En un lugar de La Rioja de cuyo nombre no quiero acordarme (que es como siempre comienzo mis artículos cuando, por encima de todo, quiero mantener la más absoluta reserva sobre el particular) tuve la oportunidad de ver una bella imagen de Nuestra Señora del Rosario que por sus especiales calidades en seguida logró despertar mi interés. Tras las averiguaciones de rigor en seguida deduje que procedía de la capilla de un palacete navarro que tuvo que ser desmantelado a toda prisa por amenazar ruina hace ya algunas décadas y que la persona que mandó edificarlo en el siglo XVIII era un clérigo de renombre que estaba muy relacionado con importantes círculos de la Villa y Corte. Omito dar otros detalles con el fin de respetar la palabra de privacidad que di al actual propietario de la imagen, heredero directo de tan ilustre personaje.

Sobre una nube algodonosa por la que asoman dos querubines y una peana de claro sabor neoclásico, la Virgen aparece de pie, sustentando en su brazo izquierdo a un juguetón Niño Jesús a manera de trono de acuerdo con un planteamiento que se populariza en la última parte del siglo XVI (concretamente a partir del 7 de octubre de 1571, en que tiene lugar la Batalla de Lepanto y, por tanto, en pleno auge del movimiento romanista y de las ideas de la Contrarreforma) bajo el impulso de la Orden de Predicadores de los dominicos. Una devoción que en el último tercio del siglo XVIII, y después de una anodina y prolongada etapa, volverá a reverdecer con nuevos bríos. Y es justo en este ambiente de fervores populares en el que hay que encuadrar el encargo de esta bella escultura, caracterizada por la delicadeza de rasgos y su porte eminentemente clásico, aunque sin prescindir por completo de una herencia marcadamente rococó. Toda una sucesión de detalles tan evidentes como para no dudar en adjudicar su autoría a Juan Pascual de Mena (1707-1784). De ahí las grandes analogías que mantiene, por ejemplo, con la imagen de la Virgen del Rosario de Antezana de la Ribera (Álava), esculpida según parece entre 1763 y 1767 [1]. Y, si bien la que aquí nos ocupa es un tanto posterior, el esquema general y los ideales de belleza siguen siendo los mismos. Sirvan, pues, estas líneas para reivindicar una vez más a tan ilustre escultor dando a conocer y rescatando del anonimato una de sus encantadoras obras [2]…              

Del mismo modo, quisiera aprovechar la circunstancia para hacer una llamada de atención sobre la imagen de la Inmaculada Concepción que ocupa la casa titular de un colateral de la iglesia parroquial de Lagrán (Álava). De ella sabemos que fue esculpida en Madrid en 1784 y donada al templo por don Francisco Leandro de Viana, Conde de Tepa y Marqués de Prado Alegre y su esposa doña María Josefa Rodríguez de Pedroso [3]. Y es que son tantas y tan acusadas las similitudes entre las tres que no dudo en atribuirla igualmente a Juan Pascual de Mena, con lo cual ésta sería una de sus últimas obras…  

Nª Sª del Rosario en una colección privada.

Detalle de la imagen.
Detalle de la imagen.
Detalle de la imagen.
Detalle de la imagen.
Nª Sª del Rosario en la iglesia de Antezana de la Ribera (Álava).
Inmaculada Concepción en la iglesia de Lagrán (Álava).



[1] VARIOS. Vitoria Gasteiz en el arte. T. II. (La sociedad a comienzos de la Edad Contemporánea, Fernando Tabar). Vitoria, 1997, pp. 488-489.

[2] De Juan Pascual de Mena he dado a conocer diferentes obras localizadas en tierras riojanas: RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., Guía Histórico-Artística. Torrecilla en Cameros. Logroño, 1994. RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., Juan Pascual de Mena en San Millán de la Cogolla. Kalakorikos nº 2. Calahorra, 1997, pp. 301-308. RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., Juan Pascual de Mena en Ortigosa de Cameros. El Chapitel nº 2, enero 1998. RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., Edificios religiosos de Arnedo. Logroño, 2020.

[3] MICAELA JOSEFA PORTILLA VITORIA y JOSÉ EGUÍA LÓPEZ DE SABANDO. Catálogo monumental. Diócesis de Vitoria. T. II (Arciprestazgos de Treviño-Albaina y Campezo). Vitoria, 1968, p. 284.