Si en el segundo tercio del siglo XVII es la columna de fuste machihembrado, flameado o en zig-zag la que acabará imponiéndose en la retablística regional (muchas veces en paralelo con los áticos conquiformes o en cuarto de esfera) gracias al trabajo de un especialista tan cualificado como Diego de Ichaso Eztala Urrutia, quien fuera “veedor de obras de arquitectura del Obispado”, residente en Santo Domingo de la Calzada y con fuertes vínculos familiares en Anguiano, el último tercio de ese mismo siglo será la columna salomónica la que acabará imponiendo su hegemonía a raíz de la fábrica del retablo mayor de Murillo de Río Leza: en unos primeros momentos con emparrados envolviendo sus volutas, uvas suspendidas en el aire y pájaros en ademán de picotearlas y luego recurriendo a cogollos vegetales o chicotes retozando entre ellos de acuerdo con una escenografía barroca de marcado carácter eucarístico. Y hablar de columnas salomónicas en el territorio regional es referinos obligatoriamente a los arquitectos montañeses Francisco de la Cueva y Fernando de la Peña Carrera, si bien por ahora sólo quisiera referirme al primero de ellos.

Y es que la aparición de Francisco de la Cueva por el valle del Najerilla, del Oja o del Cárdenas y sus contactos profesionales con el monasterio de San Millán de la Cogolla a través del Obispo de Barcelona fray Benito de Salazar son simples referencias que ayudan a comprender el vitalismo que caracteriza en materia de retablística la última década del siglo XVII. No en vano Francisco de la Cueva acabaría siendo llamado también a Alfaro (perteneciente por entonces a la Diócesis de Tarazona) años más tarde, sólo un poco antes de fallecer, para asesorar en distintos proyectos en los que por entonces estaba involucrada la colegiata de San Miguel. Por eso resulta tan interesante ese periodo de transición entre los siglos XVII y XVIII, pues no hay que olvidar que eran momentos en los que, como complemento necesario de dicha columna salomónica se estaba abriendo paso el estípite, con sus inestables formas, como parte fundamental de ese mismo lenguaje… Es decir, ese preciso instante en el que el inteligente Obispo sanluqueño don Pedro de Lepe y Dorantes fallecía en los palacios episcopales de Arnedillo en 1700 después de 14 años al frente del territorio diocesano.

Pues bien, como forma de rendir un merecido homenaje a Francisco de la Cueva quisiera aportar aquí un nuevo dato a su biografía mientras ejerció con todo merecimiento el cargo de “maestro de arquitectura y bedor deste Obispado de Calahorra y La Calzada” cuando el Obispo Lepe ocupaba todavía la silla episcopal. Se trata del retablo existente en la ermita de Nuestra Señora de la Concepción de Anguciana, para el que dio traza y condiciones demostrando con creces su solvencia profesional a pesar de que él nunca tuvo intención de realizarlo, habida cuenta de las muchas obras que por entonces tenía pendientes. Ésa era la razón por la que valoraba la traza y condiciones en 180 reales que tenía que pagarle al contado el maestro que finalmente se encargara de hacer el citado retablo. Y aunque la traza no ha llegado hasta nosotros, la lista de condiciones es en sí misma lo suficientemente rica en cuanto a soluciones y vocabulario que se convierte en un elocuente resumen de sus gustos. Destaca, por ejemplo, el uso de la madera de nogal en unos momentos en los que la de pino se estaba ya generalizando, su obsesión por la talla de hojas crespas y nerviosas en los cogollos incorporados a los témpanos del banco o tambanillo central como síntoma de calidad. Pero donde reside de hecho la originalidad del esquema es en la forma de plantear la caja titular: un óvalo con sus florones entre peinazo y peinazo en comunicación necesaria con el trasaltar o camarín del testero y el uso de estípites conviviendo en armonía con las salomónicas de uvas que sirven para articular el cuerpo del retablo, lo que vendría a demostrar el profundo conocimiento que Francisco de la Cueva tenía de los encantadores prototipos difundidos por su colega Juan Félix de Camporredondo desde Calahorra [1].

Y, formando parte del alzado, dos imágenes que tenía la iglesia para situarlas sobre los machones laterales a modo de puntos de fuga así como la realización de siete serafines y ocho ángeles más tañendo instrumentos musicales, incluyendo los dos que tenían que sustentar la diadema de una imagen titular que habría que fechar a finales del siglo XVII.

Convocado el remate público a matacandela para el día 1 de noviembre teniendo como primera referencia los 400 ducados en que Francisco de la Cueva había valorado este retablo, Francisco de Porres, vecino de Santo Domingo de la Calzada, rebajaba tan crecida cantidad hasta los 4.200 reales y a continuación Cristóbal de Candina, oriundo del Valle de Liendo, hasta los 4.000. Así, tras diferentes alternativas, Francisco de Porres se comprometía a fabricar el retablo por 3.800 reales, cifra que era rebajada a continuación a 3.600 por Juan Antonio de Aedo, oriundo de Ampuero, y a 3.200 por don Manuel de Santos en representación de un maestro de los allí asistentes que quería permanecer en el anonimato (quizá el propio Francisco de la Cueva con intención de traspasar los trabajos a otro maestro a cambio de una cantidad determinada)… A continuación intervenía en las pujas Antonio Ortiz, vecino del Valle de Liendo, para ofertar 3.000 reales y luego, una vez más, Francisco de Porres, que optaba por bajar 50 reales de la cantidad anterior.

Pero en esa situación de pactos, recesos planificados para estimular el diálogo entre los maestros allí asistentes con el fin de obtener los comitentes el precio más bajo posible y otros pequeños trucos era Juan Antonio Ortiz quien conseguía adjudicarse finalmente el remate en 2.800 reales. Es decir, una cantidad moderada en comparación con los 400 ducados o, si se quiere, los 4.400 reales de partida…

 


 

Nº 1

Noviembre, 1. Anguciana

CONDICIONES DADAS POR EL MAESTRO ARQUITECTO FRANCISCO DE LA CUEVA, VEEDOR DE OBRAS DEL OBISPADO, PARA CONSTRUIR EL RETABLO DE LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN.  

“Condiziones con que se a de ejecutar el rretablo de Nª Sª de la Conzepción de la villa de Anguziana son como se siguen:

Primeramente es condizión que la madera a de ser de nogal buena y limpia de toda satisfaczión para poder executar dicho rretablo con toda perfeczión y arte. Y dicha madera la a de dar la billa cortada. Y el serrar y lo demás a de correr por quenta del maestro que fabricare dicho rretablo. Yten es condizión que la arquitectura y molduras de dicha obra an de ir atadas a la beta, que así conbiene para la fortaleza y ermosura de dicha obra.

Yten es condizión que se a de executar dicho rretablo por la planta y traza echa por Francisco de la Cueba, maestro de arquitectura y bedor de este Obispado de Calaorra y la Calzada por su señoría ylustrísima el Obispo mi señor don Pedro de Lepe, del Consexo de Su Magestad, etc. Yten con condizión que las rrepisas que rreziven las colubnas an de ir mui bien caladas y con buena talla mui crespa, como lo demuestra la traza.

Yten los ténpanos de dicho pedrestal an de ir tallados según lo demuestra la traza con sus cogollos mui bien calados y dispuestos conforme lo demuestra la traza, que así conviene para la ermosura de dicha obra.

Yten es condizión que la caxa y óbalo en que a de estar Nuestra Señora colocada a de ir apeinazada con sus molduras como lo demuestra la planta. Y entre peinazo y peinazo sus florones de buena talla chrespa y bien calada, que así conbiene para la ermosura de dicha caxa. Y el tanbanillo y tarjeta que demuestra por peana a de ir por la parte de atrás conforme lo demuestra de fachada y perfecçión desde la parte de delante a la de atrás, que con esto quedará con arte y perfecçión. Y la guarnizión prinzipal que a de ir y zircunda a la dicha caja a de ir tallada de targetas enrredadas como lo demuestra la traza, mui bien rrelebadas y con el rreliebe como lo demuestra la planta. Yten es condizión que la tarjeta que corona el tanbanillo y frontis de dicho rretablo a de tener de rreliebe media bara mui bien tallada y dispuesta como lo demuestra la traza. Y los arbotantes de primero y segundo cuerpo an de ir tallados en la conformidad que demuestra la dicha traza de rreliebe medio pie, que así conbiene para que queden con toda perfecçión y ermosura.

Yten es condizión que todo lo demás que demuestra la traza a de ir conforme lo demuestra el alzado y planta y por la parte de el interin se a de executar conforme lo demuestra su planta. Y dichas molduras an de ir talladas de ojillos arpadas. Y dichos machones an de llebar sus cornisillas mui bien dispuestas conformado a dichos machones. Y dicha cornisa de machones a de ser alquitrabada con sus modillones y molduras como la que corona las colubnas. Y dichos machones an de llebar basas, collarinos, tanbanillos. Y enzima de los tanbanillos sus tarjetas y colgantes de fruta, bien tallado todo y con el rreliebe necesario. Y los macizos que rreziben dichos macizos y muros an de llebar sus targetas y colgantes, las targetas enzima de sus tanbanillos con todo arte ziñéndose a la sotabasa. Y dichas targetas y colgates en pedrestal y machones ayan de ir de fachada y perfiles. Y el neto de entre machón y machón a de ir tallado como el que demuestra la dicha traza de la fachada. Y dichos machones an de tener de alto ocho pies y el pedrestal que lo rrezibe dos, como el de la parte de fuera, con los mismos perfiles. Y las molduras de la caxa de Nuestra Señora por la parte de el camarín an de ir conforme lo demuestra la planta. Y el perfil que demuestra talón a de ir tallado de ojas arpadas mui bien dispuestas y talladas. Y enzima de la cornisa a de llebar un rremate de talla mui bien tallado y calado en el todo y con su desminuzión para que aga un rremate mui ermoso. Y enzima de dichos machones se an de poner dos santos que tiene la yglesia. Yten es condizión que aya de azer dicho maestro siete serafines que demuestra la traza con más ocho ángeles enzima de las cornisas sentados los tres en el mazizo, digo buelos, de las colubnas prinzipales de la calle de medio. Y los otros dos e(n) los buelos de las cornisas de los arbotantes, sentados en dichas cornisas tañendo ynstrumentos de música. Más otros dos ángeles teniendo la deadema u corona de Nuestra Señora mui bien escorzados y postura mui ermosa.

Otrosí, las colubnas an de ser salomónicas, como lo demuestra la traza, bestidas de parras con sus bastaguillos y ogillas mui bien meniadas y caladas y con las ubas casi en aire con sus paxarillos (cada coluna 4 páxaros) con postura diferentes.

Yten se le a de dar a el maestro que se rrematare dicha obra taller en que pueda trabajarla.

Yten es condición que el maestro que quedare con la obra a de pagar por la traza ciento y ochentta rreales en contado.

Yten es condizión que el maestro que quedare con la obra aya de dar fianzas a satisfazión y seguridad y a boluntad de los patronos de dicha ermita.

Yten que dicha obra aya de quedar con con todo arte y toda satisfazión y a bista de maestros peritos y que los aya de pagar el maestro que quedare con dicha obra si suzediere que a la vista de dicha obra no la den por buena o le mandaren que quite, añada o perfizione en algo. Y si la dieren por buena que aya de pagar dicha ermita y en su nombre los patronos a el maestro que nombrare por su parte y no más.

Yten es condizión se ha de pagar lo que se rrematare en tres partes: la primera para comenzar a entrar trabaxando en dicha obra y la otra tercera parte para la mitad de la obra y la rrestante terzera parte para quando entregue la obra concluida y a bista de maestros. Y dicha obra se ha de dar acabada para el día de Nuestra Señora de setiembre que vendrá de mil seiscientos y nobenta. Y se declara que la madera de nogal tan solamente se le ha de dar de la que está cortada el día de oy y más dos nogales de por cortar, que el uno está a la Passada del Carril del Soto desta villa y el otro en el término que llaman el Pozo de los Linos. Y si faltare más madera la aya de poner el maestro que quedare con dicha obra.

Yten es condizión que todos los ángeles han de ir bestidos y como de dos pies y de cuerpo entero. Y a de acerse una diadema para Nuestra Señora”.



[1] Vid. doc. nº 1.