En tiempos pasados la falsificación de moneda se consideraba un delito tan grave que al delincuente que era detenido por estar involucrado bien en su falsificación o simplemente por el hecho de introducirla se le solía aplicar sin ningún tipo de excusas la pena de muerte. A ello hacía referencia en mi libro electrónico La muy noble y muy leal ciudad de Haro, publicado en el año 2017, en el que narraba cómo a un italiano de nombre Antonio Esgüerde el verdugo de Miranda de Ebro le daba garrote en la Plaza pública de Haro allá por 1801 tras ser condenado a la pena capital por el gobernador y alcaldes del crimen de la Real Chancillería de Valladolid [1].

De este delito he encontrado algunas referencias más, si bien ahora quisiera referirme únicamente a un episodio ocurrido también en La Rioja, aunque en fecha mucho más antigua, ya que se remonta al reinado de Carlos II el Hechizado. Corría el verano de 1678 cuando don Antonio Martínez de Espinosa, Corregidor que había sido de Soria, se desplazaba por orden del Real Consejo de Castilla hasta la localidad de Aldeanueva de Ebro “a la abriguazión de algunas personas que se dixo auían yntroducido y introducían moneda falsa que llaman de molino que se fabricaua en el Rreyno de Franzia”. Tras las pesquisas y declaración de testigos el Corregidor llegaba al convencimiento de que el autor de esa introducción de moneda falsa en la zona era un residente en la localidad de nombre Antonio Fernández del Río, si bien este último negaba las evidencias aduciendo que cuando ocurrieron los hechos que se le imputaban estaba en Santander, de donde era natural, ya que no había tenido otro remedio que ir a ver a su padre y atender allí algunos negocios. Manifestaba Antonio Fernández del Río que, ante la imposibilidad de defenderse de la sentencia de muerte a la que había sido condenado, lo único que podía añadir sobre el particular era reafirmar su condición de “leal vasallo sin que jamás se le aya visto cosa en que contravenga a las leyes destos Rreynos y es buen christiano temerosso de Dios y de su conciencia”. De ahí que el 26 de agosto de dicho año de 1678 optara por dar poder en Rincón de Soto a Juan Llorente, agente de negocios de los Reales Consejos, con el fin de recurrir la sentencia y evitar de ese modo la aplicación de la pena de muerte [2].


Moneda macuquina de 8 reales de plata

 


 

[1] RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., La muy noble y muy leal ciudad de Haro. Logroño, 2017, p. 98.

[2] AHPL: Miguel Martínez de Azagra. Año 1678. Fols. 87-88.