Como consecuencia de la publicación de mi libro electrónico sobre Haro alguien que me conocía quiso contactar conmigo para enseñarme las cosas que había ido atesorando en su casa y que, según él, podrían tener cierto valor [1]. Tras girar la correspondiente visita para darle mi opinión, la única pieza que realmente valía la pena era una pequeña imagen de barro cocido de San José de 47 cms. de altura cuyo planteamiento no dejaba lugar a dudas de que se trataba de una obra de los Ágreda y más en concreto de Esteban de Ágreda Ortega (1759-1842), por lo que habría que relacionarla forzosamente con la fábrica de loza de San Carlos que su padre Manuel de Ágreda Ilarduy (1715-¿1825?) fundara en Haro el 13 de agosto de 1784 en compañía de otros dos amigos tratando de imitar las piezas de Talavera: una aventura que tantos problemas le ocasionaría hasta el punto de tener que cerrar al poco tiempo por ser un proyecto ruinoso.

Sería interesante hacer un análisis del barro con que ha sido modelada esta imagen para conocer a ciencia cierta esta suposición. En cualquier caso, su estructura neoclásica, el abullonamiento del manto, la forma de plantear los pies y el uso de colores planos tan significativos como el amarillo y el verde no dejan lugar a dudas sobre dicha atribución, por lo que estoy plenamente convencido de que sería una más de las que Esteban de Ágreda Ortega tenía en su obrador para ser utilizadas como modelo. Más aún cuando se trata de un tema tan recurrente en la producción de los tres artistas de idéntico apellido: Manuel, su hermano de padre el carmelita fray José de San Juan de la Cruz (1715-1794) y Esteban, hijo del primero.

Ahora bien, en la mayoría de los casos las interferencias entre ellos e incluso los altibajos son tan frecuentes que resulta difícil deslindar con precisión cada una de las individualidades estilísticas. Y es que ocurre a veces que frente a unas obras exquisitamente resueltas otras parecen realizadas a toda prisa, como a falta de los últimos retoques. Por eso quisiera traer aquí a colación dos obras que desde mi punto de vista habría que considerar entre las mejores de la producción de Esteban de Ágreda Ilarduy: la María Magdalena de la catedral de La Redonda en Logroño (que mantiene todavía algunos ecos barroquizantes y hoy se encuentra descontextualizada del lugar para el que fue concebida, es decir, una ménsula en la Capilla de los Ángeles a tono con dos colaterales gemelos) y la imagen de San José con el Niño que fuera regalada a la iglesia parroquial de Fuenmayor por un ilustre hijo de la localidad, impregnada ya de un fuerte componente neoclásico…

Y hablar de la Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles de La Redonda es referirnos al mismo tiempo al gran protagonismo que tuvo en su realización fray José de San Juan de la Cruz y por qué circunstancias hubo que modificar su cubierta original para adoptar otro tipo de soluciones. Pero eso lo dejamos para mejor ocasión. Tan sólo apuntar que en el convento de las monjas concepcionistas de Alfaro, hoy trasladadas a sus nuevas instalaciones de Logroño, hay una imagen de San José con el Niño que sigue al pie de la letra los modelos de los Ágreda, por lo que no habría ninguna duda en adjudicar su autoría precisamente al controvertido y polifacético fray José de San Juan de la Cruz, de quien ya he dado a conocer los viajes que hizo a Alfaro para dictaminar sobre una obra hidráulica como experto ingeniero, dar traza para la retablo mayor de la ermita de San Roque y acometer otros proyectos más [2]… En cuanto a la imagen de Santa Lucía que también se localiza en este mismo convento y es obra suya lo dejo por el momento para mejor ocasión.

San José con el Niño (colección particular).

Iglesia parroquial de Fuenmayor. San José con el Niño.

Iglesia parroquial de Fuenmayor. San José con el Niño (detalle).


Convento de Nª Sª de la Concepción de Alfaro. San José con el Niño.



[1] RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., La muy noble y muy leal ciudad de Haro. Logroño, 2018.

[2] RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., Alfaro en sus Monumentos Religiosos. Monográfico en Graccurris nº 9. Alfaro, noviembre 1999, pp. 1-378.