentales chinescos a condición de que una de las imágenes que iban a formar parte del programa iconográfico fuera la Magdalena [1]. Dedicados respectivamente a Nuestra Señora del Rosario y a San José, su repertorio se completa con otras esculturas más de San Ramón Nonato y la mencionada Magdalena colocadas en las hornacinas del ático…

El encargo a Diego de Camporredondo de tan significativas piezas no obedece a un hecho casual, ya que sabemos que estaba muy bien relacionado con el que por esas fechas era Obispo de Pamplona, don Gaspar de Miranda y Argáiz (1742-1767), nacido como él en Calahorra, con la particularidad también de que la presencia de Diego de Camporredondo está perfectamente documentada en otras localidades navarras que formaban parte del territorio diocesano de Calahorra-La Calzada. Lamentablemente, todo indica que pocos años más tarde estos dos retablos serían sometidos a una intensa reforma con el fin de adaptarlos a los nuevos gustos neoclásicos impulsados por la Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Fernando. De ahí la policromía que lucen imitando mármoles…

Gracias a dicho encargo se podría entender con toda lógica que el retablo mayor estaría ya terminado por esas fechas, ajustando su alzado al testero poligonal de la iglesia y aprovechando sus quiebros en planta bajo las típicas motivaciones de un incipiente estilo rococó. Así, su único cuerpo, provisto de un potente banco, se organiza mediante cuatro grandes columnas cuyos fustes aparecen divididos en tercios en los que se despliega un atractivo repertorio ornamental. Mientras en el banco aparecen relieves de la Adoración de los Pastores y la Anunciación, la figura de San Miguel Arcángel de la casa titular, cobijada por un dinámico templete, aparece flanqueada por otras de San Pedro y San Pablo de acuerdo con la disposición tradicional. Y, coronando toda la estructura, un Calvario formado por un Crucifijo del primer tercio del siglo XVI en armonía con un lienzo en el que aparecen pinturas de la Virgen y San Juan y figuras de bulto redondo de San Francisco Javier y San Antonio de Padua coetáneas del marco del que forman parte.

Considerando, pues, todos estos pormenores podríamos deducir que lo más probable es que el citado retablo mayor lo realizaría también Diego de Camporredondo con arreglo a su propia traza y que por esa razón los administradores de la iglesia le encomendarían luego la fábrica de los dos colaterales como forma de mantener unas mismas constantes estéticas: una hipótesis de momento aventurada que sólo se podrá confirmar el día en que encontremos el documento que así lo indique… Del mismo modo, las calidades de la figura titular de San Miguel Arcángel hacen suponer que quizá fuera encargada a algún escultor de la Villa y Corte por algún devoto local. Son, por tanto, interrogantes que se plantean como hipótesis de trabajo y que dejan una puerta abierta para seguir insistiendo en nuestras descabelladas quimeras. 

Iglesia parroquial de Oteiza.



[1] Responsabilidad de Diego de Camporredondo era hacer asimismo dos blandones y un armazón para una imagen de la Virgen. Por su parte la iglesia se responsabilizaría de su transporte desde Calahorra y del montaje de los mismos (AHPL: Juan José Juárez. Leg. 368. Fols. 325-327 vº).