Son muchas las fuentes documentales que dan cuenta una y otra vez a lo largo del tiempo de que la iglesia parroquial de Santa María de Briones era una de las más elegantes de todo el vasto territorio diocesano. Sede de vicaría, con lo que todo ello significa, gozaba del privilegio de ser visitada únicamente por el Obispo, al igual que otras pocas más del territorio diocesano. De todo ello he tenido oportunidad de hablar en diferentes publicaciones, especialmente en el libro que sobre Briones y sus Monumentos publiqué en 1995. No obstante, quisiera hacer aquí mención a algunas intervenciones que en dicho libro quedaron un tanto desdibujadas y confusas.

Decía, por ejemplo, que la sillería de nogal que se acomoda en el coro, compuesta de 23 asientos altos y 14 bajos con decoración de hojarasca había sido realizada hacia 1710 por el arquitecto Juan de Ortega Caballero, fallecido en Briones el 4 de abril de 1732… Pues bien, es una afirmación que habría que matizar de algún modo.

A comienzos del siglo XVIII eran muchas y de gran envergadura las obras que todavía quedaban pendientes de ejecución en la iglesia de Briones para dejarla completamente acabada. Aparte de diferentes intervenciones en el mobiliario litúrgico que eran de todo punto necesarias se echaba en falta de momento una sillería de nogal para el coro y al mismo tiempo se hacía muy necesario tener que acometer a la mayor brevedad posible el dorado de los retablos colaterales situados en los testeros de las naves laterales del templo (nave de San Sebastián al lado del Evangelio y nave de Santiago al de la Epístola), lo que llevaba necesariamente a tener que pintar y dorar también todo el testero con el fin de crear la escenografía ambiental adecuada. Luego vendría la fábrica de una torre nueva, la construcción de un gran órgano, la intervención en el presbiterio y tantas otras cosas más…

A comienzos de 1726 se puede decir que todos los trámites para construir la sillería del coro estaban ya muy avanzados con el maestro arquitecto José de Ortega, el mismo que pocos años antes había hecho la sillería del coro de la iglesia parroquial de Murillo de Río Leza dando prueba una vez más de su talento. De ahí que, tras salvar todos los obstáculos para que fuera él quien se ocupara de los trabajos, el 18 de marzo de ese mismo año se firmaba la correspondiente escritura por la que José de Ortega se obligaba a “hazer vna sillería de sillas baxas y altas, asentar y poner en el coro de la parrochial de esta dicha villa y quatro medias puertas en dicho coro” siguiendo una lista de condiciones muy semejante a la que le habían impuesto anteriormente en Murillo de Río Leza con obligación de terminar los trabajos en un plazo de 18 meses a contar desde el primero de abril. Es decir, “trece de fronteras y siete en cada lado para formar el quadrángulo de dicho coro dándole a las sillas baxas la proporzión simétrica en respaldo y cornissa que requiere su arte”, aprovechando los espacios laterales resultantes como trasteros y sendas puertas convenientemente decoradas formando parte necesaria de todo el conjunto. Eso sí, disponiéndolas sobre una tarima lo suficientemente sólida y ventilada para evitar humedades y dejando el centro libre para situar un facistol a juego [1].

En total eran 27 sillas ajustadas a razón de 300 reales cada una, lo que suponía un montante de 8.100 reales, a los que había que añadir otros 400 por las puertas, una de las cuales (la de entrada al coro) tenía que ir decorada por ambas caras. O sea, un importe de 8.500 reales…

Diez días después se volvía a copiar la lista de condiciones con el fin de que cada una de las partes estuviera perfectamente informada de todos los pormenores del proyecto.

Terminados los trabajos, el 10 de junio de 1728 comitentes y arquitecto se ponían de acuerdo para nombrar a fray Juan Antonio Gómez, residente en el real monasterio cisterciense de San Pedro de Cardeña, para reconocer esta sillería y comprobar si ésta había sido realizada de acuerdo con las calidades previstas [2]. Por tanto, vemos una vez más cómo en el entorno de Haro no resulta inhabitual recurrir a frailes de este monasterio burgalés para solicitar su asesoramiento en un periodo muy concreto del siglo XVIII. Sin olvidar tampoco el gran protagonismo que van a tener los artistas burgaleses en el territorio diocesano por entonces: el arquitecto Santiago de Lamo, el dorador José López Bravo… Basta recurrir, por simple proximidad, a los edificios religiosos de Haro [3].

Gracias a este encargo y ante las buenas perspectivas de trabajo que se le ofrecían, José de Ortega abandonará Murillo de Río Leza para instalarse definitivamente en Briones, donde tendrá ocasión de trabar verdadera amistad con los Ágreda y con otros artistas más [4]. Así se desprende de una escritura fechada el 30 de julio de 1731 por la que don José Manuel de Gadea y Tamayo, vecino de Briones, que tenía una casa perteneciente al mayorazgo que gozaba en la calle de los Villodas (a surco de otras de don Diego Villodas Tenorio y Diego de Aguirre), optaba por alquilársela a José de Ortega por espacio de nueve años a contar desde la festividad de San Juan Bautista, 24 de junio de 1729, ya que llevaba dos años viviendo en ella [5].

El paso siguiente en esa cadena de actuaciones consistía en centrar todos los esfuerzos en dorar los dos retablos situados en el testero de las naves laterales (dedicados respectivamente a Nuestra Señora de la Esclavitud y a Santiago) que años antes se habían encargado de construir Juan y Pedro de Elguero y que fueron tasados el 27 de octubre de 1697 por Francisco de la Cueva, veedor del Obispado y residente por esas fechas en Uruñuela, donde estaba ocupado en fabricar el retablo mayor de su iglesia parroquial. Unos colaterales en los que cinco cajas de reliquias adquirían un gran protagonismo y que era preciso dorar también. Pero no sólo eso, sino que se trataba también de pintar unos pabellones de perspectiva en los muros para dar mayor énfasis ornamental a los colaterales junto a otras actuaciones complementarias que buscaban dotar a la capilla mayor de un fuerte componente escenográfico. Sin olvidar tampoco pequeños detalles como dorar la silla central del coro…

Lógicamente, se trataba por todos los medios de contactar con un maestro dorador de prestigio para encargarle la consiguiente lista de condiciones y, si pudiera ser, encomendarle también esa labor. Y ese especialista no era otro que José López Bravo, cuya fama se había extendido por todo el territorio diocesano a raíz de importantes intervenciones. Así que, tras presentar a los responsables de la iglesia una lista de condiciones fechada el 28 de marzo de 1728, no habría ningún inconveniente en preparar el terreno para que fuera él y sólo él quien se hiciera poco después con los trabajos tras ganar el consiguiente remate público [6]. De ahí que el 10 de septiembre de 1728 José López Bravo firmara la oportuna escritura por la que se comprometía a entregar enteramente terminada la obra para primeros de mayo de 1729 por 18.500 reales “por toda la obra que a de hazer en el altar maior y coraterales de ella según las condiziones para todas la(s) dichas obras echa(s) sin que se le a de dar mexoras algunas y dar fianza a satisfazión de señores administradores”…

Todo tiende a indicar, sin embargo, que José López Bravo no llevaría a cabo esta voluminosa labor por sí solo, sino que se la repartiría a medias con otro burgalés, en este caso Fernando López de Sagredo, con el que presumiblemente tendría firmado un contrato de compañía. Consta, por ejemplo, que Fernando López de Sagredo llevaba ya un tiempo viviendo en Briones cuando en marzo de 1729 se adjudicaba en público remate el dorado del colateral del Niño Jesús de la iglesia parroquial de Santa María de Laguardia (construido precisamente en 1727 por José de Ortega) por 6.300 reales, razón por la cual el 18 de marzo de ese año daba por fiadores a dos vecinos de Briones que conocían su seriedad profesional: don Rodrigo Arias Paternina y don Juan Ponciano Ortiz de la Era y Calderón [7].

Dadas las dimensiones, calidad de la fábrica, del mobiliario litúrgico en general y el nutrido Cabildo eclesiástico que servía pastoralmente esta iglesia de Briones podría parecer imposible a simple vista que los vecinos de la localidad pudieran afrontar tantos gastos de continuo con cargo a sus diezmos, ya que los proyectos se sucedían uno tras otro e incluso se solapaban en ese afán por convertirla en una de las más rutilantes de la Diócesis. En este sentido habría que hacer notar que fue la generosidad de muchos, junto a una diligente contabilidad, lo que hizo posible tantas y tan gratas aventuras. Cuando el 4 de junio de 1724, por ejemplo, se hacía un balance de las memorias, aniversarios y censos con el fin de conocer al detalle las obligaciones contraídas por la fábrica de la iglesia traducidas a dinero [8], cinco días después ya se tenía un conocimiento económico exacto para saber hasta qué punto se podía llegar forzando incluso en exceso la situación. Pero también la larga lista de vecinos que habían dejado a la iglesia numerosos bienes y censos por vía testamentaria: Martín de Huércanos, Martín Díaz, María de Guardia, el capitán Juan Arias [9]… Y ésa, precisamente, sería la pauta que otros vecinos más continuarían.

Dejando a un lado las caras aventuras de la torre, el órgano y otros pequeños detalles, ese fructífero siglo XVIII para Briones se cerraba con un nuevo proyecto: “la vltimación de las obras del prepisterio (presbiterio) y demás que se allan proiectadas de piedra jaspe en esta dicha yglesia por el patronato como en quien residen todas las facultades para higuales casos sin interbención del Cabildo eclesiásticio por especial prebilejio que tiene esta yglesia y sus patronos y administradores, mediante ser obras de mucha consideración y costo contemplan dichos señores según el cárculo prudencial del maestro de las obras tener necesidad de tomar alguna cantidad a censo”. Es decir, prácticamente el acertado colofón a toda una larga serie de actuaciones que se habían prolongado durante casi tres siglos [10]. Por esa circunstancia el 15 de julio de 1791 se reunían los patronos y administradores del templo de cara a analizar los detalles derivados del nuevo proyecto y, para hacer frente a los costes, daban poder a Domingo Jimeno y a don Francisco Bañuelos, alcalde y regidor de Briones respectivamente, para tomar un censo de 44.000 reales al rédito del 3% de las religiosas del convento de Santa Elena de Nájera. De ahí que todos los vecinos, como venía siendo tradicional en estos casos, no tuvieran ningún reparo en hipotecar como garantía sus propias heredades [11]. Lógico, porque, siguiendo la línea marcada por sus antepasados, sabían que era su iglesia y que cualquier esfuerzo merecía la pena. Pero de esta actuación y de otras más hablaremos en otro momento.



Nº 1

1726, marzo, 18. Briones

CONDICIONES POR LAS QUE EL MAESTRO ARQUITECTO JOSÉ DE ORTEGA SE OBLIGA A FABRICAR LA SILLERÍA DEL CORO DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE BRIONES.

AHPL: Domingo Orive de Arciniega. Leg. 3937, s/f.  

  • 1ª. Lo primero con condizión que dicha obra y sillería aya de ser de madera nogal limpia y seca y de buena ley esceptuando gradas y el tablado que ha de diuidir y diuide las sillas altas y baxas. Y el enta
  • rimado de las sillas baxas ha de ser de madera de robre de buen gruesso. Y dichos tableros an de ser executados y juntados a pico de gorrión para que no se abran las juntas.
  • 2ª. Es condizión que dicha sillería aya de llebar los mouimientos y pilastras como demuestra la traza en flores, ornatos, resaltos y remates y debaxo de dichos brazos aya de llebar de perfil lo que demuestra la traza.
  • 3ª. Es condizión que dicho maestro se ha de obligar ha tomar la medida de el coro y compartir y simetrear las sillas correspondientes haziendo trece de fronteras y siete en cada lado para formar el quadrángulo de dicho coro dándole a las sillas baxas la proporzión simétrica en respaldo y cornissa que requiere su arte.
  • 4ª. Es condizión que las sillas altas ayan de llebar los respaldos con sus artesones tallados con la diferenzia y distinzión que las pilastras que caen enzima de los brazos ayan de llebar sus bassas y capiteles dóricos y su entrecalle baziada y el medio de dicha calle aia de llebar su tarxeta con sus bandexas y flores como demuestra la traza.
  • 5ª. Es condizión que enzima de dichas pilastras aya de cargar vna cornissa con sus molduras y alquitrabe y frisso con sus medillones como demuestra la traza y enzima de dicha cornissa ha de ir vna media caña lebantada vn pie poco más o menos con sus tarxetas de talla como demuestra la traza y enzima de dicha caña ha de llebar otra cornissilla resaltando en cada mouimiento de pilastra como demuestra la traza.
  • 6ª. Es condizión que aya de llebar enzima de dicha cornissa sus remates correspondientes a dicha obra haziendo dos o tres diseños diferentes con el ornato de talla mui bien labrada. Y ha de llebar el ornato circumbalando el óbalo de la claraboia que ay en el coro que le pertenece a la silla del señor presidente resaltando y correspondiendo a las cornissas de dicha sillería y por remate enzima de el óbalo aya de llebar vna águila con las alas estendidas que remate dicha obra.
  • 7ª. Es condizión que el maestro que quedare con dicha obra aya de adelantar la madera necesaria de nogal y robre o dar fianzas abonadas.
  • 8ª. Y en orden a los remates que han de cerrar la sillería por arriba es condizión han de ser a elección de los diseños que ha de formar el dicho maestro, que de ellos elixirá dicho señor Cabildo los que gustare.
  • 9ª. Y es condizión en orden a las pilastras que ha de hauer enzima de los brazos de las sillas, como son pilastras expresadas arriba como demuestra la traza aya de ser medias columnas hastreadas con sus flores en el primer tercio y sus capiteles con sus hojas compuestos.
  • 10ª. Es condizión que dicho maestro se ha de obligar a hazer dos puertas partidas a inglete y los paneles tallados correspondientes a la sillería y con sus marcos con sus molduras que ayan de corresponder a la cornissilla de las sillas altas de el respaldo correspondiente hasta los dos pilares que cierran dicho coro.
  • 11ª. Es condizión que dicha obra aya de ser reconocida por maestros peritos en el arte sin que sea visto ni se entienda que aunque dicho maestro haga mexoras en la obra referida no aya de pedir nada por ellos.
  • 12ª. Y dicho maestro se obliga a finalizar y dar acabada dicha obra dentro y en el término de diez y ocho meses, que empezarán a correr desde primero de abril de este presente año.
  • 13ª. Y es condizión que el ymporte de dicha obra se ha de pagar por meses a dicho maestro a quatrocientos y setenta y dos reales y quartillo de vellón en cada mes de los diez y ocho en que se obliga a dar acabada y finalizada dicha obra que es lo que corresponde a los ocho mil y quinientos reales que importa toda la dicha obra y puertas, que ha de ser la primera como se entra a dicho coro de dos caras.
  • 14ª. Y es condizión que al empezar dicha obra dicho maestro ha de traher y poner en esta villa a su costa toda la madera necesaria para toda ella sin que se le entregue dinero ni plazo alguno respecto de no dar fianza para dicha obra.
  • 15ª. Es condizión y se aduierte que son y an de ser veinte y siete sillas las que se an de hazer para dicho coro, que a trecientos reales de vellón cada vna según están concertadas y axustadas con dicho maestro importan ocho mil y cien reales de vellón. Y los quatrocientos restantes hasta los ocho mil y quinientos reales vellón son y se an de dar a dicho maestro por las dichas dos puertas con sus remates dos medias en cada vna con sus marcos para dicho coro, que la primera como ba dicho para entrar en él ha de ser de dos caras.

Testigos de ello eran Francisco Quintana, José del Valle y Saracho y Manuel del Cid, vecinos de Briones, “y los señores otorgantes que yo el escribano doy fee conozco lo firmaron y también dicha traza. Don Diego Amarita. Don Juan de Bañuelos Oroz. González. Don Joséph de Ontiberos Bañuelos. Don Diego Bañuelos y Salas. Gerónimo de las Cuebas y la Torre. Don Juan de Bañuelos Marrón. Don Manuel de Villodas. Don Manuel de Gobantes y Gadea. Don Luis Alexandro de Mecolaeta y Salzedo. Joséph de Ortega. Antte mí, Domingo Orive de Arziniega”.

 

Nº 2

1728, marzo, 28. Briones

CONDICIONES POR LAS QUE JOSÉ LÓPEZ BRAVO SE OBLIGA A DORAR LOS RETABLOS DE LOS TESTEROS DE LAS NAVES LATERALES DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE BRIONES, HACER UNOS PABELLONES DE PERSPECTIVA Y DORAR LA SILLA CENTRAL DEL CORO.

AHPL: Domingo Orive de Arciniega. Leg. 3937, s/f.

“Condiciones que an de tener el dorar los dos colatteraless de Nuestra Señora de la Esclauitud y Santiago de la yglesia parroquial de la villa de Briones:

  • 1ª. Es condizión que después de bien limpio el poluo y dada su agua de cola se a de enraxar y enlenzar las yendas que tubiere toda la madera.
  • 2ª. Yten se an de aparejar de yeso grueso yeso matte según artte dándole a la cola la fuerza correspondiente. Y estto a de quedar muy terso dejando los lisoss muy yguales y que no tengan desigualdad ni gotass que afeen a el dorado.
  • 3ª. Y que se an de dar las manos de bol correspondientes y que éste a de ser de Llanes. Y que en caso que se mezcle con el bol blanco a de ser muy poco y la más parte de bol de Llanes por ser éstte el de más durazión y el que más conserba el oro.
  • 4ª. Con condizión que dichos rrettablos se an de dorar todos de alto auajo lo que a la vista alcanzare de qualquiera piso de la yglesia se a de resanar y bruñir todo según artte sin dexar de por bruñir ni rrozados ni otras fealdades que pueda perturbar el buen dorado.
  • 5ª. Con condizión que el oro que se aya de gastar en dichos rettablos aya de ser de buena calidad y color.
  • 6ª. Con condizión que en los lisos que vbiere más cretas, pilastras y contrapilastras y algunos bazeados que hubiere algún espazio que no lo ofusque la talla de rreliebe que se an de dibujar diferentes cogollos y flores algunas tarxettas (comforme lo que combenga) a cada lista se le a de dibujar sobre campo de oro y echo de zapa bruñendo todo lo que se dibujare y ttodo según artte y buen gusto del maestro.
  • 7ª. Con condizión que la escoltura que se allare en dichos retablos después de bien aparejada y rreparada se a de dorar y estofar y encarnar según a cada cosa le correspondiere dibujando con primor diferentes figuras sobre oro de diferentes colores sus tragettas. Y en dichas tarjettas algunos niños o algunas bichas y todo guarnezido dicha orilla con con algunos niños entre los cogollos y en el zenttro de dichas tarjettas algunos atributtos del santo o santa que vbiere.
  • 8ª. Y en las hinicas diferentes tudescos de aguada y en las capas diferentes brocados de colores y algunas flores de oro y ttodo según artte y en los aforros su galón de oro con algunas telas del mismo oro. Y todo el rresto de dicha escoltura después de echas dichas flores se a de rragar el oro y picar muy menudo y todo según artte.
  • 9ª. Con condizión que se a de encarnar la escoltura y si conbiniere poner ojos de cristal a alguna figura se pondrá a gusto de los señores pattronos.
  • 10ª. Con condizión que los andamios y casa para el maestro a de correr de quenta de los señores pattronos.
  • 11ª. Con condizión que las zinco caxas de reliquias que ay en dicos colaterales se doren en la misma forma que los retablos.
  • 12ª. Es condizión que los pedestales de piedra se pinten de diferentes géneros de jaspes ymitando a el pórfido y otras bariedades.
  • 13ª. Y asimismo se bernizen con barniz de charol así para la permanenzia como para el luzimiento.
  • 14ª. Y con dichas condiziones me obligo a executtar dicha obra en prezio de ziez y siette mill rreales vellón. Y lo firmo en Briones y marzo, 28 de 1728. Joséph Brabo.
  • 15ª. Y es condizión que en el primer betún o matiz que se diere a dichos coraterales se an de reconozer si está con perfeczión y arte y las juntas vien puestas y vnidas de suerte que no se conozca quiebra en ellas.
  • 16ª. Y con condizión que el estofador a de ser a satisfazión de los señores administradores. Y el oro a de ser color más resplandeziente de manera que quede con mayor luzimiento dicha obra a bista de maestros.
  • 17ª. Y en quien se rematare dicha obra a de dar fianzas a el tiempo de el otorgamiento de la escriptura, que a de ser dentro de ocho días a contentamiento de dichos señores”.

Condiziones con las quales se a de dorar y pintar y finxir de prespectiba lo siguiente en el rretablo maior como asimismo sus colaterales que actualmente se están dorando.

  1. Es condizión se a de pintar en el rretablo maior desde la zinbria o arco primero y más inmediato a el rreefrido rretablo, quien en su zentro tiene ocho nichos o planos causados de las zinbrias que en el zentro de dicho arco ai, las quales an de ir de jaspes con algunas molduras de oro.
  2. Es condizión que en los lisos que ai de una zinbria a otra se an de echar unos cogollos luzidos de oro a mate.
  3. Es condizión que en los lisos que ai en el rremate del altar maior azia los costados se aia de pintar un cortinaxe a modo de pabellón con unos niños qie sirban de irlo manteniendo y jugetiando con él como con los cordones que en él se an de echar.
  4. Es condizión que dichos cordones y franxas del pabellón an de ir de oro a mate.
  5. Es condizión que en los costados de dichos retablo se an de finxir unos argotantes baziado de oro para que se case con dicho retablo maior. Y por entre sus calados el cortinaxe o pabellón, el que a de baxar asta los los pedrestales.
  6. Es condizión que las molduras de piedra que ai a los costados del dicho rretablo an de ir de diferentes jéneros y que baian zerrandos a porporzión con el arco que se a de pintar.
  7. Es condizión que en los colaterales que se están dorando se an de finxir unos pabellones que baian ziñendo y abrazando dichos colaterales asta los padrestales. Y se adbierte se an de dorar en la misma forma que lo del retablo maior y su jugete de niños. Y con estas condiziones y darme andamios echos me obligo a exequtar esta obra en prezio y cantidad de diez y ocho mil y quinientos reales vellón.
  8. Y es condizión que dicho maestro a de dorar y estofar la silla de el medio de la sillería que se a echo en el coro de ella hasta su remate y la efixie de San Pedro con condizión que si ymportare dicha silla y San Pedro hasta su remate más de trezientos reales se le a de pagar el eszeso a dicho maestro. Y lo firmaron sus mercedes junto con él, siendo testigos don Juan Francisco Pérez, don Francisco Bañuelos Oxeda y Francisco de Estrimiana, vezino y naturales de esta dicha villa. Y los otorgantes que yo el escribano doy fee conozco lo firmaron.
  9. Y es condizión que toda la obra que se a de hazer en dicho retablo mayor y coraterales todo lo que baxa y baxaren de los predestales abaxo a de ser de pintura que corresponda al predestal de el altar maior hasta su piso y retocar todo el predestal de dicho altar y capilla mayor y lo firmaron.

Y toda la dicha obra a de dar concluida para primeros de maio de el año que viene de mill setezientos y veinte y nueue. Bañuelos. Romerinos. Morillas. Oyardo. Gobantes. Brabo. Fui presente, Domingo Orive de Arziniega”.



[1] Vid. doc. nº 1.   El ajuste con Juan de Ortega lo hacían Don Diego Amarita González, beneficiado y presidente del Cabildo, don Juan de Bañuelos Oroz, Vicario en Briones y su partido, don Diego Bañuelos Salas, don José de Ontiberos Bañuelos, don Jerónimo de las Cuevas y la Torre, don Juan de Bañuelos Marrón, cura más antiguo, don Manuel de Villodas, don Manuel Gobantes y Gadea, y don Luis Alejandro de Mecolaeta y Salcedo, todos ellos beneficiados.

[2] En el documento se afirmaba por error que fray Juan Antonio Gómez residía en el convento de Nuestra Señora de Valvanera, por lo que se procedía a tachar esas palabras para sustituirlas por la procedencia correcta.  

[3] RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., La muy noble y muy leal ciudad de Haro. Logroño, 2017.  

[4] RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., Briones y sus monumentos. Logroño, 1995.

[5] La casa estaba “mui maltratada y quasi inhauitable” y se daba a José de Ortega la posibilidad de repararla sin exceder del precio del arrendamiento: los dos años que ya llevaba viviendo en ella se valoraban en 24 ducados y los siete restantes a razón de 150 reales anuales. En caso de tener que ausentarse José de Ortega de Briones por razones de su oficio, podría hacerlo tras averiguar cuentas de lo que se debiere. Del mismo modo, en caso de haber hecho alguna reparación, don José Manuel de Gadea y Tamayo tendría que abonar su importe (AHPL: Pedro de Estremiana. Leg. 4064. Fols. 106-107 vº).

[6] Vid. doc. nº 2.

[7] Las fianzas eran aprobadas por don Diego Manuel de Arias Berberana, alcalde ordinario por el estado noble de Briones y su jurisdicción y alcalde perpetuo de su castillo y fortaleza.  

[8] Por ejemplo, en las cuentas tomadas el 20 de agosto de 1694 al mayordomo de ese año Matías Jimeno, se le hizo cargo de 1.800 reales que el Cabildo eclesiástico de la parroquial había prestado a la iglesia para sus fábricas, “como son el dorar el rettablo maior, hazer colacterales, losar la yglesia y otras fábricas como consta de dichas quentas del año referido”. En las cuentas tomadas el 18 de agosto de 1695 al mayordomo don Juan Antonio de Murillas se le hizo cargo de otros 8.800 reales en dos partidas iguales de 4.400 reales cada una, ya que ese dinero se lo había prestado el Cabildo a la fábrica para pagar las obras. En las cuentas tomadas el 18 de agosto de 1693 al mayordomo Melchor Bañuelos figuraba una partida de 813 reales que se debían al maestro cantero Pedro de la Puente, si bien este último dejaba ese dinero al Cabildo para que le dijeran una memoria por su alma el día de San Pedro, aparte de otros 87 reales como finiquito de lo que se debía a dicho maestro. Consta también que se habían gastado 26.300 reales en dorar el retablo mayor y otras fábricas de colaterales y enlosar la iglesia, según cuentas aprobadas por el Obispo don Pedro de Lepe en su visita de 10 de febrero de 1695 y don Alonso de Mena y Borja en la de 21 de junio de 1703.  

[9] AHPL: Roque de Gustin. Leg. 3988. Fols. 175-177 vº.  

[10] Los que se reunían para debatir este tema fueron don Juan Francisco Ventrosa, beneficiado de ración entera, el Marqués de San Nicolás y Domingo Jimeno Orive de Arciniega, alcaldes por sus respectivos estados, don Jacinto de Ontiberos y Pedroso, don Martín de Pedroso, curas y beneficiados, don Francisco Bañuelos y don Joaquín Ibarra, regidores por el estado noble, Manuel Jometón y Miguel Jimeno, regidores por el estado general, con asistencia también de don Vicente Nanclares y Bañuelos, patrón y beneficiado de ración entera.  

[11] AHPL: Diego Vergado. Leg. 4188. Fols. 76-76 vº.