El actual casco urbano de Préjano es fruto de la conjunción de dos núcleos perfectamente diferenciados, cada uno de ellos representado por su propia iglesia parroquial. Éstas se dedican respectivamente a San Esteban (también llamada de San Jorge en las fuentes documentales) y San Pedro y, como tantas otras más, atesoran un rico y variado patrimonio que, entre otras muchas cosas, sirve para aproximarse a una historia apasionante a través de personajes de ilustres apellidos que ocuparon tiempo atrás cargos muy importantes. Pero también de gentes anónimas tan voluntariosas como responsables.

En este caso quisiera referirme aquí a dos actuaciones que tuvieron lugar en la iglesia parroquial de San Esteban y que acabaron por modificar sustancialmente la planta de este templo construido en el último tercio del siglo XV, es decir, en esa fecunda época Reyes Católicos.

El detonante tiene que ver con la construcción de la Capilla del Santo Cristo que mandara construir un hijo de la localidad: el doctor don Pedro de Samaniego, Arcediano que fue de Córdoba, para lo cual, y con el fin de realizar con toda urgencia este proyecto, dejaba por vía testamentaria un capital nada desdeñable de 3.000 ducados. No obstante, todo indica que sus deseos tardarían algunos años en ser cumplidos, ya que sabemos que el 25 de marzo de 1696 el Visitador diocesano mandaba taxativamente que en el plazo de dos meses, y sin alegar ninguna excusa más sobre el particular, se procediera a acometer las obras de la capilla. Así, al día siguiente concedía la oportuna licencia y mandaba nombrar dos maestros para reconocer el sitio más adecuado para erigirla. De manera que el 12 de abril de ese mismo año se procedía formalmente a vender los derechos para edificar dicha capilla por 1.500 ducados. Con ello, y como solía ser habitual, se autorizaba a romper el muro norte de la iglesia para abrir el arco de embocadura, trasladar el retablo colateral de Santa Catalina que allí se acomodaba a un lugar seguro donde no hubiera tantas humedades, poner los escudos de armas del fundador en lugares estratégicos como distintivo de propiedad privada y disponer los consiguientes carneros o sepulturas [1].

Nada se sabe sobre quién fue el responsable de las obras, pero estoy convencido de que sería Francisco de Tejada, vecino de Ausejo, el mismo que al año siguiente se adjudicaba la construcción de la sacristía de esta misma iglesia con arreglo a sus propias trazas y condiciones.  

Hoy esta capilla que se acomoda por razones de seguridad a uno de los estribos del templo ha sufrido algunas modificaciones que no alteran para nada su esencia original. Su titular sigue siendo un Crucifijo manierista de mediados del siglo XVI, el mismo que donaría el doctor don Pedro de Samaniego (que procederá con toda seguridad de Córdoba), y formando parte de este conjunto unos escudetes con las armas del fundador: uno de ellos en la clave del arcosolio funerario y otro más de madera policromada que, entre otras cosas servían para dejar testimonio a perpetuidad de que se trataba de un recinto a todas luces privado.

Terminada esta capilla y con dinero suficiente en las arcas procedente de esta venta no habría ya ningún impedimento para acometer la obra de una nueva sacristía lo suficientemente espaciosa como para guardar con garantías los muchos objetos de culto que por entonces ya tenía la iglesia y que paralelamente fuera luminosa, cómoda, segura y sin las temidas humedades.

Lógicamente, y por simples razones de espacio, acabaría planteándose adosada al testero plano del templo. Es decir, al este, articulándola en dos tramos de claras raíces clasicistas, el primero de ellos cubierto por cúpula rebajada y el segundo por aristas. Así, tras fijar edictos en Logroño, Alfaro, Calahorra y otros lugares más convocando a los maestros interesados en adjudicarse los trabajos, el 24 de junio de 1697 se daban cita en Préjano diversos canteros que fueron pujando a la baja y recurriendo a todo tipo de estratagemas para adjudicarse el remate:  

  • Francisco de Tejada, vecino de Ausejo, ponía la obra en 8.000 reales.
  • Vicente de Aguirre, cantero vecino de Calahorra, en 7.900.
  • José Soriano, cantero vecino de Autol, en 7.800.
  • Vicente de Aguirre, en 7.700.
  • Pedro de Olaso, cantero vecino de Autol, en 7.000.
  • Fermín de Ochandiano, cantero vecino de Alcanadre, en 6.900.
  • Vicente de Aguirre, en 6.800.
  • Francisco Tejada, en 6.600.

La sesión se prolongaría aún durante algunos días más e incluso el maestro cubero Domingo de Eguía, vecino de Herce, tendría oportunidad de intervenir como hombre de paja de alguno de los interesados en hacerse con los trabajos que quería permanecer en el anonimato, si bien su puja de 5.500 reales no sería admitida tanto por ser excesivamente temeraria como porque él no era un especialista en la materia.

Finalmente, y tras varias gestiones, el 28 de julio de 1696 se adjudicaba el remate a matacandela en Francisco de Tejada en 5.000 reales más otros 100 de prometido [2]. No en vano este último era familiar y heredero directo de dos grandes arquitectos de retablos y escultores que habían hecho años antes del Camero Viejo y del Valle de Ocón fundamentalmente su principal teatro de operaciones: Sebastián del Ribero y Fernando de Ezpeleta…

En prueba de agradecimiento por haberle permitido edificar la capilla don Pedro de Samaniego regalaría a la iglesia un copón que en la actualidad se guarda en la sacristía en cuyo pie, y para recuerdo permanente, mandó grabar la siguiente leyenda: Dio este copón don Pedro Samaniego a la iglesia de el señor San Jorge de la billa de Préjano.

Con estas dos intervenciones la planta de la iglesia quedaba ya para siempre perfectamente definida. Sólo era cuestión de esperar un poco más para dotar a la torre de un cuerpo de campanas lo suficientemente airoso y atractivo de formas como para convertirse en lo sucesivo en referente necesario de las ilusiones de todo el pueblo [3]…

Escudo de armas del Doctor don Pedro de Samaniego, Arcediano que fuera en Córdoba. La banda tajada por espada aparece encuadrada por bordura en la que se lee: ESTA ESPADA QVEBRARÁ, MAS MI FE NO FALTARÁ.



[1] AHPL: Juan de Osma. Leg. 5294. Fols. 30-38 vº.

[2] AHPL: Juan de Osma. Leg. 5294. Fols. 73-78 vº.

[3] RAMÍREZ MARTÍNEZ, J. M., La torre de la iglesia de San Esteban de Préjano. josemanuelramirezmartinez.es, 1 de enero de 2014.